Malinale Solís 

En el panorama de la danza en México, el nombre de Angélica Kleen ocupa un lugar de profundo respeto. Hablar de su historia es hablar de disciplina, visión y una vida entera dedicada a la formación de generaciones que hoy sostienen el quehacer dancístico del país. 

Piedra angular de la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, la maestra Kleen contribuyó decisivamente a consolidar un proyecto académico que marcó un antes y un después en la profesionalización de la danza en el norte de México. Asimismo, fue parte fundamental en la idea y creación del Ballet de Monterrey, agrupación que elevó el estándar técnico y artístico del ballet en el país, proyectándolo a escenarios nacionales e internacionales. 

Su trayectoria no se limita a la docencia institucional. Ha sido Coordinadora de Danza en la Universidad Nacional Autónoma de México, gestora cultural incansable y asesora de maestros en múltiples estados de la República, convencida de que elevar el nivel pedagógico es elevar el nivel artístico. Su experiencia la ha llevado a formar parte de jurados en importantes plataformas como el Youth America Grand Prix (sede México) y el Festival Internacional de Yucatán, además de colaborar como asesora en el Ballet Nacional de Finlandia. 

Pero más allá de los cargos y reconocimientos, su mayor legado vive en el aula y en la comunidad docente del país. Cientos y miles de maestros agradecen su labor y continúan capacitándose con ella, buscando perfeccionar su práctica pedagógica bajo su guía rigurosa y generosa. Su influencia no se limita a una institución: se expande en cada salón donde un docente aplica sus principios, en cada generación que se forma con bases sólidas y conciencia técnica. 

Todos quienes hemos pasado por sus manos sabemos que su enseñanza trasciende la repetición mecánica de pasos. Para la maestra Kleen, el ballet es pedagogía consciente. De esa convicción nace su valioso material didáctico, “Ballet con técnica”, una obra construida tras años de estudio y experiencia directa con grandes figuras de la pedagogía clásica. En él se detalla, etapa por etapa, la mecánica del movimiento, la terminología, los objetivos formativos, los cuidados esenciales al enseñar y una guía musical rigurosamente estructurada. 

Porque enseñar ballet —como ella lo afirma— no es improvisar ejercicios; es comprender que cada movimiento responde a una alineación corporal específica, a un control postural, a una coordinación neuromuscular y a principios biomecánicos que deben secuenciarse a largo plazo. El fondo es forma. La técnica es arte cuando está sustentada en conocimiento corporal y emocional. Un buen maestro no hace las cosas “porque sí”; las hace con planeación didáctica, conciencia técnica y amor profundo por el proceso. 

Incansable viajera y apasionada de los encuentros humanos, la maestra Kleen ha recorrido México en una cruzada férrea por dignificar la enseñanza de la danza. En nuestro programa La Danza de la Vida ha compartido no solo su experiencia profesional, sino su lado más humano, sus vivencias y la certeza de que la danza transforma vidas, cuerpos y almas. En ese mismo espacio entregó el reconocimiento otorgado a la maestra Nellie Happe, en un gesto que simboliza la continuidad de una tradición pedagógica sólida y generosa. 

Hoy, como testigo directa de su grandeza, escribo también desde lo personal. Yo, Malinale Solís, he sido una maestra profundamente marcada por su guía. En mi vida profesional y en mi vida humana, su enseñanza siempre está latente. No solo me formó en el mundo de la danza; me enseñó sobre la danza de mi propia vida: la disciplina como acto de amor, la exigencia como camino de crecimiento y la excelencia como fuerza transformadora. 

Su conocimiento vive en cada clase que impartimos, en cada corrección consciente, en cada alumno que acompañamos con responsabilidad y pasión. Forma parte esencial de nuestro amor por la danza y por la vida. 

Hoy rendimos honor a quien honor merece. 

Hoy, en nombre de cientos y miles de maestros a lo largo y ancho del país —quienes hemos sido tocados por su disciplina luminosa y su generosidad infinita— elevamos un agradecimiento profundo. 

Gracias por sembrar conciencia donde antes había rutina, por recordarnos que la técnica es un acto de amor y que enseñar es una responsabilidad sagrada. 

Que su camino continúe lleno de escenarios, aulas y corazones dispuestos a aprender. Que siga enseñando, compartiendo e iluminando con su conocimiento cada rincón donde la danza necesite guía. 

Porque mientras exista un maestro que corrija con fundamento, que planee con inteligencia y que ame con pasión el arte que transmite, ahí estará viva su herencia. 

Maestra Angélica Kleen, que la vida le devuelva multiplicado todo lo que ha entregado. Su luz ya es parte del pulso de la danza en México. 

Foto: Cortesía de la autora.
La Jornada Morelos