

Manejando de regreso a casa, escuché una nota científica en la voz de Joaquín López-Dóriga, un periodista muy conocido en nuestro país. El periodista señalaba: “Hay personas que dicen haber notado un bajón repentino con cierta edad, una sensación de que todo el cuerpo se deteriora a la vez. Ahora, un nuevo estudio encuentra una posible explicación científica: muchas de nuestras moléculas y microorganismos aumentan o disminuyen drásticamente alrededor de los 40 y los 60 años” –comenzaba la narración– y, a medida que avanzaba, el periodista continuaba ofreciendo detalles del estudio en un estilo muy convincente.
Escuchar esa noticia en una estación de radio de alcance nacional me pareció extraordinario, no solo por su contenido, sino porque este tipo de información rara vez se difunde tan ampliamente. Naturalmente, las observaciones reportadas se relacionan con una de las mayores obsesiones humanas: el envejecimiento. El tema es de interés general y cercano a las personas que van por la calle manejando, o que están ocupadas con actividades que no les impiden escuchar la radio. He oído decir que muchas personas se sienten debilitadas a cierta edad. Pero, ya puestos a indagar, ¿tienen estas percepciones una explicación? ¿Son señales de envejecimiento? ¿O simplemente reflejan un cansancio normal interpretado subjetivamente, o tal vez sea una respuesta a los cambios hormonales que se manifiestan después de los 40 años?
La Organización Mundial de la Salud concibe el envejecimiento como el resultado del deterioro gradual de las células, tejidos y órganos, lo que conduce a la disminución de las capacidades físicas y mentales del individuo, y conlleva una mayor susceptibilidad a enfermarse. La heterogeneidad en el estilo de vida de la población humana y su variación genética sugiere ritmos de envejecimiento desiguales. Para algunos, la vejez ocurre a una edad más temprana que la que los estándares sociales califican eufemísticamente como “adulto mayor”. Otras personas muestran un prolongado estado de vitalidad hasta edades muy avanzadas. Razones como estas contrastan con la información presentada en la nota, que señala que los seres humanos envejecemos en dos períodos, en lugar de envejecer gradual pero constantemente.
El estudio original publicado en la revista científica Nature Aging (Shen, X., et al. 2024. Nonlinear dynamics of multi-omics profiles during human aging https://doi.org/10.1038/s43587-024-00692-2), reporta una amplia variedad de cambios en períodos precisos de la vida de las personas analizadas, que van desde moléculas en la sangre (glucosa y factores de inflamación) hasta cambios en el microbioma (bacterias, virus y hongos) que habitan normalmente en el intestino humano. En cada período, los cambios tienen diferentes consecuencias: en los 60 años, los cambios se relacionan con el sistema inmune y la función renal, así como con el metabolismo de carbohidratos, las enfermedades cardiovasculares y el mantenimiento de los músculos y el sistema óseo. En los 40 años, –independientemente de los cambios hormonales– cambia el metabolismo de la cafeína y el alcohol, así como las moléculas relacionadas con el corazón.
Expertos en el tema han tomado esta investigación con cautela y escepticismo. La muestra de poco más de un centenar de individuos y los períodos tan cortos de tiempo en que se les dio seguimiento, hicieron que los autores combinaran los datos en un análisis estadístico poco convincente. La cápsula informativa es verosímil y fiel a la fuente original, hasta donde lo permite su naturaleza periodística, pero habría que enfatizar que el modelo de envejecimiento propuesto aún es objeto de escrutinio y comprobación, y no es la palabra final en el tema. Sobre todo, cuando en noticias como esta, tienen un trasfondo comercial impulsando el negocio de vender juventud, en forma de diagnósticos, dietas y moléculas mágicas, como ya lo hacen algunas compañías nacionales y extranjeras.
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