

Los derechos humanos y los derechos fundamentales en operación. ¿Solamente los humanos somos sujetos de derechos?
Existe una creencia muy arraigada en las sociedades del mal llamado hemisferio occidental. Formadas, instruidas y educadas bajo el influjo determinante de la tradición judeo cristiana. Dicha creencia establece que la especie humana es dueña y señora de aquello que llamamos natura, o en tiempos más recientes, le decimos, no sin cierta torpeza ontológica, medio ambiente.
En tres versículo del Génesis, primer libro del Antiguo Testamento podemos leer lo siguiente: “(26) Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra. (27) Y crió Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió. (28) Y los bendijo Dios; y les dijo Dios: Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.¨ De tal modo que desde hace poco más de tres milenios nuestra especie tiene bendición divina para: sojuzgar, dominar y matar a las criaturas del cielo, el agua y la tierra.
Harold Bloom en su libro Canon occidental llamó a Michel de Montaigne: “el más clásico de los modernos y el más moderno de los clásicos.” Este humanista radical y proto anarquista escéptico fue un hijo del Renacimiento francés. Se le atribuye fundar el género literario que hoy conocemos como ensayo. Sabemos que tuvo entre sus precursores a San Agustín, que en sus Confesiones ya había declarado trece siglos antes: “No tengo otro propósito que el de pintarme a mí mismo.”
Al tenerse a sí mismo como objeto de estudio y mostrarse sin máscaras o artificios, ejercitando el omnibus dubitandum (dudar de todo) propio de su convicción escéptica. Quería mostrar su yo más esencial, mientras criticaba implacable el poder, las guerras religiosas y la cultura de la violencia entre los humanos de diferentes creencias, pero también con otras especies. Montaigne era católico, pero algunos de sus hermanos y otros familiares eran protestantes por lo que su papel de mediador y conciliador fijó su postura moral ante la familia, pero también ante la serie de ocho cruentas guerras religiosas que vivió durante su tiempo. A tal grado que fue reconocido y respetado por el rey católico Enrique III. Y tiempo después también por el protestante Enrique de Borbón, llamado Enrique IV de Francia, como producto de las guerras religiosas con el reino de Navarra.
Montaigne muestra su aversión por la violencia entre católicos y protestantes o entre güelfos y gibelinos. En su análisis no reduce la complejidad del conflicto violento a una oposición binaria para elegir si debe adherirse en algunos de los bandos irreconciliables. Criticó horrorizado el colonialismo en el Nuevo Mundo recién descubierto que se traducía en la tortura y violencia extrema que los seres humanos practican entre sí, así como también con otras especies. Reflexiona sobre la relación entre humanos y animales, en lo que tenemos de semejantes como seres que experimentan emociones. Se erige como un crítico de la visión antropocéntrica, heredada en buena medida del fragmento del Génesis con el que empezamos esta nota. Reconoce la necesidad de explorar y entender la sensibilidad hacia los animales.

Otros después de Montaigne comparten su interés en el tema. John Ray publica en 1675 su libro The Wisdom of God Manifested in the Works of Creation. Allí propone los primeros estudios sobre conservación de las especies y promueve la idea de que la naturaleza tiene un equilibrio que debe ser respetado. En 1693 John Locke en: Some Thoughts Concerning Education, sostiene que la crueldad con los animales es una variante de la violencia contra los propios humanos, por lo que la compasión hacia los animales es una reivindicación en la compasión por los humanos. En 1720 Alexander Pope en su poemario Windsor-Forest, exalta la armonía natural entre las especies y critica la destrucción de los bosques. En 1776 Humphry Primatt en su obra A Dissertation on the Duty of Mercy, argumenta que el sufrimiento animal es moralmente relevante por lo que la compasión hacia los animales es un deber moral para el cristiano. Jeremy Bentham en Introduction to the Principles of Morals and Legislation, 1789, introduce la idea de que el sufrimiento es la clave para cimentar una ética hacia el animal. Bentham se plantea la acuciosa interrogante: “La cuestión no es si: ¿pueden razonar?, tampoco si: ¿pueden hablar?, Lo que hay que preguntarse es si: ¿pueden sufrir?”.
En esta tradición del humanismo hoy celebramos la aparición del libro: Los derechos fundamentales en operación, del Dr. Ricardo Tapia Vega, destacado humanista morelense, quien ha logrado integrar una síntesis doctrinaria, mediante una copiosa documentación y agudo análisis, tanto de los tratados del derecho internacional, como del jus cogens en el derecho constitucional mexicano. Vértice de convergencia de los derechos fundamentales, incluidos los de los animales. Una lectura indispensable para nutrir el humanismo mexicano.

