La Nueva Escuela Mexicana y la desescolarización: entre Marx y Mario Bros 

La remoción de Marx Arriaga del cargo de director general de materiales educativos de la SEP es resultado del choque de dos visiones de la educación pública en México. Toda reforma educativa es, en el fondo, una práctica política. Supone una idea de humanidad y de futuro. En México la Nueva Escuela Mexicana NEM surge en 2022 en el gobierno de AMLO, para impulsar el sentido social de la educación pública, contra el enfoque neoliberal que usó la educación como un servicio más en el mercado y no como un derecho. 

Por su parte, la crítica radical de Iván Illich en: La sociedad desescolarizada no se limita a proponer una reforma del sistema escolar, sino que plantea su desmantelamiento como institución central de la modernidad capitalista. El contraste entre ambos proyectos no es sólo programático; es político. Uno busca regenerar la escuela pública; el otro propone liberar a la sociedad de la lógica de igualar educación con escuela. 

NEM Ejes fundamentales. 

Frente a la lógica punitiva de la reforma de 2013, la NEM reivindica al docente como agente central del proceso educativo. Se elimina la evaluación como requisito para la permanencia. 

2. Enfoque humanista y comunitario. La NEM propone un viraje desde la educación basada en competencias hacia una formación integral. La escuela deja de concebirse como capacitación para el trabajo y se define como un espacio de construcción comunitaria. 

3. Inclusión y equidad. Se enfatiza el derecho a la educación como principio, con becas, atención a marginados y reconocimiento de la diversidad cultural. 

4. Integración curricular por campos formativos. El nuevo marco curricular organiza los saberes no en materias sino en campos formativos que articulan conocimientos científicos, históricos y comunitarios. Se pretende superar la fragmentación disciplinaria, al promover proyectos vinculados a la realidad local. 

5. Formación crítica y ciudadanía. La NEM busca formar seres críticos, conscientes de su historia y comprometidos con la transformación social. Se impulsa una pedagogía contextualizada, vinculada al territorio y a la memoria histórica. 

Si bien la NEM es un proyecto de reforma, la propuesta de Illich es un proyecto de transformación política. En La sociedad desescolarizada Illich sostiene que la escuela moderna produce 3 efectos perversos: 

1. Confundir enseñanza con aprendizaje. La escolarización crea la ilusión de que el aprendizaje sólo puede ocurrir bajo supervisión escolar. 

2. Genera dependencia institucional. El individuo aprende a esperar certificaciones no a dirigir su propio aprendizaje. 

3. Reproduce desigualdades. Aunque proclama igualdad, la escuela crea jerarquías sociales mediante grados y títulos. 

Illich propone sustituir la escolarización obligatoria por redes de aprendizaje libres, donde las personas puedan acceder a recursos educativos según sus intereses y necesidades. Su visión profética anticipa: Wikipedia y la circulación horizontal del conocimiento en la era digital. 

La escuela, para Illich, es una institución que modela individuos obedientes a la lógica del mercado y la industria. La desescolarización no es una reforma; es una transformación política. 

1. Convergencias 

Ambas perspectivas critican la educación actual. Comparten una preocupación por la justicia social. Rechazan la reducción de la educación a mercancía. Defienden la dignidad del sujeto frente a la burocracia. 

2. Divergencias 

Sin embargo, la diferencia es estructural: NEM reforma la escuela, mientras que Illich cuestiona la existencia misma de la escuela. La NEM fortalece la institución. Illich la desmantela. La NEM propone un plan de estudios obligatorio. Illich redes abiertas sin currículo obligatorio. La NEM cree que la escuela puede humanizarse; Illich dice que la escuela, como institución obligatoria, es estructuralmente deshumanizante. 

La NEM representa una apuesta republicana: la escuela pública como espacio de construcción nacional y justicia social. Es heredera del proyecto revolucionario mexicano que concebía la educación como motor de integración nacional. Illich, en cambio, se sitúa en una tradición más cercana al anarquismo y a la crítica cultural de la modernidad. Su horizonte no es la reforma del Estado, sino la autonomía radical del aprendizaje. 

La pregunta de Iván Illich nos obliga a interrogarnos: ¿educamos sujetos críticos o reproducimos consumidores insaciables? Pero la experiencia histórica también muestra que la escuela puede ser espacio de emancipación para quienes no tendrían acceso al saber de otro modo. 

La Nueva Escuela Mexicana representa un intento por humanizar la institución escolar dentro del marco estatal. Iván Illich, por su parte, nos recuerda que toda institución tiende a separarse de sus fines y a reproducir la lógica del poder. 

La solución no consiste en abolir la escuela ni en sacralizarla, sino en mantener viva la tensión crítica. Y una comunidad que aspire a redes libres de aprendizaje necesitaría, ¡qué paradoja!, una cultura pública que ha sido cultivada por la escuela. 

En última instancia, el debate no es técnico sino político: ¿educación como derecho garantizado por el Estado, o como derecho a una educación autodirigida? ¿Buscamos educación alternativa o alternativas a la educación? 

Imagen cortesía del autor 
Braulio Hornedo Rocha