

A principios de este año, los internacionalmente reconocidos y galardonados periodistas de investigación Anabel Hernández y Tim Golden publicaron artículos en portales de noticias de gran prestigio (The Deutsche Welle y ProPublica) donde detallan las turbias relaciones del gobierno de la 4T, particularmente de AMLO, su familia y sus colaboradores más cercanos, con el crimen organizado. Poco tiempo después los periodistas Alan Feuer y Natalie Kitroeff publicaron un artículo en The New York Times en el que se abunda sobre estos oscuros vínculos entre el gobierno de AMLO y los cárteles de la droga en México. Como era de esperarse, el presidente negó todo en su homilía mañanera diciendo que eran calumnias orquestadas por los “conservadores” internacionales (¿cuáles? ¿quiénes?) para perjudicar a su gobierno. Incluso dijo que el destacado periódico The New York Times era un “pasquín inmundo”, queriendo desacreditar con una frase visceral y absurda a una organización periodística que por décadas ha mantenido los más altos estándares de información a nivel internacional. Inmediatamente después, los acólitos de la 4T cerraron filas con el presidente y pidieron pruebas de tales acusaciones. “¡Pruebas, pruebas, pruebas!”, balbuceaban enardecidos. Yo me preguntaba: ¿pruebas cómo de qué? ¿Querían ver contratos firmados entre gobernantes y criminales? ¿Querían facturas fiscales de las transacciones financieras entre la familia de AMLO y el crimen organizado? Es absurdo que los seguidores 4T-ístas pidieran pruebas de acuerdos y transacciones que, por su propia naturaleza, se llevan a cabo en lo oscurito sin dejar pruebas. Pero aun así las pedían.
Casi un año antes de que los artículos de Anabel Hernández y Tim Golden se publicaran, en este mismo espacio de La Jornada Morelos señalamos que había mucha evidencia de que el gobierno de la 4T sí había pactado con el crimen organizado. Ojo, hay mucha evidencia, más no “pruebas”. La evidencia está a la vista de todos, sólo hay que oír las declaraciones del presidente: “Abrazos, no balazos”. “Los delincuentes también son seres humanos, tenemos que protegerlos y respetar sus derechos”. Pero, sobre todo, la evidencia la hemos tenido siempre frente a nuestras narices con la criminalidad que vivimos día con día y que ha crecido de una forma sin precedentes durante el sexenio de la 4T. Por mucho que queramos negarlo no podemos dejar de aceptar que el enorme poderío que el crimen organizado ha obtenido (con violencia extrema) durante este sexenio no podría haberse alcanzado sin la complicidad de las más altas autoridades del gobierno. No estamos hablando del distribuidor de droga de la esquina, sino de organizaciones criminales con alcance internacional que transportan producto y dinero a través de las fronteras de México. Mucho producto y mucho dinero.
Tomemos como ejemplo las remesas (el dinero que los migrantes en EE. UU. envían a México). Durante el sexenio de la 4T las remesas se duplicaron respecto a lo recibido en sexenios anteriores, superando los 63 mil millones de dólares en el año 2023. ¿Por qué? Durante estos últimos seis años el número de migrantes que trabajan en Estados Unidos no se duplicó ni de chiste. Tampoco se duplicó su sueldo. ¿Cómo es entonces que las remesas aumentaron tanto? ¿Será acaso que gran parte de este dinero proviene del narcotráfico con la plena complicidad del gobierno? No es una pregunta retórica o abstracta. Justo por eso, en marzo del 2023 el Departamento del Tesoro de EE. UU. anunció que abriría una investigación en contra del Banco del Bienestar (creado por AMLO) por presunto lavado de dinero (es decir, por recibir dinero del narcotráfico).
Ya son muchos los testimonios de testigos protegidos en EE. UU. que establecen los nexos de AMLO, su familia y sus colaboradores más cercanos, con el narcotráfico. Esos testigos protegidos no son el “narquillo” de la cuadra, sino gente que ha ocupado posiciones muy altas dentro de los grupos del crimen organizado (como Dámaso López Serrano, el “Mini Lic”), o más recientemente, Ismael “El Mayo” Zambada. Por este tipo de declaraciones y testimonios es que Genaro García Luna, el diabólico exsecretario de Seguridad Pública, se encuentra en la cárcel. Es importante mencionar que el sistema de testigos protegidos de EE. UU. no está basado en los chismes de cualquier persona, sino que tiene toda una estructura en la cual las declaraciones de dichos testigos se investigan y corroboran de muchas maneras antes de que sean consideradas válidas. Los gringos no son tontos ni ingenuos. Es indignante ver como AMLO descarta las declaraciones de testigos protegidos en su contra, diciendo que son chismes de los neoliberales, mientras que al mismo tiempo sataniza a García Luna, quien fue enjuiciado y encontrado culpable por ese mismo tipo de declaraciones.
La evidencia de las relaciones de complicidad del gobierno de la 4T con grupos del crimen organizado la hemos tenido ante nuestros ojos durante estos seis años, la hemos vivido en carne propia todos los mexicanos y está documentada en el libro de Elena Chávez (El Rey del Cash), en las publicaciones de Anabel Hernández (incluyendo su libro La Historia Secreta), Tim Golden, Alan Feuer, Natalie Kitroeff, y muchas otras. Las ovejas de la 4T, al igual que su líder, seguirán exigiendo pruebas y más pruebas. Pero el río ya se desbordó y es imposible negarlo porque el agua nos ha llegado al cuello.
*Instituto de Ciencias Físicas, UNAM. Centro de Ciencias de la Complejidad, UNAM.


