

Éxito del primer Pabellón artístico en el Festival Sabor es Morelos
12 jóvenes artistas conquistan el Pabellón de Arte Contemporáneo del Festival Internacional «Sabor es Morelos». Con diversas obras entre: ilustraciones, grabados, pinturas, serigrafía, bordados, fotografías y más, el talento emergente sobresalió ante la mirada de cientos de asistentes.
En esta decimotercera emisión del festival gastronómico, el Pabellón de Arte contemporáneo debutó como un espacio para que jóvenes artistas pudieran mostrar su arte. Cisco Jiménez, un de artistas con mayor prestigio en el estado y coordinador del pabellón, expresó que este proyecto tiene como fin lanzar artistas emergentes cuyo arte tiene mucho que decir. «Dimos la oportunidad a los artistas más representativos del momento, para que pudieran conocer su trabajo, muchos de ellos aún siguen estudiando. En el pabellón van a encontrar una gran diversidad de lenguajes artísticos a precios asequibles». Nos comenta además que, de los óptimos resultados de esta experiencia, este pudiera ser el primer paso para cimentar una verdadera feria de arte en un futuro no muy lejano.
Descubriendo el sabor del arte emergente
Durante este fin de semana, los asistentes no solo se deleitaron con la exquisita muestra de sabores de los más de 70 restaurantes invitados en el corredor gastronómico. Entre sabores y aromas, la diversidad de obras artísticas exhibidas añadió un sazón único al recorrido.
La degustación comenzó con el arte de Ángel Nova, que nos transportó al mundo de lo figurativo con sus personajes “Papalucos”, plasmados en sus grabados, serigrafias y cerámicas: “Estos personajes son una abstracción de los cuerpos humanos, una decodificación de la anatomía y modificación de cómo seriamos si fuéramos de otra manera distinta a estos cuerpos comunes de ojos y cabezas”. Nova nos comenta que sus Papalucos han visitado diversos museos del mundo, desde Indonesia hasta Estados Unidos y por supuesto en espacios públicos de la ciudad.

Seguido del arte multidisciplinario de Adriene Blac, egresada de la universidad del estado, sus pinturas y dibujos añadieron notas de misticismo con sus talismanes, tema recurrente en su trabajo, que también los podemos apreciar en sus esculturas e intervenciones espaciales que la artista realiza. Para ella, presentar su arte en este pabellón, es una oportunidad para que la gente pueda apreciar su “sensibilidad”, y así romper con la idea de que el arte es inalcanzable.
Wilber Martínez, talento guayabo que reside en Zipolite, Oaxaca; nos traslada a la frescura de los ambientes marinos con su gráfica experimental. En sus trabajos más recientes, él se considera un “paisajista abstracto” inspirado por el entorno natural de la costa de Oaxaca: “me gusta transgredir las técnicas de la tradición artística para llevarlas a lugares más lúdicos”, expresa. En su obra pudimos degustar un coqueteo entre texturas del mar, la arena, las palmeras y colores representativos de la cultura en Morelos, tomados de la buganvilia y el cempasúchil.
Los matices de la propuesta de Elizabeth Rosas se centran en la elección de sus materiales de trabajo. Entre la estampa con linóleo e intervención con hilos, su obra describe su forma de hacer arte: “siempre estoy en movimiento, realizando mi trabajo desde diversos lugares”. Entre las formas de sus obras podemos familiarizarnos con temas acerca del hogar y la representación de lo femenino. Para Rosas, esta fue una excelente oportunidad para que la gente pudiera empezar o ampliar sus colecciones de arte.
Ya entrados en gastronómicos, el artista Julss Rodríguez plasma en sus lienzos el mundo del ambiente restaurantero, basado en su experiencia trabajando en cocina. Su tinta contornea elementos de la fauna y del folclore de los platillos típicos de Morelos para mostrar con humor y gran expresividad, lo que se vive dentro del ajetreo del ambiente culinario.
A nuestra degustación llega Alina Flores, artista autodidacta que nos ofreció una amplia diversidad de técnicas, desde la intervención de objetos hasta textiles. Todos con un sabor de tragicomedia y el humor. Elina nos compartió que su obra es resultado de largos procesos de intervención, ella prepara sus obras con precisión y meticulosidad, cada pieza es un proceso pensado, tal cual un platillo en el que podemos saborear cada detalle.
De segundo tiempo en el menú artístico
A mitad del pabellón, un aura mística de tradición y cultura vistió el deleite con las pinturas, fotografías y grabados de José Tránsito. Joven ganador del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) en la categoría de jóvenes creadores. La obra de Tránsito les da voz a los espacios abandonados, a esos pueblos abandonados por familias, a causa del desplazamiento forzado por el pensamiento capitalista del progresismo urbano. «Trabajo con la idea de que al abandonar estos pueblos, también se abandonan los mitos y leyendas, se olvidan de esos personajes, esos espacios».
Con este sabor a tradición, La Jornada Morelos presentó en el pabellón su Zanate Cascalote, grabado donado por el gran artista y amigo de LJM, Leonel Maciel. El Zanate Cascalote, con su intuición de resistencia y las muchas tonalidades de su canto, el artista Maciel refleja y asemeja la libertad de las voces de entre las páginas de este medio.
Justo aún costado, el trabajo de Ricardo Odiseo, egresado del Centro Morelense de las Artes, nos prepara para recibir con la vista una bocanada de coloridas pinturas. Entre los mitos griegos, la imagen folk y la cultura pop, temas centrales de sus obras, pudimos catar contrastantes pinceladas de empaste y pintura al fresco.
En la última parte del pabellón, para sentar estos sabores coloridos tuvimos la obra de Leilani Grinberg una joven que lleva el arte en la sangre. Ella se ha abierto camino en el mundo de la gráfica, técnica que aprendió del maestro Daniel Barraza en Oaxaca. La artista también emplea el aguatinta (grabado en placas de metal) y la litografía (granado en piedra), a lo que comenta: «me gusta esta técnica porque es fiel al artista, cada detalle que hagas se nota en la impresión». En una fusión entre lo onírico, la flora y la fauna, Grinberg nos expone en diversos soportes un mundo sin barreras biológicas.
El sentido del color a un espacio «gris» nos lo otorga el Artista Visual Mauricio Olaf. Con piezas de su proyecto «Metáforas de la máquina», Olaf nos ofreció una probadita de la subjetividad de los paisajes industriales, específicamente del valle de Cuernavaca. A través de registros de diversos elementos de las fábricas, Mauricio los interviene mediante todo un proceso multidisciplinario, para lograr la escala deseada y así ofrecernos una versión llena de color de estos espacios industriales.
Para cerrar este menú artístico, Nicol egresada de la Facultad de Artes de la UAEM, nos sirve unas pinturas en las que podemos degustar la luz y la alegría de tonalidades muy vibrantes. «Para mí la incorporación del color en temas como el amor y la alegría, es una forma contestataria de hablar sobre la violencia. Atreverse a sentir esto es una forma de revolución actualmente».
Durante este recorrido, el entusiasmo de los artistas se adueñó de las calles de la eterna primavera. Todos concordaron en la necesidad que tiene la comunidad en saber del talento emergente, de conocer lo que sus artistas están produciendo y de apoyar a que los jóvenes se desarrollen en este su sector profesional.
El Corredor Internacional Gastronomía nos demostró en esta edición, que los sabores no solo están en la comida, Morelos tiene un amplia gastronomía cultural a disposición de los buenos catadores de «sabor es Morelos».
Fotos: Jazmin Aguilar





