

El documental “Visas al Paraíso”, de Lillian Lieberman, nos brinda una mirada profunda a la monumental figura del diplomático
(Tercera y última parte)
Luego de la excarcelación del total de la legación, incluidos el cónsul Gilberto Bosques y su familia, al llegar a México, en la Estación del ferrocarril Buenavista del entonces D.F y descender al andén, el cónsul fue cargado en hombros rumbo a la salida, tal fue el agradecimiento con que lo recibieron cientos e incluso miles de migrantes salvados junto con sus familias por él sin importarle las consecuencias.
Pablo Echeverría Zuno agrega que en esas visitas que hacía a casa de don Gilberto con su amiga Eréndira nieta del cónsul, lo recuerda con gran aprecio. “Nos contó que cuando se le acababan los documentos oficiales en tanto le llegaban otros, era tal el apremio de México por otorgar salvoconductos que los elaboraban y firmaban entre varios integrantes de la legación con sellos incluidos para oficializarlos. A don Gilberto le encantaba platicarnos, era un gran conversador”.
Después de la guerra fue nombrado Embajador en Portugal y luego en Suecia y de ahí en Cuba donde a don Gilberto le tocó la dictadura de Batista y su transición a la Revolución cubana, (perdón, pero de un dictador a otro), por cierto don Gilberto detestaba a Batista por suerte este nuevo nombramiento se dio ya cerca de su retiro. Y lo vivió entre 1953 y 1964 cuando ahí también salvó a varios cubanos de la persecución de Fulgencio Batista a los que ayudó a salir de la isla.
Fue tan valioso su quehacer diplomático tanto en Francia como en Cuba, que la UNESCO en 2022 lo reconoció como parte del patrimonio Memoria del Mundo. Su hija mayor Laura Bosques, recibió durante el sexenio pasado el certificado en Palacio Nacional. En vida -–falleció en la CDMX en 1995-, fue merecedor de varios y valiosos homenajes, entre ellos su nombre está inscrito en letras de oro en el Congreso de su natal Puebla. En la SRE, su busto se encuentra en la llamada Plaza Juárez, justo a la entrada de la dependencia y aunque se le ha mencionado en varios discursos, no conozco una gran avenida en México que lleve su nombre como en la Viena otrora nazi –de ahí era Adolfo Hitler–, ni tampoco que haya una plaza que lleve su nombre como en Marsella, Francia.

Coincido con el investigador y periodista José María Muriá, que opina que en lugar de ser llamado don Gilberto “el Schindler mexicano”, el empresario europeo, -aunque admirable y no le resto ningún mérito-, debía ser llamado “el Bosques alemán” ya que nuestro cónsul salvó, no a mil judíos alemanes como Schindler, sino a varios miles más. Por eso, por haber tenido el valor y la vocación de seguir todas las indicaciones que le indicó el general Lázaro Cárdenas cuando lo nombró cónsul general de México en Francia, su vida y su hazaña debían de estudiarse en todas las escuelas de México.
Solo conozco la Cátedra Gilberto Bosques que se impartió en El Colegio de Morelos en 2022. Cuando le pregunté en aquel entonces al entonces rector Juan de Dios González Ibarra, el porqué de esa cátedra, me respondió que se debía a la gran admiración que sentía por el diplomático mexicano al que calificó de un héroe en la II Guerra Mundial. Echeverría Zuno me comenta que “Lillian Lieberman autora del documental ´Visas al Paraíso´, lo presentó hace un tiempo en la Sala Juan Dubernard del Palacio de Cortés. “E incluso al término, -agrega Pablo- en medio de los saludos, me acerqué a ella y le dije que yo había conocido a don Gilberto Bosques, pero como que no me creyó”.
Así que busco la descripción del documental “Visas al Paraíso” y tan pronto comienzo a leerlo me atrapa desde sus primeras líneas, vean si no: “Conocí a Gilberto Bosques el día que cumplió 100 años. Este personaje que fue héroe no fue un burócrata por eso hizo mucho más: entregó visas a todo aquel que pidiera apoyo aún a riesgo de su propia vida. Mi amiga María O´Higgins, me invitó a su fiesta. Confieso que yo no había escuchado hablar de Bosques, al llegar a su casa, su hija Laura me contó rápidamente su hazaña en la Francia ocupada.
Apagué mi grabadora. Dejé todo y me fui a sentar junto a él. Fue impresionante, inmediatamente sentimos una enorme simpatía y confianza de uno hacia el otro por lo que me dio varias entrevistas…en cada ocasión tomábamos café y yo lo escuchaba mientras la grabadora corría. La consigna era no interrumpirlo, dejarlo hablar…Cuando terminó entendí que a lo largo del siglo que vivió, don Gilberto fue partícipe de la historia de su tiempo. Él murió en 1995, dos años después de que le hiciera las entrevistas. Él conocía que no vería el trabajo concluido. Con gran lucidez, supo que era un proceso que llevaría tiempo, tan solo lograr el financiamiento fue difícil, pero recuerdo cómo, a lo largo de todo el proceso, sentí la presencia de Dios porque su historia se tenía que saber. Mi meta era regalarle a México un héroe que habían ignorado…y era una pena que su historia se perdiera en el silencio de la historia”.
Concluyo con pesar estas tres columnas con una enorme gratitud hacia la autora mexicana, hija de padres judíos. Dios la bendiga donde quiera que esté por haber hecho lo que el gobierno de México debió de hacer hace mucho. Y ahora sí hasta pronto, a ver qué sigue.

Miembros de ENLACE JUDÍO acudieron a la develación del busto de Gilberto Bosques presidido por José Antonio Meade Kuribreña, Secretario de Relaciones Exteriores acompañado por Jennie C. de Serur, vicepresidenta del Instituto Cultural México-Israel. Esto fue el 20 de julio de 2015. Foto e Información: SRE proporcionada a la autora por Pablo Echeverría Zuno, amigo de Eréndira, su nieta.

