

Espacios seguros
y la reconstrucción del tejido social
Hace una semana tuvimos la oportunidad de participar en el 7mo Foro de Cultura, Seguridad y Gestión de Riesgo: Prácticas para la reconstrucción del tejido social organizado por el CIIDU-UAEM, el cual abordaron temas centrales para la coyuntura actual de inseguridad que se vive en el estado de Morelos. Si bien no se trata de un tema nuevo dentro de nuestra realidad cotidiana, éste resulta particularmente sensible para la comunidad universitaria después del secuestro y asesinato de la Doctora Laura Ortíz Hernández y del Maestro Enrique Sánchez Salinas, eminentes ecologistas e investigadores jubilados de la máxima casa de estudios de la entidad. Ambos formaron a estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado en la UAEM, creando el Programa de Gestión Ambiental Universitario y colaborando con el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente en el Consorcio Universitario para la Gestión Sostenible de Residuos en América Latina y el Caribe.
La inseguridad en Cuernavaca ha afectado de manera significativa a la comunidad universitaria, especialmente en las zonas cercanas a los distintos campus de la UAEM. La reciente coordinación entre la universidad, el gobierno estatal y el municipal, que incluye a figuras clave como la rectora Viridiana Aydeé León Hernández y la gobernadora Margarita González Saravia, demuestra un esfuerzo conjunto para abordar la seguridad desde un enfoque integral y preventivo, participación comunitaria, estrategias urbanas amplias y un compromiso a largo plazo. Frente a estas circunstancias apremiantes es que podríamos tratar de aportar algún análisis sobre las estrategias de seguridad que en días recientes propusieron las autoridades estatales y municipales para mejorar las condiciones de seguridad existentes.
Para empezar, se propuso un mayor control de los accesos en el campus universitario mediante cámaras de videovigilancia en puntos clave para el flujo del personal, así como la creación de corredores seguros para atravesarlo. Esta estrategia permitiría mantener un control sobre los espacios educativos pero probablemente sería necesario extender el área de intervención a las colonias circundantes, que es en donde han estado ocurriendo la mayoría de los delitos graves. Asimismo, será importante que además de evaluar los factores de riesgo existentes, exista una estrategia de respuesta rápida y de intervención coordinada que pueda ponerse en marcha en caso de detectarse algún evento delictivo.
Por otra parte, se propone la señalización de un Código Violeta en los negocios del centro de la capital como puntos de resguardo para mujeres en situación de riego, que podría complementarse con la organización de foros y grupos de trabajo conjuntos para socializar el tema y generar soluciones a las condiciones de seguridad locales. De este modo, se buscaría ampliar la participación ciudadana más allá de la comunidad universitaria, incluyendo a los residentes locales, negocios y organizaciones civiles. Asimismo, pensar en programas de seguridad comunitaria en donde los ciudadanos jueguen un rol activo en la vigilancia y cuidado de su entorno, creando con ello una red más amplia de protección ciudadana.

En ese sentido, es indispensable la construcción de un plan de seguridad a largo plazo que asegure el compromiso de ciudadanos y autoridades en la atención sostenida a estos temas fundamentales y que involucre compromisos claros y sostenibles de las instituciones participantes. Para ello, sería deseable que las comunidades locales se apropiaran de las iniciativas para darles mayor estabilidad a las acciones propuestas, estableciendo mecanismos de rendición de cuentas y evaluación periódica para garantizar que las medidas se ajusten y correspondan con la evolución de las circunstancias locales. Sin embargo, para construir un entorno seguro y resiliente, es esencial que la comunidad universitaria, las autoridades y los ciudadanos trabajemos juntos, reforzando nuestro compromiso con el bienestar común. Esta colaboración buscaría crear un modelo de seguridad y cohesión social respaldado por las autoridades en los distintos niveles de gobierno que, más allá de abordar la crisis actual, siente las bases para un futuro en el que la comunidad se sienta protegida y respaldada de manera sostenida en el tiempo.

Enrique Salinas y Laura Ortíz, Imágenes Cátedra UNESCO / Imágenes cortesía del autor

