Obesidad: Víctimas de nuestro propio éxito

Etzel Piña Pérez*

Antropológicamente el ser humano inicialmente tenía que enfocarse a la caza y/o recolección… a veces a la carroña. Usualmente debíamos de realizar actividad física para lograr conseguir comida, y eso nos mantenía en un equilibrio entre lo que comemos y lo que gastábamos en energía y estábamos en forma.

 

Después, entre muchas otras cosas, llego la agricultura, la ganadería y le siguieron distintas maneras de progreso que permitieron al ser humano diversificar su tiempo en la ciencia, en el arte… pero también en comer. Hicimos de comer un arte, un gusto y hasta un pecado. Entonces ingerimos más calorías de lo que gastábamos en actividades y todo ello tuvo que ir a algún lugar: al abdomen (que es donde más se ve y en donde más lo asociamos): sin embargo, ponerlo de esa manera es hasta cierto punto simplista. Es en este punto donde la ciencia, la medicina y otras ramas se entraman en uno de los mayores problemas de la sociedad actual: LA OBESIDAD.

La obesidad ha sido estudiada y definida por mucha gente a lo largo de la historia, sin embargo, hoy en día un punto clave que debemos de entender sobre la obesidad es que como personas obesas ESTAMOS INFLAMADOS (y no me refiero al aumento de volumen o «gordura»). La inflamación como un proceso inmunológico de bajo grado y crónico altera procesos bioquímicos, moleculares y metabólicos que nos llevan a la resistencia a la insulina y la diabetes (inclusive existen fenómenos conocidos como glucotoxicidad y lipotoxicidad, en los cuales ya está bien definido los procesos moleculares que la sobre-ingesta alimenticia modifica a nivel celular en detrimento del adecuado funcionamiento de las células).

Esta inflamación explica también como se potencian otros procesos inflamatorios como lo es a nivel del endotelio (la capa de células que cubre por dentro las arterias, incluidas las del cerebro y el corazón); dicha inflamación aumenta el depósito de colesterol y la obstrucción de las arterias y entonces nos infartamos. Un obeso se infarta más que un individuo sano. La obesidad también disminuye la movilidad de nuestro abdomen y caja torácica al respirar, y el ya antiestético aumento de grasa en el cuello también tiene un impacto de importancia en la tráquea y la vía respiratoria…y entonces roncamos… roncamos mucho y dejamos de respirar mientras dormimos, y dormimos con baja oxigenación en la sangre y por lo tanto siempre estamos cansados durmiendo en todos lados (síndrome de apnea del sueño).

Y así podríamos ir sumando enfermedades una tras otra, porque nuestro cuerpo, porque el mismo ser humano no ha sido diseñado para ser obeso.

Hemos sido víctimas de nuestro propio éxito alimenticio, porque al tener disponibilidad de alimentos y tiempo para degustarlos sin tanta actividad física hemos abierto una caja de pandora de enfermedades en nuestros organismos, y lamentablemente esas enfermedades tienen un costo.

Si bien podríamos ponernos a definir los costos e impacto monetario en el sector salud y la sociedad en general, la verdad es que el primer costo es familiar. Imaginemos que el padre de familia, el sostén de la casa, el proveedor, el pilar, sufra un infarto al miocardio y no muera, sino que quede con falla del corazón (insuficiencia cardiaca) de por vida, incapaz de trabajar y convirtiéndose ya no en el pilar de la casa, si no en una carga de cuidados y gastos que imprime estrés económico y funcional a su familia.

Tras ello el impacto que ello implica a la sociedad donde enfermedades que inician en la obesidad, evolucionan a diabetes y de ahí a enfermedad renal (insuficiencia renal) y requieren de diálisis por dar un muy costoso ejemplo, desgastan el gasto público y los presupuestos de salud, además del agotamiento de sus cuidadores (de los enfermos).

Entonces aparece el fantasma de la depresión, desde la raíz de la perdida estética de la obesidad ante la definición de belleza corporal que nos rige en la sociedad… hasta la depresión por la pérdida de las funciones del cuerpo y la perdida de la salud.

*Dr. Etzel Piña Pérez. Coord. De Medicina Interna. OOAD IMSS Morelos

La Jornada Morelos