
Antonio Ponciano Díaz*
Max Weber define al Estado moderno como “una institución que reclama el monopolio de la violencia física legitima dentro de un territorio, basando su poder en la burocracia, la racionalidad legal y la gestión profesional. Se caracteriza por la despersonalización del poder, la administración continua y la financiación mediante impuestos”. El Estado mexicano, en mayor o menor grado, no ha podido consolidarse como un Estado moderno, por un sinnúmero de circunstancias.
Para la presente reflexión, parto del eje central de la conducta “evitar el conflicto” y lo explico a través de los siguientes hechos: el reciente acontecimiento de la muerte de “El Mencho” el narcotraficante más poderoso de México. Desvela una estructura delincuencial que infiltro, por lo que se sabe, todas las estructuras de los tres órdenes de gobierno incluyendo a las fuerzas militares y policiacas, que fueron alimentadas por una política de Estado, “abrazos y no balazos” que se fundamentaron en evitar el conflicto en materia de combate a la delincuencia.
La política pública y su comportamiento, sustentada en evitar el conflicto, los hechos nos demuestran que no es una buena solución, porque inhibe la responsabilidad, el cumplimiento de la ley y fomenta la impunidad, por decir lo menos.
Tanto en el seno familiar como en la escuela, evitar el conflicto con los hijos o con los alumnos, genera un estancamiento porque inhibe el desarrollo socioemocional (el carácter), fomenta la complacencia que limita su madurez y el sentido profundo de la obligación y la responsabilidad, pero, sobre todo, frena el progreso social.
Evitar el conflicto es un patrón de comportamiento y evasión, que fomenta la mediocridad y toda posibilidad de cuestionamientos y crítica. En el ámbito político, fomenta pactos implícitos entre partidos para evitar escrutinios, desvíos millonarios, corrupción, teniendo como resultado una paz superficial. Ahí están los hechos vandálicos con la muerte del Mencho.


