Es un hecho natural que una sociedad que vive en un clima de inseguridad pierda la confianza en sus autoridades que, en los hechos, son incapaces de proteger a los individuos, sus familias y su patrimonio, y no solo eso, la confianza se fractura definitivamente cuando algunos elementos de esas autoridades se coluden con la propia delincuencia en contra de la ciudadanía o, sin necesidad de alianzas criminales, son ellas las que se apoderan del patrimonio de todos.

Un clima de ese tipo vivimos en Morelos no hace mucho, cuando en la administración pública, las irregularidades -por usar un eufemismo- eran el pan de todos los días mientras que el ciudadano de pie era rehén por igual de grupos criminales como de ladrones de oportunidad.

Como se puede leer en la nota que presentamos un poco más adelante, se ha logrado detener, y hasta disminuir, la tendencia al alza de los homicidios dolosos, logro no menor si se recuerda que el 2024 fue el año más violento para Morelos desde que se lleva la cuenta. Esta disminución se refiere específicamente al primer trimestre de la administración de la gobernadora González Saravia y a ella habrá que agradecerle, junto a su equipo.

También disminuyeron algunos tipos de robo -a domicilio y a negocio, por ejemplo- y otros, como el robo de vehículos, principalmente motocicletas, aumentaron sensiblemente.

Un hecho que se esconde entre las cifras y que es de la mayor importancia es que aumentaron las denuncias de extorsión y en contra de funcionarios públicos.

Lo más probable no es que haya más casos, sino que la gente está recobrando la confianza como para interponer una denuncia. Hay que recordar que la “cifra negra” de la impunidad que el INEGI calculaba en Morelos señalaba que más del 92% de los delitos que ocurrían no se denunciaban principalmente por falta de confianza en las autoridades.

La corrupción y la inseguridad van de la mano en Morelos y en cualquier lugar. Una buena forma de combatir a la segunda es atacar a la primera y se deben identificar los puntos en los que se intersectan ambas. El aumento en el robo de vehículos, por ejemplo, apunta tanto a la intención de usarlos en algún ilícito como a la facilidad de disponer de ellos en el mercado negro y en ambos escenarios podrían estar involucrados algunas autoridades.

Es muy temprano en esta administración como para señalar tendencias definitivas, tanto para echar al vuelo las campanas como para sentirse decepcionados. Sin embargo, el voto de confianza de la ciudadanía se puede ver en el número de denuncias y la forma en que se atiendan, y los resultados que se obtengan, sí impactará en el ánimo popular.

Indudablemente, las seguridad será uno de los elementos en los que se mida el éxito de la presente administración y, por lo pronto, la gente está haciendo su parte.

La Jornada Morelos