

(Primera parte)
El cambio climático y sus efectos se viven en el presente, huracanes, sequías, aluviones, bosques, selvas y ciudades en llamas o ahogadas por las inundaciones y hambrunas. Casi nadie en el planeta estamos a salvo, excepto los patriarcas millonarios. Los resultados prácticos de las Conferencias de Naciones Unidas sobre cambio climático y biodiversidad, la COP29 y la COP16, respectivamente, son exiguos. En ambas conferencias se delinearon algunas perspectivas de financiamiento para los países más perjudicados pero primaron las soluciones de mercado, aquellas que den ganancias a empresas que ofrecen un poco menos de emisiones contaminantes. Las formas concretas para distribuir el apoyo a los más afectados quedaron para el futuro.
La COP 29 que se realizó en Bakú, Azerbaiyán, en noviembre, tiene ese número porque es la misma cantidad de años que el tema se ha discutido. En 1992 se realizó la Cumbre de la tierra para abordar los temas ambientales. De ella derivaron las convenciones marco o COP. Tres décadas de buenas intenciones con muy pocos resultados. Los países petroleros mandaron a Bakú más de 1500 personas a hacer campañas insidiosas para que no se hablara de la necesidad apremiante de abandonar los combustibles fósiles. Lo lograron. En tanto, sus voceros se comprometieron a continuar con las “energías limpias». El acuerdo fue destinar recursos privados y públicos por 1.3 billones de dólares para financiar la remediación y prevención de las zonas afectadas. En 2035, los países ricos habrán aportado 300 mil millones de dólares pero no se precisó cuándo y a través de cuáles mecanismos. Los países proveedores de las materias primas que dilapidan las potencias militares y que mantienen el consumo cuasi infinito de combustibles, se quedaron con las manos vacías. Las voces de las regiones más sacrificadas por la degradación y la pobreza no fueron escuchadas. Fue suficiente con que fueran a quejarse.
En cuanto a los resultados de la COP16 sobre biodiversidad, celebrada en Cali, Colombia, en octubre, los resultados podrían considerarse más visibles pero el dinero y los mecanismos para distribuirlo a fin de aumentar las Áreas Naturales Protegidas también quedaron en el aire. Carmen Capriles del Proyecto Plataformas para el Diálogo Social, países del Caribe y Centroamérica, evaluó que en la COP 16 fue posible articular conocimientos entre pueblos afectados y que hay un amplio conceso en que se debe construir las alternativas desde los pueblos que hoy protegen sus territorios a través de múltiples formas de organización autónoma. Ella expresó que los países del sur global tienen más que claro que las grandes potencias triplicaron su matriz energética en las últimas décadas, que las asimetrías entre los países y clases ricas consumidoras de energía y los otros países y clases se profundizan. Expresó que no existe a nivel global un plan de acción que unifique las labores prácticas de freno al cambio climático, la conservación de la biodiversidad y los derechos humanos.
En América Latina se hallan 10 de los 15 países mega diversos del planeta. Entre ellos México. Aunque quién sabe si aún lo sea por la acción de tala montes, mineras, turismo de masas y agricultura de exportación y otras industrias. Es sobresaliente que la COP 16 haya discutido quiénes son los dueños de los genes de los países con diversidad biológica. Son las corporaciones de la biotecnología. Se reafirmó, el 78% de las especies están en peligro de extinción. “Lastimosamente, dice Carmen Capriles, no se tiene un enfoque de mejora la calidad de vida, los valores se dirigen a hacer dinero, parece que las regiones de la biodiversidad son espacios para hacer negocios.” (Hasta dónde soporta la humanidad tanto daño al medio ambiente, InfoCLACSO en vivo, https://www.youtube.com/watch?v=2_KllP_gMj8&t=1170s).
Existe el compromiso internacional de conservar 30% de los océanos y 30% de los territorios nacionales. Es una cifra que no se corresponde con las dinámicas de la reproducción de la vida en el planeta ni en regiones. Aún así, los países asistentes a la COP16 se comprometieron a aumentar a 200 millones de dólares al año, en los próximos 5 años, la inversión en biodiversidad mediante la protección y ampliación de Áreas Naturales Protegidas. Pocos países cuentan con esos recursos o si los tienen, no es prioridad invertirlos en la protección de territorios. México está en este último caso. El presupuesto 2025 para la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales disminuyó en 39.4%. La Dra. Alicia Bárcenas, titular de esa dependencia, expresó sorpresa por ese recorte. Entrevistada en la radio, dijo que no entendía esa decisión pues para lograr el objetivo de 200 MDD se requería más presupuesto, no obstante, ella consiguió 30 MDD en la COP16 para la ampliación de las ANP. Ya le falta menos.

*Profesora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

