

Lo bueno de las fiestas decembrinas es la llega de la navidad y, tras de ella, viene acompañada de reuniones familiares, de rencuentros con los amigos con una chispa de amistad y amor; el año nuevo viene cargado de buenos deseos, renovadas esperanzas y proyectos vestidos de sueños. Son tiempos de pausar los malos augurios, los fracasos, la inconformidad con los malos gobiernos y los enfados con uno mismo o con los demás.
Tenía la intención de hablar de política, pero es momento de pausar el análisis crítico, es mejor hablar de la buena literatura que nos enseña las pasiones humanas y engrandece el espíritu humano. A propósito de los 100 años en que Thomas Mann escribiera el libro “La montaña mágica” en noviembre de 1924.
Sí en nuestro tiempo hay crisis en los gobiernos, en la política con disputas ideológicas, en la economía con nerviosismos financieros; crisis educativas, de salud, de miedo a enfermar por nuevas pandemias, crisis de estrés o ansiedad, miedo a perder el trabajo por los avances tecnológicos, angustia a que se desate la tercera guerra mundial, pérdida del sentido de la vida, soledad o vacío existencial.
Pues bien, situaciones muy similares a las que refiero en el párrafo anterior, las describía magistralmente Thomas Mann en su obra La montaña mágica, pareciera que el tiempo se ha detenido, similares angustias, preocupaciones o temores de aquellos hombres y mujeres que vivieron hace 100 años, dan la impresión de que no hemos cambiado nada. Al leerla se queda uno con la sensación de que el escritor está abordando los problemas de nuestro tiempo.
Mi invitación a la lectura del este extraordinario libro es para renovar nuestras esperanzas y salir de nuestro inmediatismo y soñar con un mundo mejor.

