

Al cumplir 50 días a cargo del poder Ejecutivo de Morelos, la gobernadora Margarita González Saravia, rindió un primer informe de actividades; un ejercicio que, dada la voluntad de la mandataria por establecer un diálogo directo con los morelenses sobre los avances de su administración, seguramente se volverá cotidiano y de acuerdo con ciclos bien establecidos.
Pocos lo habrán notado, pero el primer aporte del ejercicio de la gobernadora fue recordarnos lo amplio que es el gobierno de Morelos, que en el pasado se había reducido a un monotemático discurso sobre el fracaso en seguridad pública en el que todas las otras áreas de la administración pública se oscurecieron o diluyeron por el abandono en que se les tenía.
No es que el tema haya dejado de ser relevante, mereció un apartado en el discurso de la gobernadora, pero ahora se incluyen otras tareas como la atención al campo, el fomento económico, el cuidado del medio ambiente, el desarrollo social, las finanzas públicas como tareas sobre las que vale la pena informar pues hay un trabajo importante tras ellas.
El primer informe de la gobernadora, con todo y el lenguaje sencillo y las acciones concretas de las que pudo dar cuenta, se valorará mucho más entre expertos. Margarita González Saravia nos enseñó los cimientos del edificio que construye para Morelos y no es sencillo que eso impresione a muchos. Los expertos en políticas públicas, en cambio, podrían decir que se trata de un basamento sólido para echar encima varios pisos en los que una administración pública exitosa para Morelos pueda alojarse.
En efecto, aún no existe “la gran obra” para Morelos, pero lo necesario para consolidar el crecimiento económico, el desarrollo agropecuario, la justicia social, parece estarse haciendo con la firmeza suficiente para durar muchos años; y eso es algo que extrañábamos de las obras de gobierno.
El primer informe de Margarita González Saravia abarca un plazo menor que los tradicionales en el principio de cualquier gobierno (los famosos informes de 100 días), pero en términos generales debe reconocerse que este primer corte muestra los mejores cimientos en varias décadas, en gran medida gracias al concurso de miles de morelenses que han estado dispuestos a colaborar y coordinarse, a reencontrarse con su gobierno, el que por muchas décadas también los había ignorado.

En ese plano debe reconocerse el liderazgo de la gobernadora, no es una personalidad dura que obliga a seguirle sólo porque es la titular del poder Ejecutivo; se trata de una mujer que sabe sumar a la gente en torno suyo, que puede coordinar los esfuerzos de muchos liderazgos deseosos de que al estado le vaya bien, que crezca económicamente, erradique la pobreza, mejore la seguridad y la justicia, y que todo ello se dé en condiciones de paz y colaboración.
La transparencia es necesaria en las acciones de cualquier gobierno. La cercanía con la gente ofrece legitimidad a las buenas acciones realizadas por el funcionariado. Informar, entonces, debiera ser una tarea cotidiana de las administraciones públicas. La obligación de rendir un informe anual de actividades impuesta por la Constitución a los titulares del Ejecutivo ha probado ser insuficiente: se convirtió en una ceremonia acrítica de alabanzas que los mandatarios y sus equipos consideraban como casi sagrada. Probablemente el ejercicio, al volverse cotidiano el ejercicio de desacralice y favorezca un verdadero intercambio entre la información que ofrece el Ejecutivo y el sentimiento, aplausos y reclamos de la gente, y eso siempre ayuda a orientar el rumbo.

