Vengo de una familia peculiar. Peculiar en el mejor de los sentidos, mi abuelo paterno creció en un ambiente muy humilde, trabajó hasta reventar para darle oportunidades a sus hijos, nunca estudió, sin embargo mi padre se tituló con el mejor promedio de su generación en la facultad de leyes de la UNAM, al mismo tiempo creció rodeado de un ambiente bohemio, donde en esos años se declamaba en fiestas poesía con un cigarro en la mano y con la otra se gesticulaba ese aire de solemnidad intelectual.

Mi abuelo materno creció huérfano y después fue adoptado por una familia que lo cobijó con lo mínimo, trabajó hasta reventar para darle oportunidades a sus hijos, nunca estudió, sin embargo mi madre estudió pedagogía en la UNAM, su hermano (mi tío) aprendió a ser programador trabajando en IBM muy joven, fundó el primer centro de cómputo de Mazatlán y estudió posgrados en España.

Mis hermanos y yo no hemos sido diferentes, los tres hemos estudiado una carrera y un posgrado, mi hermana sigue con el doctorado.

Todo eso crea un ambiente fantástico en el que crecer, un contexto cultural que creo que me ayudó mucho a entender la vida como la entiendo. Uno no elige dónde nace, pero puede ser, y yo lo soy, consciente de sus privilegios y agradecerlos.

Sin embargo, ese contexto, al menos tal como yo lo asumí, crea una cierta autoconciencia de que lo serio y lo solemne son peldaños para la posteridad. Crecí escuchando hablar de maestros y discípulos, de producción científica, de grados, de libros, de las clases que imparte mi padre, de masonería, es decir, de un cierto legado de la formalidad como vía.

Hay una idea, de raíz cristiana, que se basa en el dar ejemplo y que se suma a una concepción de lo respetable como algo serio, adusto incluso. Venimos de una idea de la cultura como un lugar duro e inasequible. Y son conceptos que creo que no nos hacen ningún favor, por lo menos en mi memoria no conservo ninguna imagen de Jesús haciendo algún chiste, o bromeando con sus discípulos.

Cuánto cuesta deshacerse de esos prejuicios, de la conciencia de quién eres, de lo serio, del qué dirán, de hacer las cosas como deben hacerse, para hacer lo apropiado, lo correcto, que suele ser algo que marca distancias, límites y cotos cerrados. Qué complicados es hacerlo para escribir lo que quieres escribir, para contar lo que crees que hay que contar, para bromear o dejar que otros bromeen, para reírte un poco, para bailar y para derrumbar esas barreras que rodearon tradicionalmente a todo lo que tuviera que ver con la cultura, convirtiéndola en el coto de unos pocos, y calificando todo lo que quedaba fuera como lo vulgar.

Ahí está la vida.

Lo mismo me pasa con muchos colegas músicos cuando les llevo un arreglo de música que está fuera de los aires de lo “culto” o de lo serio, en más de una vez me ha pasado que les cuesta o les apena tocar ciertas cosas, sólo porque se escapa de los aires de lo complicado.

Afortunadamente los engranajes de la “academia” cada vez tienen menos fuerza, y los muros que rodearon el coto de algunos tarde que temprano terminaran por agrietarse.

¡Qué pereza no poder vivir con humor! y con la ligereza de ser, por el miedo a no ser tomado en serio, vivir sin poder improvisar porque la autoridad de lo formal te ata los cordones, y es imposible poder bailar así.

“Hay que viajar a más lugares que no son ni el más espectacular, ni el más grande, ni el más bonito ni aquel al que todo el mundo va, porque eso también ayuda a recalibrar, a entender que no todo es excepcional, único, trascendente. Y que no sólo no pasa nada, sino que eso es lo mejor que puede ocurrir” Jorge G.

Tras de mí una escena y diez mil frases que repetir,

ya ves, lo que es no es.

Yo no voy a contar lo mejor, a ocultar lo peor,

me pongo el mejor chaqué.

No digo lo que digo,

hago lo que no hago,

al revés, al revés, porque

ser valiente no es sólo cuestión de suerte.

A veces no soy yo,

busco un disfraz mejor,

bailando hasta el apagón.

¡Disculpad mi osadía!

Vetusta Morla

Foto en blanco y negro de una persona con un micrófono en la mano

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Imagen cortesía del autor

Andrés Uribe Carvajal