

Me tomo la licencia de encabezar estas líneas con el título de una de las obras más destacadas del historiador Lauro López Beltrán. El Padre Lauro, nacido en Malinaltenango, Estado de México el 18 de agosto de 1904, pero morelense por adopción, fue un prominente miembro de la curia cuernavacense, un erudito que se consagró a la historia de la Diócesis de Cuernavaca y particularmente a difundir la causa Guadalupana.
En “Morelos Guadalupano” editado en 1950, por la Editorial Juan Diego de Cuernavaca, Morelos, el padre Lauro de manera ágil y objetiva, narró y describió la relación de la Señora del Tepeyac con el territorio morelense, mostró sus profundos conocimientos de historia sacra y patria, son relevantes las alusiones a la construcción del templo de Guadalupe levantado por Don Manuel de la Borda y Verdugo a un costado del Jardín Borda, el fervor del General Morelos y los insurgentes por la virgen del Tepeyac así como la devoción de las fuerzas zapatistas por la advocación mariana, el estandarte guadalupano encabezó a los contingentes surianos que el 6 de diciembre de 1914 entraron a la Ciudad de México.
Mención aparte merecen las líneas dedicadas al Chapitel del Calvario, construido presumiblemente por órdenes de Cortés en 1538 como un humilladero ante el cual se postraron los viajeros, la creencia popular por mucho tiempo consideró de manera errónea que bajo el Chapitel fue enterrado Martín Cortés, el Mestizo. El 10 de mayo de 1772 el párroco de Cuernavaca, Lorenzo Messia y Lovo lo consagró a la Virgen de Guadalupe como continua hasta hoy. El 19 de diciembre de 1934, el tabasqueño Tomás Garrido Canabal “El Enemigo de Dios” quien unos días antes asumió como Secretario de Agricultura del Presidente Cárdenas, ordenó a sus Camisas Rojas decapitar la escultura de la Guadalupana del Chapitel del Calvario, y arrastrarla a cabeza de silla por las calles de la ciudad. El atentado conmocionó a los cuernavacenses que cerca estuvieron de amotinarse, la prudencia del Jefe de Operaciones Militares en Morelos, evitó que la sangre llegara al rio, años después la restaurada imagen en medio de una solemne procesión fue restituida en su sitio.
Sin embargo, el lazo más antiguo de Morelos con la Señora del Tepeyac lo representa la asombrosa talla de cantera que se encuentra en la clave del sotocoro de la Catedral de Cuernavaca, justo sobre la pila bautismal, es una virgen primitiva que canteros de Xochimilco regalaron a los franciscanos en la primavera de 1532 como muestra de agradecimiento por haberles permitido trabajar en la construcción de la Iglesia de la Asunción de María.
En dicho relieve destaca Cristo Rey coronando a la Virgen, a los lados dos ángeles trompetarios con los monogramas de Cristo y María, bajo de ellos y ambos extremos ocho ángeles sostienen la cauda de la Virgen. Expertos consideran esta talla la primera manifestación artística del milagro del Tepeyac, así como una muestra fehaciente de la rapidez con que dichos sucesos se propagaron entre los naturales y mestizos de la Nueva España. Incluso Don Justo Mullor García siendo Nuncio Apostólico en México al conformar el expediente de la Canonización de Juan Diego, integró al mismo, la historia del relieve en cantera de la Catedral de Cuernavaca.
La causa guadalupana tampoco se puede entender sin el sincretismo que acompañó la evangelización en la Nueva España, y los conventos morelenses no fueron la excepción. En 1959 Don Sergio Méndez Arceo promovió una draconiana interpretación del Concilio Vaticano Segundo, esto origino que, con su proyecto de remodelación, la catedral de Cuernavaca sufriera un atentado en su patrimonio histórico y artístico, algo que ni siquiera doscientos años de guerras civiles y extranjeras lograron. Afortunadamente en años recientes el patrimonio fue inventariado y rescatado por medio de restauraciones y la creación del Museo de Arte Sacro. En 1959 cuando el altar lateral de la Virgen de Guadalupe fue destruido, encontraron tras la imagen de la virgen morena, empotrada una figura precortesiana de piedra, era la Tonantzin, la deidad que los antiguos mexicanos cariñosamente llamaron “nuestra madrecita” y que fue adorada precisamente en el Cerro del Tepeyac. Seguramente fue colocada allí como resultado del sincretismo imperante o de la oculta resistencia de los indígenas a abandonar sus antiguas creencias, hoy la talla se encuentra en exhibición en el Museo de Arte Sacro de la Catedral de Cuernavaca.

Más allá de una cuestión de fe o de las creencias de cada persona, nuestro patrimonio artístico y cultural, así como la memoria histórica dan cuenta de que es innegable la estrecha relación de casi cinco centurias, surgida entre Morelos y la Virgen morena, así como de la identidad local que se ha robustecido con el Morelos Guadalupano.

Relieve Guadalupano de la Catedral de Cuernavaca, archivo de RAC.
*Escritor y cronista morelense.

