Autonomía y cosmovisión en Groenlandia 

Fernanda Isabel Lara Manríquez 

En Groenlandia habitan alrededor de 57 mil personas de las cuales el 88% o cerca de 50 mil hablan Kalaallisut, mejor conocido como inuit. Pertenece a un dialecto que abarca desde el noroeste de Alaska hasta la costa este de Groenlandia y tiene una variedad dialectal entre 60 a 100 dialectos diferentes. Se trata de un territorio en el cual un 87% de la población se asume como indígena. Los inuit, como todos los pueblos indígenas, han construido una cosmovisión compleja en torno a la madre tierra y a los diversos elementos naturales que la integran. Para ellas y ellos sus ancestros viven en los subsuelos, piensan al sol como mujer, a su vez, como dadora de vida, y a la luna como varón. Consideran que el espacio está invertido y que la vida solo puede concebirse a través de su armonía con el medio ambiente. 

Mujeres inuit comerciando pieles. (CC)

La cosmovisión inuit dota de personalidad a todos los objetos, animales o fenómenos, y consideran que también tienen espíritu o alma a la que denominan inua (persona) que no debe ser ofendida. Para cada elemento existe toda una serie de tabúes y ceremonias que se reproducían constantemente.  En Kalaallit Nonaat, Groenlandia en inuit, se adoraba a la diosa del mar, Sedna, era quien controlaba a los animales marinos, mientras la luna de género masculino regulaba la vida de los demás animales, si se incumplían los tabúes sexuales humanos, la reproducción de los animales descendía. Sila, regulador del clima y de los pensamientos, junto con Sedna era una de las deidades más respetadas, puramente espiritual y sin representación física, era el sostén del universo de toda la vida conocida. 

Los inuit creían también en enanos y en gigantes (Dorset), a estos últimos los relacionaban con los vikingos, seres con cejas blancas en quienes no se podía confiar. Procuraban agradar a los inua, cumpliendo con las reglas establecidas por sus antepasados y tratando respetuosamente a los animales, para los que también decoraban las armas con las que eran cazados, en señal de reconocimiento. Al ser un espacio tan inhóspito que dificulta la sobrevivencia hasta de los más hábiles, los inuit aprendieron y desarrollaron métodos complejos para establecerse en un área tan compleja, desde ropa resistente al frío extremo y formas de producir calor que no se restringían al fuego ni a los hidrocarburos, el haber llegado sobre el año 1000 después de nuestra era les permitió desarrollar diversas técnicas de supervivencia. 

Nuuk, capital de Groenlandia. (CC)

 En ese sentido, la distancia cultural del pueblo inuit respecto a la civilización occidental es un factor común entre todos los pueblos indígenas del mundo, y aunque con la modernidad esa distancia se ha ido estrechando, sigue habiendo diferencias principalmente en cuanto a las concepciones de desarrollo y de formas de gobierno, así como de organización social. 

Bajo este contexto existe un marco legal internacional (vinculante para el caso de Groenlandia y Dinamarca; entre otros) el cual facilita la construcción de procesos autonómicos, que a su vez coadyuvan a la resistencia de núcleos culturales que se distinguen del occidental, así como la defensa de los territorios de los pueblos indígenas, muchas veces ricos en diversos bienes comunes. La preservación de culturas contra hegemónicas es un aspecto que como sociedad debemos perseguir pues en un mundo culturalmente homogéneo se corre el riesgo que no exista quien cuestione e interpele un orden que ya ha demostrado sostenerse sobre las desigualdades, despojos e injusticias. 

El derecho a la libre determinación, así como los de autonomía y autogobierno no deben confundirse con la independencia, la libre determinación y la autonomía son derechos a los que tienen acceso únicamente los pueblos indígenas y las comunidades equiparables. Tanto la autodeterminación como el autogobierno de los pueblos se reconoce internacionalmente y de forma vinculante en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, adoptados por la ONU en 1966. En su artículo 1° se reconoce que todos los pueblos indígenas tienen derecho a la libre determinación (lo cual engloba los derechos de autodeterminación, autonomía y autogobierno).  

Ya desde 1945 se planteó el primer antecedente de la libre determinación como principio en la Carta de las Naciones Unidas. Es en 1966 cuando se establece la autodeterminación como principio fundamental. Para el año 1989 varios países firman y ratifican el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el cual se reconoce el autogobierno y la participación de los pueblos indígenas. Es hasta 2007 que se establece la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. 

En este orden de ideas, los pueblos originarios del mundo deciden la forma concreta de gobierno que les regirá, su organización social, así como las formas de aprovechamiento y de relacionarse con la madre tierra y los elementos que la integran. En el caso de los habitantes de Groenlandia, los inuit, consiguieron su autonomía de Dinamarca en el año 1979. Ésta fue reemplazada por la selvstyre (Ley de Autogobierno de Groenlandia) de 2009 tras un referéndum del año 2008 donde el 75.5% votó a favor de más competencias, esta ley otorgó a la isla mayor control sobre sus recursos minerales, sistema judicial y policía, reconociendo al pueblo groenlandés como sujeto de derecho internacional y se establece el Kalaallisut como lengua oficial, lo cual contempla asuntos educativos y de gobierno. 

Recordemos que autonomía no es lo mismo que independencia, sin embargo, el gobierno autonómico groenlandés cuenta con una autonomía tan amplia que muchas veces puede llegar a implicar cierta soberanía. En ese sentido, Dinamarca mantiene competencias en defensa y política exterior, mientras que Groenlandia recuperó el control de sus materias primas. De esta manera, los ingresos generados reducen gradualmente el subsidio anual de 500 millones de euros enviados por Dinamarca. 

De cualquier modo, la nueva ley de 2009 en su artículo 21 establece la hoja de ruta para la independencia total. Bajo el esquema autonómico actual, el pueblo inuit cuenta con dos representantes en el parlamento danés (Folketing). Esta ley permitió a Groenlandia tener el control de 32 áreas de competencia que antes gestionaba Copenhague, consolidando su estatus como un territorio con amplia capacidad de decisión propia.  

Por ejemplo, las ganancias de las actividades provenientes de recursos minerales en Groenlandia son para este territorio autónomo y no para Dinamarca. Sin embargo, si las ganancias obtenidas mediante los recursos minerales se acumulan, el subsidio que otorga Dinamarca se reducirá. Así, tanto el gobierno danés como el groenlandés (Naalakkersuisut) cooperan en diversos asuntos internacionales para resguardar los intereses de ambos territorios. 

No muy lejos al sur, en los Estados Unidos de América habita una forma de gobierno y una cosmovisión completamente distintas, se trata de una sociedad centrada en la lógica de la acumulación del capital, ahí no importa los despojos, las violencias y los ataques a los que haya que recurrir, ni las leyes internacionales que haya que vejar. A diferencia de los inuit y de muchos pueblos originarios (si no es que de todos), la sociedad estadounidense no tiene un vínculo tan estrecho con la naturaleza, por ello el explotarla, así como a las poblaciones que la habitan y a los seres vivos que la integran, no interpela la conciencia comunitaria de dotarles de un espíritu y por ende, ser merecedoras de cuidados y de usos mesurados que permitan su regeneración, al tiempo que quiebra la esencia natural del ser humano al establecer un modelo de desarrollo tendiente a considerar los grandes edificios y los grandes desarrollos inmobiliarios como un modelo de vida idealizado en el que todas y todos vamos vivir bajo deseos y aspiraciones homogéneas. 

Por lo anterior, se vuelve inconcebible para la ética estadounidense que la población inuit no explote desmedidamente sus recursos para generar acumulación de capital, pero no sólo eso, también es parte del deseo de integrar más territorios del continente americano a los Estados Unidos de América, sobre todo aquellos que concentran riquezas que le son de interés, llámese Venezuela o Groenlandia, ambos ricos en tierras raras. Estas tierras son cruciales para la obtención de uranio, oro, cobre, torio, petróleo y gas, muy necesarias para la tecnología y la generación de energías alternativas. 

En resumen, representaría un gran negocio para Estados Unidos de América poder apropiarse de los recursos de ambos territorios, y haría posible también dar continuidad a la Doctrina Monroe: “América para los americanos”, principio añejísimo de principios del siglo antepasado, 1823. En un contexto de reajuste sobre las naciones imperialistas que dirigirán ideológicamente el nuevo orden mundial, es necesario para dicha nación imperialista, apropiarse e instalarse para ampliar su dominio e intentar recuperar su hegemonía, lo cual difícilmente se logrará en un concierto de países que comienzan a conquistar culturalmente a las juventudes, por ejemplo, el pop coreano y la cultura construida en torno a ello (entre otros ejemplos), tal como en su momento lo hiciera el Hollywood de EEUU. 

La Jornada Morelos