JIUTEPEC EN TRES TIEMPOS

(TERCER TIEMPO)

 

Por: Isaías Alanís

 

Y como no metí gol, sufrí una zancadilla, de nada valieron las mentadas del respetable al árbitro al marcar tiro libre en falta clarísima dentro del área. Volví al “edén subvertido”, -Ramón López Velarde dixit- con rodilla izquierda golpeada a presenciar otra tarde y todas las tardes colgadas del cielo del Ajusco Chichinautzin desde la torre de mi casa.

Al iniciar la caminata, me detuve en la plaza, contemplé el panorama: árboles hirsutos, mugre en bancas, el quiosco despintado, y el recubrimiento interior de la cúpula -imagino es madera- rota, despintadas, hecho una piltrafa, esa visión me animó a escribir otra Mirada.

Mediante un pase a gol perfecto, regresé al primer tiempo. El jardín Centenario, igual que como lo dejó Manolo, palacio municipal en las mismas condiciones; decenas de años de abandono. Conducía el timón del ayuntamiento en ese entonces, Rafa Reyes, el de la triple erre en su camiseta hoy al frente del Congreso de Morelos. ¿Qué pasó? Silencio sobre lo expuesto en la Mirada.

Días más tarde por azar estuve presente cuando Diego Prieto Hernández, Director del INAH, la Secretaria de Cultura Alejandra Frausto Guerrero, (a quien conocía hacía varios años), entregaron al ex convento un santo robado. Ahí, Alejandra y Prieto se comprometieron a terminar el edificio antes de que saliera AMLO de la presidencia.

Se vino el tiempo de elecciones, no triunfó el candidato de la sucesión. Jiutepec es una de las ciudades (o lo fue) estratégicas del voto. Morena pierde el municipio. Hacer una investigación sobre el triunfo aliancista, es para analistas políticos.

Al finalizar el segundo tiempo, pasamos al tercero a comentar errores, aciertos del encuentro, chelear con esposas, novias, cuates y porra.

La coalición rosa integrada por el eclipsado sol Azteca, un PAN sin levadura, junto al reseco PRI y partidos bisagra merodeando para ver que piscan, perdieron la presidencia, gubernaturas, senadurías y diputaciones. En Morelos, al final del sexenio del Cuauc, pelotero inútil, que se auto sacó tarjeta roja dejando la cancha a hermanos, subalternos, masajistas y la porra oficial cubiertos por un manto de corrupción y berrinches desde la banca del Pitágoras de Tepito. En ese escenario adverso, Morena, ganó la gubernatura con una Güera, Margarita Gonzales Saravia; en Jiutepec, triunfó Eder Rodríguez Casillas con la coalición -que significó -la caída de una dinastía familiar.

Tiempo después de transcurrida la elección, partí a Puebla de los Ángeles por dos días. Antes de montar mi auto, salí a pie a comprar medicamentos. Caminé desde mi casa por Benito Juárez, y fue casi imposible; tenderetes de frutas y legumbres invaden la acera, parada de autobuses frente al TresB, rutas que embisten a peatones, cláxones de altísimos decibeles; gente que esquiva motos y autos antes de abordar el autobús. Una tienda de ropa femenina cuelga bragas que me cubren los ojos y me agacho para no ser pinchado por los muslos de una punta filosa que asoma entre ingle y muslo del gancho.

En Ampudia y Juárez; bolsas de basura que los locatarios del mercado y vecinos amontonan; calabacitas, ejotes, jitomates podridos, etc. ¿Cuándo señoras y señores comerciantes van a tener un mercado digno de tres pisos? Prosigo por Ampudia del Valle y lo mismo; de una maceta cuelgan restos de hojas de col, lechugas en estado de descomposición, etc. Esa calle como las cientos que existen en México, se podría utilizar para funciones culturales diversas.

Al cruzar el arroyo para entrar al jardín Centenario, viro los ojos a la izquierda y veo el Palacio Municipal, descolorido, feo, neta. Casi cierro los ojos para no ver nada, cruzo el jardín astroso, y arribo a mi destino, adquiero los medicamentos y regreso por el mismo lugar a mi casa, al otro día saldría temprano para Puebla.

Regresé dos días después a caminar al zócalo, atrio de la iglesia, me fascinan los árboles llenos de historia, es una rutina que hago a diario. Le hice el comentario a gente de la iglesia que donaría un ahuehuete adulto para el espacio atrial.

Inicio el mismo recorrido de días anteriores, esquivando taxis, cajas con fruta dañada, guacales plásticos, ceñidores de lujo, bragas rojas, moradas, azules con holanes y flecos de plástico; jitomates, cebollas, guajes.

Al desembocar en la plaza, viro la mirada y un montón de gente la anda acicalando, pero mi estupor fue cuando vi el palacio municipal recién pintado, remozado el quiosco, el chinelo chaparro barnizado. En dos días de inmediato noté un cambio. ¿Cuál es la razón del abandono en que estuvo por muchos años el Centro Histórico de Jiutepec y en tan corto tiempo se notan avances significativos?

Proseguí a paso veloz y entré al exconvento, mi sorpresa fue mayúscula, siembran césped, flores, pintan la barda, ponen setos, previo a la reinauguración de la iglesia que serías en tres días. Le preguntó a un jardinero; “¿Este trabajo lo hace el gobierno federal como el de la restauración? “No señor, trabajamos en el ayuntamiento, nos mandó Eder”. Me despido y camino hasta donde terminan los baños que se deben demoler y construir otros acordes con la arquitectura del convento; al asomarme por una puertita de lámina, veo la parte trasera de la iglesia, de inmediato pensé aquí podría haber eventos culturales para niñas, niños y aprovechar ese rincón del edificio.

Caminé por espacio de treinta minutos de sorpresa en sorpresa. El cambio exprés se debe a la nueva administración municipal. Que este viraje sirva para desechar rencillas viejas y nuevas, transformar juntos la imagen de Jiutepec y brincarle a infraestructura, contaminación, violencia y todo lo acumulado en años de abandono ¿Qué falta, que programas, proyectos vienen? En una democracia se gana o se pierde. La nueva administración y los votantes -que así lo decidieron- tienen la palabra. Sonó el silbato finalizando los tres tiempos que espero sean para bien de Jiutepec y la nueva administración trabaje en coordinación con gobierno federal, estatal y comunidad. ¡Enhorabuena!

 

DE REOJO

En Morena, ¿dinastía familiar o nepotismo cómplice?

El exconvento de Santiago Apóstol en Jiutepec. Fotos: Cortesía

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La Jornada Morelos