

La cotidiana hipocresía y el falso discurso sobre los derechos de las mujeres en Morelos.
“¡Cuán diversamente han sido juzgadas hasta ahora las mujeres, esas criaturas tan extrañas y tan misteriosas, tan débiles, y sin embargo, tan poderosas, tan brillantes y delicadas, tan radiantes de adornos, de gracia, de alegría y con todo tan desventuradas!”, escribieron ‒1853‒ M.M. Beschereller y L.J. Larcher, en cuya obra la mujer es “juzgada por los grandes escritores de ambos sexos […] ante Dios, ante la naturaleza, ante la ley y ante la sociedad”.
Ella es bibliotecaria desde hace 25 años. Violando el marco legal, una directora de área ha pretendido obligarla a asistir a actos de su partido y asignarle tareas ajenas a su área. Ante su negativa, la represión: fue acusada de errores y faltas administrativos de los cuales no es responsable y, sin mediar procedimiento alguno, fue informada verbalmente de haber sido puesta a disposición para su reasignación a otra área. La violencia de mujer a mujer.
“Un ángel luz de la aurora / puso en el regazo tierno / de la virgen seductora; / y la majestad traidora / sombra puso del infierno. / Azucena blanca, ilesa, / otro ángel al seno echó; / y el demonio con presteza, / para manchar su pureza, / iracundo la escupió”, describió ‒1870‒ sobre el origen divino de la mujer el poeta y periodista guanajuatense Antonio Plaza Llamas, “porque [a los ángeles] les dio la misión / Dios, de hacer un corazón / al ángel del paraíso”.
Ella es madre y empresaria, ha sido servidora pública y académica. Tras colaborar en diversas instituciones, los cambios sexenales la regresaron al ejercicio independiente de su profesión. Su demostrada inteligencia y su mayor experiencia, en un ámbito de voraz preeminencia masculina, aunado ello tanto a la envidia, al egoísmo y a la falta de solidaridad femeninas, la hicieron inevitable víctima de acoso laboral y sexual. La violencia de mujeres y de hombres.
“Proteger a […] las mujeres que sean víctimas de la seducción masculina, por medio de leyes que les reconozcan amplios derechos”, así como “favorecer la emancipación de la mujer por medio de una juiciosa ley […] que cimente la unión conyugal sobre la mutua estimación o el amor, y no sobre las mezquindades del prejuicio social”, estableció el Programa de Reformas Político Sociales de la Soberana Convención Revolucionaria ‒18 de abril de 1916‒.

En la construcción de un mundo de equidad, hemos llegado a una realidad de estulticia. Si en las peroraciones, oficiales y no oficiales, desde gubernamentales tribunas o en mítines callejeros, los derechos de la mujer son conquista libertaria, para la gran mayoría de ellas son inexistentes. Las mujeres son víctimas permanentes de un demencial mundo que se impone desde el poder de hombres y mujeres. La realidad es falso discurso y cotidiana hipocresía.
Antonio Plaza: ¡Maldito poeta tan popular! Ensayo para un prólogo a su libro de poesías; Juan Diego Razo Oliva; primera edición; Premià; México; 1992; 440 pp.
La mujer juzgada por los grandes escritores de ambos sexos, la mujer ante Dios, ante la naturaleza, ante la ley y ante la sociedad; M.M. Beschereller y L.J. Larcher; primera edición; Navarro y Cagigas, Impresores y Editores; México; 1853; 88 pp.
Los derechos de los pueblos. Antonio Díaz Soto y Gama; prólogo y selección de textos de Jesús Zavaleta Castro; primera edición; Universidad Autónoma del Estado de Morelos; Cuernavaca; 2015; 94 pp.

Imagen: Mujeres indígenas de Tetelcingo (fragmento);
Cuautla, Morelos / ca. 1930 / Archivo Jesús Zavaleta Castro.

