Las miles de imágenes de la Virgen de Guadalupe que se ubican en edificios religiosos y civiles de Morelos recibieron su fiesta.

Mañanitas, cohetones, peregrinaciones… los agradecidos, los jurados y los que van por alguna manda o a pedir el auxilio de la Morena del Tepeyac acudieron con su imagen favorita, porque siempre hay alguna cerca.

Las más concurridas, por supuesto siempre son las más antiguas o las tradicionales, como la del Chapitel de El Calvario en Cuernavaca, esa imagen histórica no solo por su belleza y tradición, también porque fue derribada y luego arrastrada por calles de la ciudad con cuerdas y caballos por Tomás Garrido Canabal, según cuenta el obispo, Ramón Castro Castro, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano cada 12 de diciembre, para recordar a los guadalupanos los intentos por prohibir la religión.

Ahí, en el Chapitel, punto de reunión de miles de peregrinos desde hace siglos, la fiesta comenzó desde la noche del miércoles con la tradicional instalación de un templete para que ensambles musicales de todo tipo cantaran Las Mañanitas y otras canciones tradicionales a la Guadalupana.

Ya como a las nueve se encienden las luces que iluminan la efigie al centro del edificio que fue construido como una capilla abierta en 1538 y que antes de la virgen albergaba una enorme cruz.

Y entonces viene el hervidero de gente, los estacionamientos alrededor se atiborran de peregrinos y, aunque sea de noche, empiezan a verse ya algunos niños vestidos de Juan Diego, aunque con detalles modernos.

Persona preparando comida en una mesa

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Como es una fiesta, el alimento no puede faltar. Aquí hay desde las tradicionales y sencillas gorditas de nata, los buñuelos gigantes, y dulces típicos, hasta los tacos de barbacoa de chivo, los de suadero con sus nopalitos bien asados, unos pambazos grandes y bien preparados, las espiropapas y otras botanas, todo un bufet de delicias para los más golosos que no son pocos y van de a poco llenando las bancas frente a cada puesto.

 

La fiesta seguirá toda la noche entre llegada de peregrinos, música, misas con veladoras, oraciones, vendimia de todo dipo de cachivaches, y mucha comida para aguantar despiertos.

Una niña hablando por teléfono en la calle

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En la madrugada el flujo de gente baja, pero se recupera desde la mañana con la llegada de cientos de niños vestidos de Juan Diego o de inditas, habrá casi una decena de comparsas de chinelos que pongan a brincar a la gente porque concluyó su manda; por el agradecimiento a los favores recibidos o por el pulcro bullicio de la fe que se convierte hoy en fiesta, en identidad mexicana adjetivada con el toque morelense.

Foto: Hélène Blocquaux

Foto: Hélène Blocquaux

Y como evidencia de la fe que se transmite de generación en generación, queda siempre la foto del juandieguito en su caballo o mula junto o muy cerca de la imagen de la Virgen de Guadalupe. Acto que será luego seguramente recompensado con el obsequio de un globo, rehilete, o cualquiera de los juguetes que decenas de comerciantes avispados han acercado a la zona para el solaz de la niñez guadalupana. Muy pocos de los jugueteros de temporada se ubican en la pequeña placita entre la iglesia y el Chapitel, de todos modos ni caben de lo abarrotado, así que se colocan en las calles de Agustín Güemes (la que aloja al tradicional Castillito, Museo Fotográfico de Cuernavaca), y las tres cuadras de Matamoros que se les permiten usar, desde su nacimiento hasta Guadalupe Victoria, justo frente a la tradicional y aún abierta cantina El Danubio, la única sobreviviente en el centro de la ciudad.

Foto: Hélène Blocquaux

La fiesta seguirá todavía por la tarde y noche. La música, el jolgorio y los innecesarios cohetones también se mantendrán lo mismo acá en El Calvario que en muchas de las efigies de la virgen. La fiesta se irá diluyendo, en cambio, ya la fe se ha renovado.

La Jornada Morelos