

El IEBEM, ¿otra vez talón de Aquiles?
Dicen que después de 18 a 254 días de repetir una conducta, ésta se puede convertir, según su complejidad, en un hábito. Por supuesto, con mayor tiempo, es casi un hecho que esas conductas repetidas se conviertan en “costumbres” y en el caso de las administraciones estatales en Morelos, se tienen seis largos años para enraizar comportamientos que después son muy difíciles de extirpar.
Llaman nuestra atención tres líneas de comportamiento que fueron la marca de la administración de Cuauhtémoc Blanco: la corrupción, la mínima salvaguarda a los Derechos Humanos, y la desatención a problemas sociales que, pudiendo prevenirse se dejaron crecer en agravio de miles de morelenses. Ninguno de estos tristes hábitos de la burocracia morelense parece haberse ido por completo, y si bien en materia de combate y erradicación de la corrupción y en respeto a los Derechos Humanos parece haber un cambio, por lo menos de voluntad para atender, lo cierto es que no basta con la expresión de la voluntad de la gobernadora Margarita González Saravia, y muchos de sus colaboradores en el gabinete para que las arraigadas tendencias del funcionariado se conviertan en un servicio público honesto, respetuoso de los derechos humanos (de todos ellos), y proactivo en la solución de los problemas sociales.
Por supuesto que las cosas han cambiado en los dos meses y días que lleva Margarita González Saravia al frente del Ejecutivo, por lo menos en lo que refiere al trabajo de la gubernatura, las secretarías de Gobierno, Contraloría, Desarrollo Económico, Turismo, Educación, Cultura, Desarrollo Agropecuario, Infraestructura, parecen haber salido del aletargamiento o de plano parálisis en que estuvieron por casi seis años. En Seguridad Pública se nota una titularidad más discreta, pero también efectiva que empieza a dar resultados, aunque no a la velocidad y en el grado que todos los morelenses quisieran.
Pero en otras áreas del gobierno estatal parecen empezar a repetirse las conductas que generaron los múltiples conflictos que, a la larga se convirtieron en una crisis por la inoperancia del gobierno. Un área en que se están acumulando innecesariamente los problemas es el Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos, que ahora dirige Leandro Vique Salazar.
Aparentemente se trata de problemas focalizados en ciertas regiones donde padres de familia toman escuelas en demanda de solución a problemas heredados por la administración del impresentable Eliacín Salgado de la Paz; pero en un sector educativo complejo y no muy conocido por muchos (aunque los pocos que lo conocen lo hacen muy bien), lo cierto es que a más de dos meses de haber asumido el cargo, Leandro Vique y su equipo de colaboradores expertos en el área deberían tener un diagnóstico preciso de las condiciones de infraestructura, plantilla laboral, oferta del servicio educativo y hasta los ambientes sociales y políticos en torno a cada uno de los planteles de educación básica, además de los problemas “macro” digamos, como la relación con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y asuntos de recursos y financiamiento de programas escolares. Las recientes y constantes tomas de planteles evidencian que muchos en el equipo de Vique Salazar, y probablemente él mismo, no han hecho su tarea para atender previamente los movimientos en las escuelas que, dicho sea de paso, no aparecen de la nada, se gestan después de semanas y meses de desatención por parte de la autoridad educativa.

Eso sí, Leandro Vique recorre algunas escuelas del estado para participar en tareas de capacitación para los docentes y administrativos en asuntos muy importantes como los protocolos de protección civil, primeros auxilios, prevención del delito y actuación en casos de emergencia (eso de la capacitación siempre se le ha dado bien al ahora director del IEBEM), pero parece haber olvidado que su primera función como director de la autoridad educativa de nivel básico en el estado, es lograr que los ciclos escolares (con todo lo que implican), transcurran con normalidad, atención de calidad y, sobre todo, sin sobresaltos que detengan las actividades escolares en detrimento del servicio para los estudiantes, es decir, la niñez y adolescencia del estado; lo que representa, si nos ponemos estrictos y no hay porqué dejar de serlo, una violación al derecho a la educación propiciada o tolerada por la autoridad.
La dirección del IEBEM la lleva muy bien con la dirigencia del SNTE en Morelos, lo que le puede evitar muchos problemas, pero probablemente sea tiempo de preocuparse, también, por las comunidades escolares, especialmente los alumnos y padres de familia que continúan sufriendo un servicio educativo en malas, y a veces pésimas, condiciones. Antes de las vacaciones, que inician dentro de ocho días (aunque muchas escuelas ya trabajan a la mitad entre convivios, preposadas y festivales) convendría que Leandro hiciera una evaluación de todo su equipo, en el que todo indica sobra la simulación y las costumbres del pasado al que nadie quisiera regresar.
Otros espacios donde deben vigilarse probables casos de corrupción, por cierto, son los de Movilidad y Transporte, donde las malas prácticas estaban tan arraigadas que ya hay por lo menos un par de denuncias correspondientes a funcionarios de la actual administración que continuarían intentando obtener recursos de cobros indebidos.
@martinellito / martinellito@outlook.com

