

Son pocos los datos referentes a los primeros años de vida de Gregorio López, su biógrafo, el padre Francisco Losa, menciona que fue nativo da la villa de Madrid, en su obra La vida que hizo el Siervo de Dios Gregorio López en algunos lugares de esta Nueva España…, se establece que nació el 4 de julio de 1542 no así con el nombre de sus progenitores por lo que mucho se ha especulado respecto al personaje. Pese a la escasez de información respecto a los padres de Gregorio López, se ha llegado a especular que fue un hijo ilegitimo de Felipe II, lo anterior cobra relevancia cuando en la obra del padre Losa, tanto un conocido del personaje así como el propio Gregorio le relataron que este se había desempeñado en su temprana juventud como paje en la corte real. Esto ha alimentado la especulación sobre la posible paternidad de Felipe II.
Los motivos por los que Gregorio López viajó de España al Nuevo Mundo son tan poco claros como sus orígenes familiares, el padre Losa relata que pese a haber convivido con él por muchos años, López nunca mencionó cuál fue el motivo real de su viaje. “Nunca pude saber –escribe Losa– con claridad de Gregorio López que motivos tuvo para pasar a estas partes…” Fue hacia 1562 a la edad de veinte años cuando Gregorio López arribó al puerto de San Juan de Ulúa, un hecho que lo diferencia de la mayoría de los viajeros cuyo principal motivo de viaje era la búsqueda de fortuna en las tierras por descubrir, Losa menciona que al llegar al puerto se despojó de la mayor parte de sus pertenencias quedándose con lo mínimo para trasladarse a la Ciudad de México.
Al poco tiempo Gregorio López abandonó la Ciudad de México emprendiendo su camino hacia la región de la Huasteca, lugar en el que por muchos años tomó una vida como eremita. En 1580 cuando su estado de salud comenzó a deteriorarse, debido en parte a las privaciones alimenticias que él mismo se había impuesto al elegir una vida de ermitaño, así como por las condiciones climáticas. Se le recomendó que para recuperar su salud viajar al sur, a las tierras Marquesado del Valle de Oaxaca, para atenderse en el recién fundado Hospital de la Santa Cruz de Oaxtepec propiedad de los Hermanos de la Caridad.
Al llegar a Oaxtepec, Gregorio López fue recibido por Fray Esteban de Herrera quien se desempeñaba como el Hermano Mayor en el Hospital de la Santa Cruz, el cual tras recibir la orden del propio Bernardino Álvarez, principal de la congregación, dio todas las facilidades para que Gregorio fuera hospedado con comodidades. Estando en Oaxtepec López puso en práctica los conocimientos adquiridos en la Huasteca respecto al uso de plantas con valor medicinal, pero en esta ocasión ya no solo de manera personal, sino que Gregorio López plasmó sus conocimientos en una de las obras de medicina y herbolaria más importantes de su época, el Tesoro de Medicinas el cual incluso llegó a ser utilizado por la Universidad de México en sus cátedras de medicina. La manufactura de su libro se prolongó por la mayor parte de la década de 1580.
No se trató de un hecho meramente fortuito que Gregorio López durante su estadía en el Hospital de la Santa Cruz escribiera este libro, hay que recordar que pese a tratarse de finales del siglo XVI, Oaxtepec seguía manteniendo el prestigio en materia de conocimiento herbolario que ostentó durante el periodo prehispánico. Por otra parte, en Oaxtepec aún existían los restos del jardín botánico de Moctezuma Ilhuicamina el cual contó con un gran número de plantas tanto de ornato como con propiedades medicinales utilizadas en distintos rituales. Lo anterior sin duda fue de gran utilidad para Gregorio López. La tradición indígena, así como el conocimiento europeo crearon una relación sincrética que dio paso a un avance en el conocimiento científico novohispano, bastante alejado de la Leyenda Negra del periodo virreinal en América.
Aunque vivió por nueve años en el Hospital de la Santa Cruz, Gregorio López no llego a ver impresa su obra, ya que esta se difundía mediante copias de las 43 hojas del manuscrito original y que el propio Gregorio López fue aumentando al paso de los años. La primera impresión del Tesoro de Medicinas data de 1672, 76 años después de la muerte del autor la cual sucedió en 1596. Para cuando se publicó por vez primera el Tesoro de Medicinas como un libro en forma, así como su primera reimpresión en 1674, este agrupaba un índice total de 503 plantas, frutos, semillas, raíces, bebidas y minerales con algún valor medicinal que pudiera ser ocupado como remedio. El trabajo de Gregorio López, es especialmente una copiosa compilación de recetas empíricas, muchas extravagantes, como resultado de una sociedad sincrética en formación.

Si bien el Tesoro de Medicinas no fue el único tratado de medicina de este periodo, la singularidad de este libro se basó en la simplicidad de sus explicaciones ya que carecía del lenguaje médico típico de la época, esto facilitó la lectura de aquellas personas con conocimientos básicos de herbolaria y medicina en lugares alejados de los grandes centros de población, además de explicar el método en que debían ser aplicados los tratamientos.
En los años 90 del siglo pasado, el Instituto Mexicano del Seguro Social realizó una reimpresión del Tesoro de Medicinas de Gregorio López, de la cual hoy en día todavía pueden encontrarse algunos ejemplares a la venta. Por su valor histórico y científico, es importante recordar que el periodo virreinal no se trató de una época oscura como la Leyenda Negra ha pretendido hacernos creer, con cierto éxito, sino también como una época en la que sendos intelectuales aportaron al desarrollo de la sociedad y al conocimiento universal.
*Historiador

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