RESCATEMOS LO ESENCIAL

 

Parece muy difícil que podamos salir del torbellino mundial en el que estamos metidos, en el que todo se convierte en espectáculo de luz y sonido (ruido) trátese de deportes o de genocidios, en el que se nos inyecta la compulsión de compra de lo que sea, sirva o no sirva, en el que buscamos la satisfacción inmediata, en el que todo es prisa y urgencia de hacer cosas y de ir y venir, en el que, en resumen, avanza cotidianamente la cuenta regresiva de nuestro estar en este planeta, sin tener tiempo de saber realmente quiénes somos y cuál es el sentido profundo del vivir.

Las ahora llamadas “fiestas de fin de año”, que años atrás eran referidas simplemente como las fechas navideñas, son un buen ejemplo, el mejor que podemos encontrar, sobre cómo lo que debería ser una ocasión para la reflexión y la introspección personal, se ha convertido ahora en oportunidad de consumo masivo, de jolgorio, de comer y beber, y con frecuencia, de desperdiciar comida, a pesar del recalentado.

Con el riesgo de que suene atrevido, irrelevante y fuera de lugar quiero en esta ocasión de hablar de temas tan poco comunes, esotéricos dirían algunos, como el de la finitud, el instinto de supervivencia, la espiritualidad, la religiosidad y la trascendencia, todos ellos caracterizables en sí mismos, pero también relacionados entre sí como rizomas.

FINITUD

Es un concepto que se aplica a todo lo existente, incluida desde luego la vida humana como la conocemos. Es la condición de saber que, por más que no queramos y no vivamos pensándolo, nuestra vida biológica puede terminar en cualquier momento, por enfermedad o por accidente. Es tener conciencia de que somos seres destinados a morir.

INSTINTO DE SUPERVIVENCIA

Es una condición psico/biológica que activa comportamientos automáticos frente a la percepción de situaciones que se perciben como de riesgo y peligro de daño a nuestra integridad física, incluida la pérdida de la vida. Es también el impulso a la reproducción para mantener la especie. La condición de posibilidad de este comportamiento es sin duda un instinto innato conocido como “complejo reptiliano” y un nivel de conciencia de la finitud de nuestra naturaleza de seres vivos, que nos hace ver que podemos dejar de existir en cualquier momento.

ESPIRITUALIDAD

Es una condición inmaterial en el interior de los seres humanos, ordinariamente vinculada a cuestiones religiosas, que produce estados de ánimo y sensaciones de paz interior y que nos impulsa a buscar la armonía con la idea de un algo superior, y con los seres que nos rodean.

RELIGIOSIDAD

Es la condición anímica y de conducta personal resultante de vincularse con una institución religiosa organizada alrededor de un conjunto de creencias, rituales y normas que rigen la vida de las personas que las suscriben. Los temas de la divinidad y de la trascendencia más allá de la muerte son esenciales a la condición de religiosidad.

Para conocer la diferencia entre ser religioso y ser espiritual sugiero la lectura de La Religiosidad y la Espiritualidad ¿Son conceptos teóricos independientes?, escrito por Leónides del C. Fuentes, para la Revista de Psicología. Año 2018. Vol. 14, Nº 28, pp. 109-119 de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía, Pontificia Universidad Católica Argentina.

https://repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/8870/1/religiosidad-espiritualidad-conceptos.pdf

TRASCENDENCIA

La trascendencia dese la óptica espiritual es creer en la existencia de una realidad que está más allá del espacio temporal en que nos movemos, y hacia la cual podemos transitar después de la muerte. Esta idea suele ser fuente importante de nuestros valores y conductas personales.

Estos cinco conceptos, traducidos a experiencias existenciales, han estado presentes, en alguna forma o expresión, a lo largo de la historia de la humanidad. Están referidos a condiciones estrictamente personales, con frecuencia compartidas de manera grupal. Sin embargo, se aprecia que, al menos en Occidente, el movimiento de secularización surgido de la modernidad, hija primogénita de la racionalidad, alimentó el agnosticismo, el ateísmo, y el desinterés por todo aquello que no es material, ni experimentable por los sentidos.

En efecto, vivimos tiempos convulsos, en los que muchos referentes que solían guiar la vida de los humanos se han perdido o están difusos; sin embargo, nuevos mecanismos de “control social” están ya aflorando gracias al avance tecnológico, como la llamada “inteligencia artificial” que, sin duda, de no cambiar la tendencia, nos someterán a la masificación de ideas y de conductas que desactivarán de alguna manera los cinco conceptos de los que hemos hablado. El movimiento llamado “transhumanismo” empezó ya a hacer su parte en este sentido.

Ojalá que al menos en algún momento de estas fechas navideñas le demos alguna reflexión a estos piensos, para, más allá de si tenemos vínculos con lo religioso institucional, consideremos la importancia de salvar los valores que son condición de sobrevivencia de la especie humana, como la solidaridad, la compasión, la empatía, y el respeto a nosotros mismos y a los demás.

*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

Vicente Arredondo Ramírez