

Lesiones de tránsito: una amenaza silenciosa para millones de mexicanos
José Arturo Valdés Méndez y Elisa Hidalgo Solórzano*
Las lesiones no fatales provocadas por siniestros de tránsito son un serio problema de salud pública en México. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2021-2023, aproximadamente 1.6 millones de personas han sufrido este tipo de lesiones, lo que representa 1.31 por ciento de la población. En las últimas dos décadas, el número de personas lesionadas ha aumentado 44 por ciento, y este problema se presenta más frecuentemente entre los hombres (7 de cada 10) cuya edad promedio es de 32 años. Además, 80 por ciento de estas lesiones ocurren en zonas urbanas.
Uno de los grupos más afectados es el de los motociclistas, quienes representan casi 45 por ciento de las personas lesionadas. Aunque el empleo de motocicletas ha aumentado en todo el país, el uso de casco sigue siendo alarmantemente bajo, sobre todo entre las mujeres. Entre la población adulta (20 años o más), sólo 20 por ciento de las mujeres motociclistas usan casco, en comparación con 63 por ciento de los hombres, lo que incrementa el riesgo de lesiones graves o fatales por traumas craneales.
En el caso de las mujeres y la población menor de 10 años, la mayoría de las lesiones ocurrieron cuando ocupaban vehículos de motor de cuatro ruedas o más. Sin embargo, el uso de medidas de protección como cinturones de seguridad y/o sistemas de retención infantil (SRI) ‒conocidos como “sillas portabebé” o “sillas para auto”‒ es bajo. Sólo 3.3 por ciento de las niñas usan SRI, en comparación con 41.4 por ciento de los niños. Entre adolescentes de 10 a 19 años, 32 por ciento de las mujeres reportaron emplear cinturón de seguridad, mientras que el uso entre los adultos fue más alto: 60 por ciento en hombres y 49 por ciento en mujeres. Es preocupante que el empleo de estos dispositivos sea mucho menor entre los niños y adolescentes que entre los adultos, ya que ello aumenta el riesgo de sufrir lesiones graves o de morir en un siniestro vial.
Otro aspecto importante es el consumo de alcohol antes de un siniestro vial. El 8 por ciento de las personas lesionadas habían consumido alcohol en las seis horas previas a la lesión. Este comportamiento es uno de los principales factores de riesgo que incrementan la gravedad y mortalidad de las lesiones, pues se estima que el 19.5 por ciento de las muertes de los ocupantes de vehículos de motor en una colisión de tránsito está relacionado con el consumo de alcohol.

El impacto de las lesiones de tránsito en el sistema de salud es de dimensiones alarmantes. Más de 90 por ciento de los lesionados acudieron a una unidad de salud para recibir atención médica, y casi 30 por ciento reportó secuelas permanentes, por lo cual se estima que 475,640 personas estarían viviendo con secuelas tanto físicas como mentales. Esto representa un incremento preocupante de 32 por ciento en las secuelas permanentes, entre los años 2000 y 2023.
El incremento en las lesiones de tránsito no fatales muestra que es necesario redoblar esfuerzos para proteger a los usuarios de las vías de tránsito, especialmente a los motociclistas, niños y adolescentes. Es crucial aumentar la percepción de riesgo en la población, promoviendo la adopción de conductas seguras como el uso del cinturón de seguridad, de los SRI y del casco.
Para lograr la seguridad vial, es esencial aplicar políticas con un enfoque integral que, además de contemplar la actualización de las leyes respectivas, también garantice su cumplimiento. En particular, para reducir el riesgo asociado a conducir bajo los efectos del alcohol, es importante aplicar controles rigurosos de alcoholimetría, sancionar a quienes infringen las normas, implementar programas de rehabilitación para infractores reincidentes y difundir permanentemente los peligros de beber y conducir.
Otras estrategias clave incluyen: actualizar las normativas de seguridad vehicular según estándares internacionales; incorporar nuevas tecnologías y seguridad activa, a fin de proteger tanto a ocupantes de vehículos motorizados como a peatones, ciclistas y motociclistas, y mejorar la infraestructura vial, para hacer las calles más seguras y reducir los riesgos, especialmente en zonas urbanas. Es apremiante el fortalecimiento de las políticas que limiten la velocidad para prevenir colisiones y proteger la salud de todos los usuarios de las vías de tránsito.
* Especialistas en salud pública. Invitados por el Dr. Eduardo C. Lazcano Ponce

