“Decidí sorprender a la vida y lo estoy haciendo”. Son palabras de Gilda Cota, al ser entrevistada al final de la competencia de lanzamiento de bala, en la que obtuvo medalla de plata, en los juegos paralímpicos que se celebraron este verano, en París. A Gilda le diagnosticaron esclerosis múltiple. Previo a acudir a la cita parisina, fue sometida a sesiones de quimioterapia. Sin duda, es un ejemplo de actitud ante la vida. Ese es el sello identitario de las personas con discapacidad. Su fortaleza mental es de acero.

A propósito de lo que vimos en las competencias paralímpicas, que muestran una historia de lucha vital detrás de cada atleta, comparto con usted amable lector(a) algunas reflexiones.

1. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda INEGI, 2020, de los 126 millones de habitantes que conforman nuestro país, 4.9% son personas con discapacidad o con alguna limitación. De éstos, el 53% son mujeres y 47% son hombres. Cerca del 41% se ubican en el rango de edad entre 60 y 84 años. Los datos reflejan una realidad inobjetable: se trata de un grupo en situación de vulnerabilidad, que como tal requiere contar con políticas públicas claras y específicas, con enfoque en derechos humanos. Ellos, menos que nadie, pueden quedarse atrás.

2. En convenciones internacionales y en leyes nacionales se reconoce a las personas con discapacidad, el derecho humano al deporte y la consecuente obligación del Estado de generar las condiciones para su efectivo ejercicio (infraestructura, presupuesto, acceso, entre otras).

3. Es cierto, los juegos que tradicionalmente son seguidos con mayor interés y fervor, por parte de la gente, son los de los atletas sin discapacidad; a éstos, los medios de comunicación les dedican horas y horas de transmisión, incluso semanas previas a su celebración. Es natural que se recuerden los nombres de héroes olímpicos por sus proezas, sus medallas y sus gestas en la pista, la alberca, el ring, el tatami o los aparatos de competencia. Se recuerda a Michael Phelps, Katie Ledecky, Simon Biles, Teófilo Stevenson, Nadia Comaneci, Jesse Owens, Carl Lewis y, ahora, Leon Marchand. En México, a María Espinoza, Raúl González, Paola Espinosa, Daniel Bautista, Osmar Olvera.

4. Ante la dificultad o imposibilidad de recordar o nombrar a un héroe paralímpico, es inevitable preguntar ¿por qué?

De inmediato se pensaría en que los juegos paralímpicos son de reciente incorporación, a diferencia de los olímpicos que tiene más de un siglo de celebrarse (París albergó la trigésima tercera edición). Sin embargo, en Francia se llevó a cabo la décima séptima paralimpiada (la primera acaeció en Roma, en 1960). En un comparativo general tenemos que en los recientes Juegos Olímpicos participaron 10500 atletas, provenientes de 206 países, mientras en los Juegos Paralímpicos hubo 4400 atletas, de 184 países. En estos últimos, se tiene la particularidad de contabilizar competencias para personas con discapacidad mental y deportes para personas con discapacidad visual, además de las propias para personas con discapacidad física. No me parece que los años transcurridos, ni el número de competidores, ni de países, sean datos determinantes para ese desequilibrio entre unos juegos y otros, en cuanto a interés de la audiencia.

5. Veamos el esquema de programación. Los juegos paralímpicos siempre se celebran después de los olímpicos. Esto, que parece poco relevante, tiene mucho impacto. Parece que luego de la fiesta deportiva de los deportistas sin discapacidad, viene un decaimiento en la euforia y espíritu de todos: aficionados, medios de comunicación, empresas televisoras y patrocinadoras. Los ratings se imponen. Afortunadamente, en las dos últimas ediciones, una empresa ha decidido dar la misma importancia en la cobertura de transmisión, lo que ha provocado mayor atención y seguimiento de la gente a lo que realizan las y los deportistas con discapacidad.

¿Cómo lograr mayor paridad? Habrá que estudiar con seriedad a quienes proponen la alternancia en el orden de celebración. Que primero sean los olímpicos y luego los paralímpicos, pero al siguiente ciclo se realicen en primer lugar los paralímpicos y luego los olímpicos. Y así sucesivamente. De esa manera se lograría equilibrar, en el ánimo de las personas, la importancia que por igual tienen ambos eventos.

Mientras los y las atletas sin discapacidad sorprenden al mundo, los y las atletas con discapacidad sorprenden a la vida. En un ejercicio de mínima humildad debemos reconocer que sus logros y hazañas son de mayor alcance y trascendencia. Busquemos seguir el ejemplo de los héroes paralímpicos. Gilda Cota es mi heroína paralímpica. Tiene mucho fondo y enorme sentido su lema:” estamos sorprendiendo a la vida”.

* Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) / eguadarramal@gmail.com

Enrique Guadarrama López