El punto de partida del pensamiento ecológico de Leonardo Boff es que la tierra está enferma, a lo que el teólogo brasileño se pregunta ¿qué hacer?, sobre todo si consideramos que cada uno de nosotros somos parte del problema, es decir, de la enfermedad que agobia al orbe.

En este sentido, Leonardo Boff ha señalado con insistencia que nuestro pensamiento, como motor de la transformación del mundo, debe fundarse sobre el sufrimiento de los seres vivos. Sobre esto abunda en su libro La dignidad de la tierra. En este contexto, Boff establece como punto de partida dos argumentos básicos: 1) Los pobres están bajo amenaza y 2) Las especies de la vida están igualmente amenazadas. Bajo esta lógica es evidente que nuestro modelo académico es una maquinaría incapaz de revertir está amenaza, por el contrario, la profundiza, haciendo la brecha entre pobres y ricos es más grande y el número de especies disminuye aceleradamente.

Lo que ya señala una toma de distancia respecto de los paradigmas epistemológicos tradicionales, mostrando una asociación clara con la teología cristiana. Esto se comprende mejor si consideramos que la idea de progreso, postulada por la Modernidad, se mueve, a decir de Boff, entre dos infinitos: el infinito de recursos naturales y el infinito de futuro. Pareciera que los avances en materia de formalización de la ciencia moderna sirvieron para darle la espalda a nuestra realidad más básica: la escasez y el límite.

De tal modo, el perfil del individuo maximizador presentado por diversas escuelas de pensamiento nos llevará al abismo y a la catástrofe global. Así como lo afirmó Martín Heidegger, vivimos en la época de la imagen del mundo, es decir, un periodo histórico donde una imagen del mundo, flanqueado por la infinitud formal de la representación matemática, nos ha llevado a vivir la intensidad de una pesadilla donde la desertificación, la deforestación, la superpoblación son la regla; mientras el pensamiento de altos vuelos, dando la espalda a estos problemas se entrega a la formalidad y la erudición sin sentido.

Una vez más, la estrategia moderna de la individualización manifiesta sus terribles consecuencias, pues desde la esfera económica nos reduce a la figura del trabajador; desde la esfera jurídica a un sujeto de derechos; desde la esfera psicológica al yo; y desde la esfera filosófica a una subjetividad formal. Para Leonardo Boff, este conjunto de actos reductivos son producto de una concepción errónea de nuestro ser en el mundo.

En El sermón de la montaña del Corcovado, Boff plantea un mensaje en el cual la humanidad asume la crisis que su propio actuar ha provocado, “…¡Ay de vosotros, dueños del poder, que hace más de quinientos años chupáis la sangre de los trabajadores! Vosotros los redujisteis a combustible barato para que vuestras máquinas fabricasen ininterrumpidamente riqueza injusta.»

Por si fuera poco, Boff indica que su escritura ha estado matizada por la esperanza, un elemento que nos permite establecer un punto de convergencia con la filosofía de Ernst Bloch y su Principio esperanza, en este punto, nuestro autor, muestra su relación con la tradición de pensamiento latinoamericano y con el movimiento de la teología de la liberación, bajo la consigna de que Otro mundo es posible. Pensemos también en lo establecido por Tomás Moro, Vasco de Quiroga, Bartolomé de las Casas, Francisco de Vitoria, pues la fuerza de lo utópico y su capacidad de irrupción desde la interioridad de un orden, han sido algunos de los recursos más utilizados en los últimos quinientos años por las minorías que actúan desde la periferia.

Bajo esta perspectiva, en la propuesta de Boff convergen el clamor de la tierra y el clamor de los pobres. La lógica que explota a las clases sociales, sometiendo a los pueblos a los intereses de unos cuantos países ricos, es la misma que depreda a la tierra. De tal modo, la lectura de Boff nos brinda herramientas para realizar una crítica del paradigma de civilización, insistiendo en la fuerza de lo utópico y en la plasticidad de un mundo que se transforma, que debe transformarse y que va a transformarse a través de la fuerza irruptiva del sueño que sueñan despiertos aquellos que más sufren.

  1. Nahuatlato, Profesor de Tiempo Completo en el Colegio de Morelos.

José Manuel