

Plantas medicinales como opción terapéutica a trastornos mentales: IMSS Morelos
Maribel Lucila Herrera Ruiz*
La más intrincada y fascinante red de comunicación conocida es la que da lugar a nuestros pensamientos, emociones y acciones y se forma en el cerebro. En este órgano se establece un sistema de relación íntima entre los mensajes recibidos (estímulos internos y externos), el mensajero químico (neurotransmisores) y el receptor (proteínas de la membrana neuronal).
El receptor después del intercambio es capaz de realizar una serie de modificaciones celulares para emitir una respuesta y dar lugar a la acción. Uno de estos actores es la serotonina, un mensajero que participa en la función de nuestro cerebro. Cuando de alguna manera “falla”, debido principalmente a una disminución de sus niveles, la comunicación se debilita y se provocan alteraciones que afectan a todo nuestro organismo, conduciendo a perturbaciones significativas en nuestro comportamiento.
Por ejemplo, cuando pasamos por un mal momento, como la muerte de un ser querido, o eventos traumáticos, estos son estímulos temporales que llevan a que la red de comunicación entre el mensajero químico y su receptor se debiliten. Lo que nos conduce a cambios emocionales y conductuales, que son normales y que con el tiempo se restablecen.
Cuando el estímulo es crónico, la conexión íntima entre la serotonina con su destinatario o receptor en las neuronas se bloquea o disminuye. Y es ahí cuando se presentan los trastornos mentales como la depresión. Condición que llega a ser altamente discapacitante, lo que afecta nuestro entorno personal, familiar, social, laboral y económico.

La tristeza, el desánimo, la disminución del placer por cosas que antes agradaban, sensación de vacío, incapacidad de concentrarse, culpa excesiva, desesperanza, baja autoestima, alteraciones del sueño, entre otros, son síntomas característicos de este problema médico.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) menciona que aproximadamente 280 millones de personas en el mundo cursan con depresión, afectando al 5% de los adultos. Entre la población juvenil esté número se incrementa de manera alarmante representa la cuarta causa de muerte por suicidio entre los jóvenes de 15 a 29 años.
Si bien existen tratamientos eficaces para esta problemática, se sabe que hasta el 40% de pacientes son insensibles a los medicamentos actuales y si a esto se le suma que no todas las personas son atendidas, la situación se agrava considerablemente. Esfuerzos continuos se hacen para conocer con mayor precisión los procesos patológicos que originan la depresión y para investigar nuevos y mejores tratamientos. Para este último punto, las plantas medicinales son un recurso invaluable, debido a que producen sustancias químicas de gran utilidad para el tratamiento de enfermedades que aquejan al ser humano.
En México, la vasta diversidad cultural y florística se empatan y dan lugar a la posibilidad de seleccionar especies de plantas con utilidad terapéutica para padecimientos del sistema nervioso. Estas son analizadas a través de estrategias experimentales químico-biológicas, que han permitido el aislamiento de sustancias químicas con valor médico potencial.
Muchos de estos metabolitos sintetizados y liberados por las plantas, les sirven a ellas para defenderse de su entorno, pero en nuestro organismo son capaces de servir como mensajeros químicos externos, que interaccionan con los sistemas de red de comunicación en el cerebro.
Se ha demostrado, a través del uso de modelos biológicos, que las cumarinas, que son compuestos aislados de plantas como el pericón (Tagetes lucida) por ejemplo, tienen la capacidad de unirse a los receptores que utiliza la serotonina para establecer una conexión funcional y con ello ayudar a que se restaure el mecanismo que permite mejorar la conducta de los individuos con depresión.
Así, la investigación que se hace sobre las plantas medicinales lleva a propuestas de futuros medicamentos, para que sean de utilidad a los pacientes con trastornos mentales, los cuales son un mal que se acrecienta día a día, cobrando la salud de incluso los más jóvenes, amenazándolos con la posibilidad de alterar el desarrollo pleno en su vida adulta y mermando la calidad de vida de los adultos que los padecen.
*Investigador Titular B. Centro de Investigación Biomédica del Sur. OOAD Morelos

