

Estaba leyendo una semblanza que de Valentín López González, mi gran amigo, escribió Felipe Galván, que fue como mi hermano y que subió a redes sociales Julián Vences quien ahora dirige el Centro de Documentación de Morelos ( no se si ese sea el título de la dependencia, pero ni modo, se entiende).
A Valentín López González lo quise como amigo fraternal y con gran cercanía, pero admiré más su tesón para salvaguardar, reunir, rescatar y relatar la historia de nuestro estado, y dejó en este Instituto de Documentación un gran, importante e insustituible, legado.
A partir de que dejó de serlo, esta institución languideció en la mediocridad, la pobreza de presupuesto y la poca entrega de material bibliográfico o de investigación, que justificara su existencia. Por eso hoy, que Julián Vences toma el mando, me alegro de que volverá a ser lo que creó Valentín.
Extrapolando la amistad, el cariño y el respeto que tengo por Julián y tratando de ser imparcial en mi juicio, creo que su nombramiento ahí, hecho por Margarita González Saravia, es importante, necesario y que va a trascender.
Julián es un visionario, pero más que eso, trae el fuego interior de amar y respetar a Morelos y a su gente, su historia, sus tradiciones, su devenir histórico. Esto quise escribirlo hace mucho, en cuanto supe que Margarita González lo había nombrado; lo hago ahora, porque sé que la herencia de Valentín esta salvaguardada y en buenas manos.

