

Con los cinco nombramientos anunciados este miércoles por la gobernadora electa Margarita González Saravia para su gabinete de política y seguridad pública, ha quedado bien definido el equipo que la acompañará desde el inicio de su administración, y con ello hay un mensaje claro de cambios no solo en las personas y la estructura del gobierno, sino en la filosofía con la que se enfrenta la administración pública y la política estatal.
Un sustantivo reiterado en la presentación de los gabinetes ha sido “equipo”, y cada grupo de colaboradores parece tener muy claro que la idea es el trabajo coordinado para generar resultados a favor de la población. El que se presentó este miércoles, por ejemplo, suma a las oficinas donde se diseñan las políticas públicas, las iniciativas de ley del Ejecutivo, donde se mantiene la gobernabilidad del estado, y donde radica el comando de las fuerzas de prevención y ahora de también de investigación de los delitos.
Se trata de una integración en la que, además, según anunció la propia gobernadora, tendrán que incluirse a otras áreas del gabinete, como la social, para que la prevención del delito pase también por la educación, el combate a la pobreza, la alimentación, la protección a las mujeres, el acceso a la salud. También deberá participar el área económica, para garantizar la inversión y la generación de empleos; la administrativa, para garantizar los recursos suficientes para mejorar el pago a las fuerzas policiales y su equipamiento.
Mención aparte merece el hecho de que los 32 integrantes del gabinete son ampliamente conocidos y gozan de buena fama pública en los círculos en que se han desempeñado; y la mayoría de ellos son morelenses con un amplio respaldo social y profesional.
El regreso a la política local de Juan Salgado Brito puede ser para muchos una señal de que el inicio de la administración de Margarita González Saravia ofrece esperanza y honestidad. El político activo con más experiencia en Morelos se unió, y puede pensarse o desearse que así haya sido con el resto, por compromiso con el estado, con su gente, y no por insertarse en la burocracia más alta del estado.
La seguridad, y todos los otros pendientes que dejó la administración de Cuauhtémoc Blanco siguen ahí, pero esta vez parece que hay una esperanza de que las cosas cambien. Y no se trata de una fe ciega, como la de cualquier inicio de gobierno. Esta vez hay una esperanza porque ya hay un esbozo de las políticas públicas.

Cierto que no hay una descripción profunda y puntual de la estrategia de seguridad, lo que resulta lógico dado lo delicado del tema; pero sí se han presentado esbozos interesantes de trabajo conjunto, de participación social incluso con la Iglesia, de mejora en las condiciones de vida y trabajo de las policías, de coordinación con los municipios y los poderes del Estado. Lo que significa una nueva estrategia que tendría que rebautizarse para no cargar con la mala fama del Mando Coordinado.
La paz la construimos todos, advierte la gobernadora electa y tiene razón, pero el liderazgo la toca al gobierno, y esta vez parece dispuesto a ejercerlo.

