Hoy es el Día Mundial de Lucha Contra el Cáncer de Mama. Muchos de nuestras lectoras y lectores lo saben gracias a las campañas que se transmiten en estos días para hacer conciencia de un mal tan grave y generalizado en nuestro país. Durante mucho tiempo comentar este tipo de padecimientos estaba reservado para el círculo más íntimo y se hablaba en bajita voz entre los mas cercanos. El esfuerzo de médicos y voluntarias y voluntarios ha sacado a la luz el que se hable del mal sin un sentido siniestro y fatal. Ese es el primer gran paso: reconocerle a tiempo y emprender los tratamientos pertinentes sin mayor aflicción que la que genera su combate directo.

Hace algunos años tuve la oportunidad de tratar al Doctor Fernando Guisa Hohenstein, pionero y fundador de la Fundación de Cáncer de Mama A.C.. Era el médico personal de una hermana de mi mamá y gracias a esa relación nos contactamos. No aceptó el doctor que lo visitara. Él mismo se presentó en mi oficina a pesar de mi insistencia que debía ser al revés dada su categoría y prestigio. Su insistencia fue la primera señal de su probidad y compromiso.

Yo tenía la responsabilidad del tiempo oficial del gobierno en las estaciones de radio y televisión concesionadas. No fue posible tejer una gran campaña y debo decirlo hubo poco interés por el tema en las partes. Al sector salud le parecía poco relevante frente a otros padecimientos nacionales. A los concesionarios no les aportaba recursos así que mientras no se le ordenara por oficio con cargo al tiempo oficial no estaban dispuestos a ceder un segundo de sus transmisiones. Quedé mal con el Dr. Guisa. FUCAM cumple 24 años ya, y el doctor recién 86. “Hagamos del cáncer de mama una enfermedad del pasado” su lema mas que vigente heredado, por lo que se ve en su página, a sus hijas hoy responsables de la Fundación.

Por fortuna hoy la situación es diferente. Gracias a iniciativas como las de esa fundación, cientos de asociaciones civiles y otras iniciativas globales, la guerra contra ese mal va sumando vencedoras.

En mi familia y creo que en muchas familias el mal se presentó y se multiplicó recientemente. Muchas han perdido la batalla, pero muchas más, la mayoría ha ganado salud y carácter para luchar de frente con un ánimo guerrero que se consolida con la ayuda generosa de los servicios de salud públicos y privados. Hasta hoy no he escuchado una sola queja por la atención médica a pacientes que inician y cursan después tratamientos traumáticos que reciben con aplomo agradecidas por el auxilio. Son guerreras y son generosas con quien les extiende una mano ya sea a través de un consejo, una mastografía, una cirugía, una peluca o una manga para sus brazos lastimados.

Ninguna ayuda es pequeña: mi hermana y mi sobrina han ganado poco a poco todas las batallas. Mi otra hermana y otra sobrina que nada padecen donan jabones y cremas terapéuticas que ellas mismas producen con su empresa “La Biologuita” con la única retribución de ver alivio en las pacientes.

Cuando estuve en los Pumas de la UNAM en esta fecha hicimos una campaña con los testimonios de guerreras triunfadoras y fotografías de quienes partieron, literalmente le partieron el corazón a los aficionados que en el medio tiempo del partido miraron esas imágenes en la gran pantalla de un Estadio Olímpico Universitario vestido de color rosa gracias a las playeras conmemorativas que donó la empresa Suzuki. Ninguna ayuda es pequeña pero si proviene de grandes empresas potencializa el combate y crea condiciones para que ,por ejemplo, FUCAM haga alrededor de 50 mil mastografías al año, 70 mil consultas y dos o tres mil cirugías cada año. En su página se puede conocer a las empresas -muchas pero insuficientes- que apoyan esta guerra. Destaca el Tren de la Salud del poderoso Grupo México dispuesto ocasionalmente para realizar consultas y mastografías por toda su ruta.

El año pasado cayó en mis manos un ejemplar de la guerrera Elvira Aguilar que recoge las historias muy íntimas de pacientes maravillosas en su lucha. Lo editó Novartis y su título es más que elocuente: Nunca estuve sola. Así debe ser siempre y en cualquier caso. La certeza de la compañía familiar como se pueda vale tanto como la medicina. Nunca las deje solas. Ellas mismas lo agradecen en los mismos pasillos de los hospitales públicos que a pesar de estar saturados esperan en largas filas a que les toque el turno para su consulta, sus análisis y sus cirugías siempre con una sonrisa y una paz que se contagia. Hoy recuerde a sus guerreras y apóyelas desde donde se pueda, como se pueda con la convicción de que lo hace como parte del tratamiento a veces cruel que tienen que padecer forzosamente.

*Director de Factor D Consultores

Grupo de personas posando para una foto

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Foto: Cortesía del autor

 

Fernando González Domínguez