Gabriela Videla*

Luis Orlando Amaro Toledo, chileno, ha vivido 50 de sus 81 años en México, cumpliendo su sueño de ser librero, en el concepto de no sólo vender libros, sino también leerlos, conocerlos, compartirlos, difundirlos, amarlos como lo ha hecho desde su época de estudiante.

En su natal Santiago quiso ser arquitecto, pero el rápido crecimiento de esa ciudad hacia las orillas, como una capital que quería ser cosmopolita, dejó a la Escuela de Arquitectura fuera de sus alcances, tanto por la desmesurada distancia, como por los altos costos de materiales de la carrera para un estudiante con recursos económicos limitados.

Estudió Historia en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y luego Periodismo, aunque no se tituló por no aprobar la materia de inglés. Allí tuvo como profesor al poeta Pablo Neruda, a quien recuerda como gran conversador que hizo de su cátedra tiempo de contar interesantes relatos de sus experiencias, no sólo como poeta, sino también como político y viajero. Con su habitual gozo de vivir y amor a los jóvenes, invitó a sus alumnos a un asado tradicional en su casa en Isla Negra, frente al mar, en la costa central chilena para el fin del año escolar.

Un hombre con lentes hablando por teléfono

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Luis Orlando Amaro Toledo

Pasión por los libros

En su etapa de estudiante universitario Luis trabajaba en las noches, tiempo precioso para la lectura de libros clásicos y de actualidad, actividad que nunca ha dejado, transformándose en su placer y profesión, base de su éxito como librero, conocedor de libros y editoriales. Durante su actividad profesional en la venta de libros ha recomendado y orientado con seriedad y dedicación a las y los compradores que se han acercado a sus librerías a través de los años.

De Chile a México

A sus 30 años, una bella y trágica historia de amistad con el próspero empresario mexicano Eduardo Bustamante, lo llevó a empezar una exitosa carrera como librero en México que ya completó 50 años, cuando la edad y la salud precaria lo llaman al descanso.

Los jóvenes Luis Orlando y Eduardo, mexicano, se encontraron en el viaje de bodas que ambos realizaban junto a sus esposas. Simpatizaron y siguieron juntos ese viaje por Brasil y otros lugares del continente: se hicieron amigos para toda la vida, invitándose a visitar sus países y a hacerse compadres.

“Hicimos un pacto de amigos, la pareja que tuviera primero a su hijo o hija recibiría la visita de la otra pareja, que resultó ser la mía”, recuerda Luis.

Así Eduardo y Lourdes llegaron a Chile, a celebrar al nacimiento de María Paz, la primera hija de la pareja amiga.

“Fue en el peor momento de Chile”, rememora Luis Orlando, “pues el poder del norte no quería la revolución chilena. Amargo tiempo, ya que vivíamos entre bombas y tomas de calles”.

Las difíciles y caóticas circunstancias políticas que se vivían llevarían a Chile al asesinato de su presidente Salvador Allende y al inicio de la cruenta dictadura del General Augusto Pinochet que duró 17 años.

“La reacción de mi amigo fue tajante: ‘Mi ahijada no puede vivir en un país tan convulso, los invito a vivir en México. El presidente Echeverria podrá darles el trabajo que quieran. Viajaríamos a México a quedarnos en un país con grandes expectativas de desarrollo y con buenas posibilidades de trabajo. Pensé en mi sueño dorado: tener una librería”, recuerda con emoción.

Foto en blanco y negro de un grupo de personas posando por un foto

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Llegada a México en 1973

Antes de la llegada de la familia chilena, los anfitriones Eduardo y Lourdes realizaron un viaje en avión, el cual tuvo un grave accidente donde ellos murieron. Grave crisis existencial para Luis y su esposa.

“¿Qué hacer cuando ya no teníamos nada en Chile, pues dejábamos el país? Alberto Bustamante, hermano de mi amigo y compadre del presidente Luis Echeverría nos escribió e insistió en que debíamos viajar, prometiéndonos su ayuda. Diez días más tarde, viajamos. La visión de un México hermoso, lleno de alegría, las atenciones y generosidad de toda la familia de nuestros amigos, además de las perspectivas económicas que ofrecía el nuevo país, nos llevaron a tomar la decisión de quedarnos. Nos sentimos apoyados para dar este paso”.

“¿Qué quieres hacer para establecerte?, me preguntó Alberto. Lo que he querido hacer siempre, le contesté: abrir una librería”.

“Aquí la gente no lee, pero yo te ayudo”, me dijo él.

Y muchos mexicanos compraron libros

“Empecé a moverme con las editoriales y todas me ofrecían sus libros. El 28 de agosto de 1974 abrí la primera librería con seis mil libros, en Insurgentes y Copilco, cerca de la UNAM, bajo el nombre de El Relox, con un nutrido número de títulos para un público inicial de profesores y jóvenes estudiantes. El local era amplio, acogedor, bien surtido, con personal capacitado, formado por universitarios, principalmente de Filosofía y Letras. Duró 11 años. Siguió la apertura de otras librerías en la Ciudad de México: en Plaza Inn Insurgentes, en Plaza Lomas Bosques. En Polanco abrió como Opus Libros. En Plaza Pabellón y Perisur abrieron con el nombre de Super Libros. Todas fueron exitosas, gracias a mi conocimiento del mundo editorial y a mi experiencia de lector”.

Una persona con un libro en una biblioteca

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Luis Orlando Amaro Toledo en librería Super Libros en Cuernavaca

Recordó que con el presidente de la Madrid hubo esfuerzos para lograr que los precios de los libros fueran los mismos en todas las librerías, pacto que no fructificó, salvo en libros nuevos, por la oposición de la Librería Gandhi, que tenía acceso a compras de libros a menores precios en el extranjero.

Hace 14 años, sus problemas de salud lo llevaron a buscar el clima benigno de Cuernavaca. Hace 10 años abrió una librería con el nombre de Super Libros. Actualmente se encuentra en la Sección Casablanca de Plaza Cuernavaca y vecina a la tienda Telcel, con estacionamiento, en horario de lunes a domingo (Teléfono 777- 310-1084).

Luis Orlando Amaro, este librero de vocación y profesión, resume su experiencia:

“He vivido 50 años de éxito como librero, dando todo mi tiempo y conocimiento al máximo, sacrificando muchas veces mi tiempo para hacer amigos. Doy gracias al público lector mexicano que existe y disfruta la lectura de libros de grandes escritores y de materias diversas. Ahora me siento derrotado por la edad y las enfermedades”.

Cara de un hombre con la boca abierta

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Luis Orlando Amaro Toledo

*Periodista y escritora chilena, de larga residencia en Cuernavaca, Morelos, donde ha trabajado intensamente en diversas organizaciones civiles.

Todas la fotografías son cortesía de la autora

La Jornada Morelos