Tuvieron que pasar por lo menos tres décadas para que la sensatez volviera a las relaciones entre el Ejecutivo de Morelos y la alcaldía de Cuernavaca. Después de legendarios enfrentamientos entre alcaldes y gobernadores, algunos discretos y otros con nivel de escándalo; Margarita González Saravia y José Luis Urióstegui Salgado, gobernadora electa y alcalde de Cuernavaca, decidieron dejar atrás los pleitos y las suspicacias y ponerse a trabajar por Morelos y su capital.

Romper las tradiciones políticas y los hábitos burocráticos no es asunto sencillo, se requiere la buena voluntad, pero también el liderazgo suficiente sobre cada uno de los equipos para que cambien las actitudes de disenso por las de colaboración. Hasta ahora, tanto la gobernadora que iniciará funciones el 1 de octubre, como el alcalde que ya ejerce en Cuernavaca y estará iniciando su segundo trienio en enero próximo, han mostrado interés de diálogo, deseos de colaboración y un objetivo común, mejorar las condiciones de vida de los habitantes de Morelos y de su capital, lo que han demostrado incluso en los hechos, como un ejemplo para sus subalternos.

Falta mucho trecho, es cierto, y el camino de la política en Morelos también suele ser más de traiciones y rupturas que de colaboración genuina. Pero Margarita y José Luis han demostrado una intención evidente de alejarse de esas prácticas y construir, por primera vez en la historia del estado de Morelos, una alianza plural, pluripartidista mediante un ejercicio cercano a la ciudadanía, que restaure la confianza de la gente en sus gobiernos y que permita así trabajar en conjunto para mejorar al estado y a su ciudad más grande.

La figura de la pipa de la paz no quedaría como un símil porque la gobernadora electa y el alcalde jamás estuvieron peleados. Pese a haber sido postulados por diferentes partidos, los dos son morelenses comprometidos con el estado, con la ciudad y con su gente. Con ello es fácil diluir las artificiales fronteras ideológicas y partidistas, deponer los intereses de grupo y construir para el bien de la población, lo que la ciudadanía exige a sus políticos.

Si la gobernadora electa y el alcalde logran superar las presiones que el sesgo partidista que algunos en sus equipos podrían imponerles, muy buenas cosas vendrán para Morelos en el futuro cercano. El futurismo electoral, la mezquindad política, las suspicacias y el cálculo de beneficios de grupo han sido siempre los componentes del distanciamiento entre el Ejecutivo de Morelos y el Ayuntamiento de Cuernavaca, ninguna de sus formas es conveniente para la política que merecen los morelenses, un ejercicio con altura de miras es responsabilidad de la gobernadora y del alcalde, pero también de sus equipos, a quienes deberán imponerles esa mística de servicio público. La pluralidad política no es un pretexto para el pasmo de los gobernantes y mucho menos para su fata de resultados.

La buena señal que han dado Margarita y José Luis este viernes deberá alimentarse con hechos y con buenas intenciones, con comunicación frecuente y con una sociedad y clase política que entiendan que las banderas partidistas solo sirven, y cada vez menos, para cuestiones electorales, nunca para el ejercicio de los gobiernos.

La Jornada Morelos