Ofrendas nuevas de Ocotepec reciben a embajador de Marruecos

La gobernadora Margarita González Saravia dio la bienvenida al Embajador del Reino de Marruecos en México, Abdelfattah Lebbar, quien visitó el estado de Morelos para conocer la celebración del Día de Muertos en el poblado de Ocotepec, Cuernavaca, una de las tradiciones culturales más profundas de la entidad.

Al atardecer, la mandataria estatal y el diplomático fueron recibidos en la Casa Comunal por Javier Díaz Sedano, presidente del Comisariado de Bienes Comunales de Ocotepec, donde presenciaron la primera ofrenda, dedicada a seis comuneros fallecidos este año. Durante la visita, la Banda Comunitaria de Aliento “La Vecindad”, compuesta por niños y jóvenes bajo la dirección de Jorge Valdez Baldera, exdirector de la Banda de Música del Gobierno del estado de Morelos, ofreció una interpretación que destacó el ambiente tradicional de la comunidad.

Ocotepec, una de las 164 comunidades indígenas de Morelos, celebra a sus fieles difuntos con una arraigada devoción. La “ofrenda nueva” simboliza respeto y cariño hacia los seres queridos que han partido, y de acuerdo con las creencias ancestrales, no colocarla podría causar tristeza en el alma del difunto.

En su recorrido, la titular del Poder Ejecutivo y el Embajador recorrieron diversos hogares que, siguiendo la tradición, abren sus puertas para recibir a familiares, amigos y visitantes, ofreciendo café, pan, tamales, mole y otros platillos favoritos de los difuntos, lo cual simboliza la conexión con sus seres queridos y fortalece los lazos.

Margarita González Saravia y el Embajador Abdelfattah Lebbar, como lo dicta la tradición, llevaron cirios en señal de respeto, entregándolos a los deudos como símbolo de la luz que las almas deben seguir. En esta ocasión acudieron a las casas de las familias Ruiz Flores y Olivares Aguilar, además de las ofrendas en la Ayudantía Municipal, la Capilla de Dolores y la Parroquia del Divino Salvador.

En las “ofrendas nuevas”, los deudos crean un “cuerpo simulado” vestido con ropa y calzado nuevo, elaborado con frutas, pan y calaveritas de azúcar, representando la bienvenida al espíritu del difunto en su regreso temporal al mundo de los vivos.

La titular de la Secretaría de Cultura, Monserrat Orellana Colmenares, y el secretario de Turismo, Daniel Altafi Valladares, acompañaron a la Gobernadora en esta festividad, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO desde 2014.

Las celebraciones de Día de Muertos fueron reconocidas desde 2014 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Foto: Cortesía

Vecinos de Ocotepec recibieron en sus ofrendas nuevas a la gobernadora, Margarita González Saravia, la diputada federal morelense, Meggie Salgado, y el embajador de Marruecos en México, Abdelfattah Lebbar. Foto: Cortesía

Todo Morelos recibe a sus muertos, hasta en los lagos.

Morelos dio la bienvenida al Día de Muertos, una celebración que honra la memoria de los seres queridos y resalta que el amor es atemporal. Esta tradición es una de las más queridas y representativas del estado. Para conmemorarla, se lleva a cabo el Festival Miquixtli 2024 del uno al tres de noviembre, no sólo en Cuernavaca, sino en los municipios de Jojutla y Ocuituco, donde también se imparten talleres, se realizan obras de teatro, danzas y hasta una función de la Carreta Cine Móvil.

Este festival familiar invita a locales y visitantes a disfrutar de eventos significativos, que incluyen ofrendas comunitarias, exposiciones de catrinas, mercaditos de artesanías locales, talleres de manualidades para todas las edades, noches de cine, leyendas y baile. Además, en el Centro Cultural Teopanzolco (CCT) se presentarán reconocidas intérpretes como Rosy Arango y Laura Itandehui, quienes llevarán al escenario la esencia de la música tradicional mexicana.

También se unirán a la tradicional celebración del Día de Muertos, el poblado de Ocotepec, de Cuernavaca y el municipio de Coatetelco, con sus peculiares ofrendas colgantes; Tequesquitengo, perteneciente al municipio de Jojutla, con su increíble tradición de “Altares en el lago”; en Tetela del Volcán, la famosa “Huehuenchada”; y en Tepoztlán, talleres de tallado de carrizo y chilacayote. Los habitantes de Atlatlahucan, Tlayacapan, Zacualpan de Amilpas, Xochitepec y Tlaltizapán participarán con cabalgatas y disfraces, mientras que Jonacatepec ofrecerá más actividades para compartir y disfrutar en esta emotiva conmemoración.

Los Altares en el Lago son una tradición de Tequesquitengo. Foto: Especial

Los difuntos en el Museo de la Ciudad llaman la atención de cientos de familias

El Museo de la Ciudad de Cuernavaca (MuCiC) abrió sus puertas por tercer año consecutivo al Festival de Día de Muertos Mictlán 2024 organizado por el Gobierno Municipal, a través del Instituto de Cultura de la Secretaría de Desarrollo Humano y Participación Social, donde cientos de familias se reunieron para disfrutar de una serie de actividades culturales y artísticas que enriquecen la identidad y la cultura con el talento local.

Los visitantes disfrutaron del encuentro de lectura «Sobre la muerte y otros cuentos” a cargo de la editorial Letras Insomnes para continuar con la obra teatral «Catrina” encabezada por la compañía ECAPI y la presentación musical de «Control Cósmico», dando por inaugurado el Gran Concurso de Ofrendas Tradicionales de Día de Muertos convocado por el Parlamento Inmobiliario y el Instituto de Cultura de Cuernavaca.

La cartelera escénica continuó con la presentación «Renace la danza” del colectivo Moorea Polinesia, con la obra teatral «Coco” de la compañía ECAPI para concluir esta tercera edición del Festival de Día de Muertos Mictlán 2024 con la premiación a la mejor ofrenda tradicional mexicana que será elegida también por los mismos ciudadanos que se han apropiado del MuCiC como un espacio relevante, no solo para las expresiones artísticas y culturales, sino también para la convivencia comunitaria.

En el MUCIC, la exposición de ofrendas y espectáculos por el Día de Muertos han llamado la atención de cientos de visitantes. Foto: Ayuntamiento de Cuernavaca

Exhiben altares en el parque Tlaltenango

Con la participación de 16 colegios, escuelas e instituciones del Ayuntamiento de Cuernavaca, se llevó a cabo la Exposición de Ofrendas del Día de Muertos en el Parque Tlaltenango en la que participaron entre otras áreas el Instituto de la Mujer de Cuernavaca (IMC) y el Instituto del Deporte de Cuernavaca.

Esta celebración se llevó a cabo para preservar las tradiciones de los pueblos originarios de Cuernavaca, y conmemorar a los seres queridos que ya no están presentes en el plano terrenal, bajo la creencia de que en estas fechas sus almas regresan a visitar a sus familiares y amistades.

En los reconocimientos a las ofrendas, el tercer lugar lo obtuvo el Instituto de la Mujer de Cuernavaca IMC, el segundo, al Grupo de Zumba del parque Tlaltenango y el primero fue para el Instituto del Deporte del Ayuntamiento de Cuernavaca.

La directora del IMC, Lorena Castillo Castillo, resaltó el significado de la ofrenda con la que participaron destacando la importancia que tienen las catrinas en esta celebración, una figura femenina elegante y refinada que representa a la muerte, pero de una manera satírica y no amenazante, que es una representación de la muerte, pero de una manera que busca mostrar que la muerte es una parte natural de la vida.

Agregó que de manera recurrente se le coloca junto a un esqueleto masculino llamado «catrín». Juntos, la catrina y el catrín representan la igualdad de la muerte, es decir, que la muerte no discrimina entre ricos y pobres, hombres y mujeres.

La tradicional exposición de ofrendas en el parque Tlaltenango, es una parada inevitable en el recorrido de los muertos por la capital de Morelos. Foto: Ayuntamiento de Cuernavaca

Festival Miquixtli, vitrina para talento artístico de Morelos

El Festival Miquixtli 2024 ha dado un importante impulso al talento morelense, derivado de la afluencia de visitantes, que han tenido la oportunidad de disfrutar de una cartelera con una gran presencia de artistas locales en los diversos escenarios.

En este sentido, Montserrat Orellana Colmenares, titular de la Secretaría de Cultura (SC), confirmó que “el Festival Miquixtli se ha consolidado como una importante plataforma en la que artistas de diversas disciplinas, tienen la oportunidad de mostrar al mundo la riqueza y diversidad de su trabajo, con una audiencia ávida de experiencias culturales significativas”.

Mencionó que esta festividad cultural no sólo brinda un escaparate para el talento morelense, sino que también impulsa la economía local y el turismo cultural en la región.

Los visitantes, además de disfrutar de las propuestas artísticas, también exploran las bellezas naturales y culturales que ofrece Morelos, generando un impacto económico positivo para la comunidad en general, destacó Orellana Colmenares.

Por último, invitó a ser parte y disfrutar de lo que resta del festival, donde a través de la página de Facebook @SecretariaCulturaMorelos podrán consultar la cartelera completa.

La auténtica Banda de Tlayacapan es la mejor madrina que podría tener el talento morelense que se presenta en el Festival Miquixtli. Foto: Especial

Calaveritas y calabazas

Lágrimas y sonrisas

Fernando González Domínguez* / Fotos: Cortesía

Lejos de explicar el origen exacto y la propiedad de los ritos, ceremonias y fiestas dedicadas a los muertos con un disfraz de experto antropólogo este texto es más bien de reflexiones sencillas, de datos y anécdotas diversas en su más pura acepción: el concurso de varias cosas distintas.

Dicho esto, ayer 2 de noviembre una parte importante de los pueblos de México conmemoró a los seres queridos que ya partieron. Fue la ocasión de traerlos con nosotros a través de la memoria y guardarlos un ratito en nuestro corazón.

A nadie le resulta ajena la experiencia de la muerte. Todos hemos visto desde niños partir dolorosamente a un ser querido, a una familiar cercana, a alguien cercanísimo o quizás a sólo conocidos lejanos. Hemos sido testigos de muertes de desconocidos o de famosos que también nos han impactado.

Al vivir la muerte tenemos diversas reacciones: de dolor, de sorpresa, de indignación, de alivio temporal, de indignación y hasta de ira. Son muy variadas las formas. Nunca una muerte provoca risa. Nunca una sonrisa. El sentimiento inicial se va transformando -con aquello de que el tiempo todo lo cura- con los años. Duele tanto como cercana sea la persona. Su recuerdo se va fijando al correr del tiempo y va creando con mucho amor y cariño una pálida sonrisa bañada por la nostalgia y la melancolía.

También de dolor se canta

En México hemos inventado una máxima que dice “también de dolor se canta”. Sí, si se canta pero hasta que lo que dolía ya no duela y poder recordar a los nuestros con una rara especie de alegría. Así le hacemos con la muerte.

Hacemos lo que sea porque la memoria no nos falle y nos recuerde todo el tiempo a nuestros queridos difuntos tantas veces y de la mejor manera posible. La cúspide de ese sentimiento la encontramos el día de hoy cada año. Dos del Once “Día de Muertos” señalan los almanaques. Fecha dolorosa-gustosa que nos lleva a sonreír por todas y todos ellos. Nosotros aquí suponemos que se hacen presentes para que les guiemos en su tránsito cuando justo es al revés. Su recuerdo es para que al darnos paz y gratitud nos orientamos nosotros que aún seguimos por acá.

Es un día de dar gracias de ida y vuelta. Es un día de intercambio. Nosotros aquí con toda la fuerza de nuestra memoria y corazón; y ellos allá con toda la sabiduría de la transición y la bondad que les dejó haber vivido juntos. Ellos y nosotros. Supongo que nos extrañarán también y por eso “vienen” el día dos.

Para confirmar que los queremos, que aquí están, les hacemos misas; les compramos un marco a sus fotos; repetimos los lugares de su agrado; comemos sus comidas; leemos sus libros y olemos sus ropas. Aquí siguen porque nunca se han ido -ni se irán- y todo ello nos conforta. Nos trae paz y fuerza después del tiempo de duelo. No solo para consentir su ausencia sino para tener la esperanza de volverlos a ver.

Fiestas, costumbres y ritos

Esta temporada aparecen fiestas, costumbres, ritos y demás expresiones del más variado color, lugar y circunstancias ya sea católicas o paganas. Ocurren en todo el mundo occidental y son muy diferentes entre sí. Se dan en miles de comunidades, y se expresan de las más variadas formas. Ningún país, ningún pueblo o cultura es dueña de una costumbre connatural al ser humano y nada tiene que ver con ideologías, ni con políticas, ni geografías ni latitudes. Tiene que ver sí con sentimientos de dolor y gusto de las personas lo que les convierte en seres sociales ante el inevitable suceso de la muerte.

De manera natural vivimos equis cantidad de décadas. Ocho en promedio. Cuando ese periodo se reduce, se incrementa proporcionalmente el dolor de esas ausencias. Duele más la muerte infantil y juvenil que cuando le ocurre a los adultos o a los ancianos. El fondo es que les deseábamos más futuro a esos pequeños. En contrario muchos adultos ya muy enfermos provocan conmiseración y deseo de descanso ante lo inevitable.

Nuestra temporada de “Muertos” tiene diversos orígenes. No es exclusiva, pero si es diferente en colorido e intensidad a la de otros pueblos. Chovinismos aparte, nos llena de orgullo saber que la “Fiesta del Día de los Muertos” la considera la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Le reconoce “virtudes históricas y también como un valioso instrumento de concordia familiar”. Festejamos lo aparentemente “infestejable” si se puede nombrar así. Hemos aprendido con dolor a hacer de la tragedia una fiesta. Transitamos de las lágrimas a la sonrisa.

Todos los Santos y los Fieles Difuntos

Existía en tiempos prehispánicos una veneración a sus muertos ampliamente documentada. La llegada de los europeos aplastó muchas de las costumbres y tradiciones indígenas. Algunas de ellas prevalecieron y se mezclaron con las de los conquistadores. La tradición del Día de Muertos tiene su origen la Roma del Papa Bonifacio IV en el siglo siete. Mediante un decreto se celebraría el 13 de mayo del 609 D.C. el día de “Todos los Santos”. Se recordaría a los apóstoles, los santos, los beatos, los monjes, clérigos y vírgenes que vivieron y murieron al amparo de la doctrina de Jesús. Todos ellos santos sin pecados.

La fecha resultó inadecuada por la gran cantidad de visitantes a la capilla de Santa María la Redonda destinada a esa conmemoración. Las cosechas escaseaban aún en esa fecha del año y no había suficiente abasto para la demanda de peregrinos. El Papa Gregorio III dispuso otra fecha y una capilla en la Basílica de San Pedro. El Día de Todos Santos sería el primero de noviembre, frontera del equinoccio de otoño y el solsticio de invierno cuando el ciclo agrícola dotaba de abasto suficiente. Gregorio IV agregó la fecha del dos de noviembre para conmemorar ahora a los “Fieles Difuntos”. Se dice que San Odilón en la capilla de Cluny tuvo una visión en donde se aparecía un ángel señalando un camino. Se entendió que debía acercar la luz a quienes ya partieron y están en transición. Así se establecieron el primero para los Santos y el dos de noviembre para orientar a los Difuntos en su trayecto.

Las distancias geográficas entre el Nuevo y el Viejo Mundo, y la distancia entre los siglos y las costumbres religiosas eran enormes. El modo americano de ver la vida y la muerte eran también muy lejanos. Algún día habrían de juntarse. Algún día la resistencia indígena y la imposición de los conquistadores y evangelizadores habrían de chocar para luego convivir y mezclarse. El día de muertos es ese ejemplo. El viaje al Mictlán orientado por xoloescuintles se parecía a los candiles y al Ángel soñado señalando el camino. Algo tenían en común: llevar con bien al cielo a los difuntos.

En Europa también hay tradiciones de muertos

En el norte de Europa existía también una cultura con ideas y disposiciones parecidas. Los celtas de Irlanda, Escocia y Gales también esperaban a sus muertos casi en las mismas horas. Se estableció el 31 de octubre como el de la llamada Víspera que antecedía a la de los Santos y de los Difuntos. Ellos colocaban un nabo que contenía una candelilla o un carbón encendido para señalarle a los difuntos que les visitaban el lugar correcto a donde debían ir. También encendían grandes hogueras y se colocaban máscaras para que los espíritus malignos, los duendes, las hadas y las brujas no les reconocieran. A sus puertas tocaban indigentes y coros de niños que a cambio de oraciones y cantos recibían alimento y golosinas. Eran las llamadas Galletas del Alma que se constituyeron en el antecedente del dulce o truco de los festejos de Halloween. Le llamaban souling. En España se obsequiaban Huesitos de Muerto (antecedente del pan de muerto con huesitos), y Alfeñiques de almendra, por cierto muy bien copiada la receta por nuestras monjas de Santa Clara en Puebla.

Los años de las leyes de Reforma en México quitaron a las iglesias la administración de los panteones lo que derivó en un relajamiento de las costumbres religiosas que consistía en orar frente a las tumbas, oír misas y hacer promesas el día dos. Ahí se regresó a los tiempos prehispánicos de las fiestas paganas. El pulque de aquellos años se tradujo en vino de mezcal con banquetes y música que alegraban y lloraban también a los sepulcros lustrosos de ese día para decirle a nuestros difuntos que aquí estamos. Hoy muchas tumbas reciben mariachis, tríos y banquetes de carnitas, barbacoa y tamalitos, y otras revelan abandono y descuido que confiesa que esos parientes ya los olvidaron para siempre. También pasa. Como cantara Mecano, “No es serio este cementerio”.

Las dos fiestas viajaron siglos antes, la católica a la Nueva España y la celta Sawhain o Sahwin o más tarde Halloween a las colonias británicas de Norteamérica. Viajaron por décadas hasta constituirse formalmente en los que hoy conocemos como El Día de los Muertos con altares y calaveras y el Halloween con disfraces y calabazas. La convivencia global de nuestros días las reúne, las combina constantemente ya sea en la gastronomía, a través del cine, de especiales de temporada en TV o del modo de meternos a un disfraz. Los americanos con el Halloween y nosotros con El día de Muertos podemos presumir que la fiesta ya es nuestra no de Europa. Por cierto a la de Todos Santos en México se le reconoce más por las muertes infantiles que por los apóstoles y beatos. Muerte niña de personitas que nunca pecaron y son santos, pensamos hoy aquí.

La Calavera Garbancera de Posada y la calaverita callejera

Las redes penetran gracias a su libertad global y las tradiciones orales y familiares también les hace viajar. En las colonias Condesa, Roma o Polanco de la CDMX hubo este fin de semana muchas fiestas temáticas de horror al más puro estilo norteamericano. Cuernavaca albergó visitantes de muchas partes que bailaron disfrazados de cualquier cosa en nuestros antros o salones morelenses disfrutando el mejor clima del mundo. A cambio en Nueva York o Los Ángeles también hubo y habrá hoy brindis, tamales y cenas con mole y chocolate al pie de los altares caseros montados por nostálgicos migrantes y sus descendencias. Ahora en muchas partes de Europa el atuendo de la Calavera Garbancera de José Guadalupe Posada, bautizada por Diego Rivera como la Catrina, ya deambula en plazas y fiestas en otros países decoradas a lo “Frida”. Es el personaje más repetido en estas fechas. Es de origen mexicano pero pertenece a la cultura global. El gigante del entretenimiento Disney produjo hace poco un largometraje animado sobre nuestro día de muertos michoacano respetando escrupulosamente el sentido de Todos Santos y Difuntos. “Coco” tuvo impacto mundial. Se estrenó en el Palacio de Bellas Artes con doblajes de voz de la más alta y variada calidad: Héctor Bonilla, Elena Poniatowska, Angélica Vale, Andrés Bustamante, Carlos Rivera, El Buki, Víctor Trujillo, Chabelo, César Costa, etcétera, etcétera. Se le dio el lugar que le corresponde a una fiesta Patrimonio como señalamos arriba con elenco nacional de lujo. El resultado altísimos números de taquilla y reconocimiento internacional a nuestro Patrimonio. La mezcla es sana e inevitable.

“Dulce o truco” es igual a “no me da para mi calaverita”. Son sinónimos de dos culturas ancestrales heredadas desde los palacios europeos que las embarcaron desde destinos distintos a tierras distintas en donde ya había también costumbres diferentes. Las peticiones infantiles ya no se hacen con una caja de zapatos perforada. Aquí y Allá se piden dulces o monedas en una calabaza de plástico que fabricaron por millones, probablemente niños chinos que no entienden para que se usan. Tampoco saben para qué se usan las figuritas de fantasmas con luces led ni tampoco porqué tantas máscaras de personajes de películas o calaveras como las de azúcar que se inventaron para los altares humildes que degustaban los chamacos al concluir el ritual de muertos. Sobra decir que en ese enorme fábrica-país asiático o en el subcontinente de la India también se venera a los muertos en otras fechas y de modo diferente. Así ocurre en todas partes donde alguien muere.

*Director General de Factor D Consultores

La Jornada Morelos