En su número 6394 del pasado viernes, el Periódico Oficial Tierra y Libertad publicó el Decreto por el que se crea el Consejo de Memoria Histórica y Cultural del Estado de Morelos, que fue anunciado y firmado ese mismo día por la gobernadora, Margarita González Saravia, con el reconocimiento de la obligación del Estado para garantizar el acceso de la gente a sus derechos culturales que incluyen, por supuesto, su propio reconocimiento en la historia y cada uno de los elementos que forman la identidad de Morelos.

La ordenanza publicada no solo es relevante porque con ese acto se vuelve obligatoria, sino porque en sí mismo es un manifiesto que reconoce al estado como parte del enorme acervo histórico y cultural que da identidad a México; una colección de elementos y hechos que se remonta a la época prehispánica pasa por la conquista y el virreinato, destaca en la Independencia, la Reforma y la Revolución, y forma un continuo hasta nuestros días.

El catálogo de lugares y personajes históricos cuya oriundez o paso por esta tierra los inscribió en las páginas de la memoria colectiva es tan amplio y variado que difícil resultaría no enorgullecerse de lo morelense como un mosaico condensador de la historia patria, esa de la que está hecho México. La comprensión de esa multidimensionalidad de la cultura presente y pasada de Morelos es vital para entender al estado, para construir, deconstruir y reconstruir una identidad tan compleja como la de los morelenses.

Ahí es donde radica la enorme responsabilidad de quienes desde este viernes forman el Consejo: la propia gobernadora; los secretarios de Gobierno, Educación y Cultura, Juan Salgado Brito, Karla Aline Herrera Alonso y Montserrat Orellana Colmenares, respectivamente; el consejero Jurídico, Édgar Antonio Maldonado; los titulares de los institutos Estatal de Documentación, Julián Vences Camacho, Nacional de Estudios Históricos sobre la Revolución Mexicana, Felipe Arturo Ávila Espinosa, y de Investigaciones Legislativas del Congreso de Morelos, Carmelo Enríquez Rosado; la rectora de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Viridiana León Hernández; la directora del Instituto de Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas, Adelaida Marcelino Mateos; y el rector del Colegio de Morelos, Carlos Barreto Zamudio; una oncena a la que nadie podría regatearle amor por Morelos, su cultura y su historia.

Según el decreto de creación, en ellas y ellos, recae la responsabilidad de organizar, coordinar, conservar y preservar la memoria histórica de los hechos, procesos y personajes históricos de la entidad; la investigación para la restauración, difusión y protección de la memoria histórica sobre los bienes, materiales e inmateriales que se consideran valiosos para la identidad del estado y la difusión de la memoria histórica mediante la organización de foros, conferencias, documentales, exposiciones y cualquier forma que permita hacerla del conocimiento de la población; y la protección del archivo histórico, de la memoria sonora, digital y editorial, resguardada por entes del estado, públicos y privados. Una tarea que va mucho más allá de la archivonomía y requiere de un profundo amor y pasión por todas las expresiones, pasadas y actuales, pero también futuras de Morelos.

En un estado que se había convertido en panteón también de las buenas intenciones, la suma de éstas con la inteligencia, el talento y la pasión de quienes forman el Consejo, pero también el andamiaje legal con que desde este viernes cuentan, son ingredientes para la confianza que empezamos a tener en que el rescate de la memoria histórica y cultural de Morelos va en serio. Por supuesto que, más allá de la confianza y el talento, en este capítulo también deberán hablar por sí mismos los resultados.

La Jornada Morelos