

Los insectos no son plagas, sino parte de los ciclos naturales en los bosques
Jazmin Aguilar
Investigador del Laboratorio de Parasitología Vegetal del Centro de Investigaciones Biológicas (CIB) y Premio al Mérito Forestal 2025, Armando Burgos Solorio es una de las voces con mayor autoridad en el estudio y la defensa de los bosques en Morelos. Con 44 años de experiencia en el ámbito forestal, su trayectoria se ha distinguido por el análisis del estatus fitosanitario de los ecosistemas y por su trabajo con insectos descortezadores, un campo desde el cual ha cuestionado enfoques tradicionales y ha aportado nuevas claves para entender la dinámica natural de los bosques.
Su labor científica se centra en la subfamilia de insectos Escolítidos (Scolytinae), organismos comúnmente catalogados como “plaga”, pero desde la visión de Burgos, cumplen una función ecológica esencial en el ciclo de nutrientes del suelo y en los procesos de renovación forestal. Esta visión lo ha llevado a proponer una comprensión más profunda de los ecosistemas, en la que los insectos no son agentes de daño, sino indicadores de desequilibrios ambientales más amplios.
Su trayectoria incluye el descubrimiento en 1981 de una nueva especie: Micrasis burgosi localizada en un árbol de tabachín en Cuernavaca, un hallazgo que refuerza la importancia de estudiar y conservar los ecosistemas antes de que su degradación sea irreversible.
No son plagas

Armando Burgos plantea el término “plaga” no existe en la naturaleza. Para el investigador, se trata de una etiqueta construida desde la perspectiva humana cuando ciertos organismos afectan intereses productivos, pero no de una categoría ecológica real. “No hay nada malo en la naturaleza, lo malo son los conceptos y cómo el humano percibe estas situaciones”, explica, al subrayar que los insectos descortezadores actúan como reguladores ecológicos y no como agentes de destrucción.
Burgos enfatiza que una de las funciones más importantes de estos insectos es la generación de suelo, un proceso fundamental para la vida de los bosques. “Gracias a ello, y esto es lo más importante, una de las funciones es que a través del tiempo tenemos suelo”, señala, al detallar que los insectos degradan la materia orgánica, particularmente la madera, la cual se incorpora paulatinamente al suelo. Este proceso “ha sucedido durante más de 300 millones de años de que tienen existencia estos organismos”, por lo que eliminarlos implica romper ciclos ecológicos construidos a lo largo de millones de años.
El investigador también resignifica la idea del árbol “muerto”. Lejos de representar un final, se convierte en un núcleo de vida para múltiples especies. “Cuando el insecto ataca, infesta y la planta declina y muere, el árbol sigue proporcionando refugio, sigue proporcionando alimento, no sólo para otros insectos, sino para una serie de organismos entre los que destacan los hongos y las bacterias”.
Burgos añade que, en algunos casos, los insectos incluso cumplen una función de poda natural que beneficia directamente a las plantas. Al referirse al escarabajo Chaetophloeus mexicanus y su relación con el “palo dulce” (Eynsenhardtia polystachya), explica que la propia planta utiliza “estratégicamente a los insectos como podadores naturales”. Este proceso permite que las ramas secas se desprendan, mientras que la planta genera nuevos brotes más vigorosos. “Esto permite frondas del árbol más vigorosas… y que producen más fotosíntesis, la cual le beneficia propiamente a la planta. ¿Dónde estaría lo malo?, lo que pasa es que no entendemos a veces los procesos”.
Simbiontes y salud del bosque
Esta comprensión del papel de los insectos no puede separarse del funcionamiento interno de los bosques, donde los organismos simbiontes cumplen un rol decisivo. Armando Burgos explica que la base de la vida forestal se sostiene en una compleja relación entre lo físico, lo químico y lo biológico, mediada por los simbiontes, particularmente las micorrizas (relación simbiótica mutua entre hongos y raíces de plantas). “En los bosques se ha establecido toda una red de comunicación; incluso se ha llegado a mencionar que las micorrizas son el mayor sistema de comunicación que existe en la naturaleza”.
Cuando este entramado subterráneo se deteriora por cambios en la temperatura que afectan la humedad del suelo, se interrumpe el transporte de nutrientes y el árbol comienza a debilitarse. En ese escenario, subraya el investigador, los insectos descortezadores no originan el daño, sino que responden a él: “Lo que atiende el insecto son consecuencias”. Atraídos por los olores que emiten las plantas en declive o bajo estrés hídrico, los insectos colonizan los árboles como parte de sus procesos reproductivos, actuando nuevamente como indicadores de desequilibrios más profundos en la salud del bosque.
Políticas públicas
Desde esta lectura ecológica, Burgos advierte que el desequilibrio de los bosques tiene un origen claramente humano. La deforestación, la expansión de la frontera agrícola, el cambio de uso de suelo y la aplicación indiscriminada de insecticidas alteran los ecosistemas y desplazan a los organismos, generando respuestas biológicas que luego son interpretadas erróneamente como “plagas”. En ese sentido, cuestiona las normas fitosanitarias vigentes, al considerar que muchas están diseñadas para proteger intereses productivos inmediatos y no los ciclos naturales, lo que termina por romper procesos fundamentales como el de los nutrientes del suelo.
El investigador, actualmente asesora a 35 estudiantes en distintas áreas de la entomología y el estudio de invertebrados, a quienes busca transmitir no sólo conocimientos científicos, sino una forma distinta de mirar los ciclos de la naturaleza. Paralelamente, ha colaborado con universidades de otros estados e instituciones como la CONANP, CONAFOR y SEMARNAT, desde donde ha impulsado la necesidad de replantear criterios técnicos y marcos normativos que rigen la gestión forestal.
Para Burgos, estos esfuerzos convergen en la urgencia de repensar los conceptos y términos con los que se nombra a la naturaleza, abandonar etiquetas simplificadoras y avanzar hacia políticas públicas sustentadas en una comprensión profunda de los ciclos ecológicos de los que depende la vida.
Micrasis burgosi especie descrita por el Dr. Wood en 1981 y nombrada en honor al investigador Armando Burgos, descubierta en un árbol de tabachín en Cuernavaca. Foto: Diego Vega, tesis de maestría, Centro de investigaciones Biológicas del Noroeste.
Escarabajo descortezador Chaetophloeus mexicanus, que forma parte de la fauna de bosques templados del norte de Morelos como Cuernavaca, Huitzilac, Tepoztlán, Tlalnepantla, Yecapixtla, Ocuituco y Tetela del Volcán. Foto: CIB/UAEM.
Ejemplar de palo dulce (Eynsenhardtia polystachya), especie que utiliza insectos descortezadores como estrategia de poda natural. A la derecha, detalle de las galerías que hace el Chaetophloeus mexicanus en el árbol. Foto: Cortesía/AG.
Manejo responsable de árboles navideños previene riesgos ambientales
Redacción
Con un llamado a la corresponsabilidad ciudadana y a la coordinación entre los tres órdenes de gobierno, se inició la Campaña de Acopio de Árboles de Navidad 2026 en la Planta Universitaria de Compostaje de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), una estrategia ambiental que busca evitar riesgos urbanos y transformar los pinos en abono orgánico.
La campaña es impulsada por la Coordinación General de Planeación y Desarrollo Sustentable, a través de la Unidad de Desarrollo Sustentable, y tiene como objetivo dar un destino final responsable a los árboles naturales utilizados durante la temporada decembrina, integrándolos nuevamente al suelo como composta.
Durante el acto inaugural, la rectora de la UAEM, Viridiana Aydeé León Hernández, subrayó que la sustentabilidad es un eje prioritario para la universidad, al señalar que desde la institución se aporta conocimiento técnico e investigación para generar acciones medibles en favor del medio ambiente.
En su intervención, el coordinador general de Planeación y Desarrollo Sustentable de la UAEM, Juan Manuel Rivas González, informó que desde 2019 la Planta Universitaria de Compostaje ha recolectado más de mil árboles de Navidad, logrando cerrar el ciclo de vida de estas especies al reincorporarlas como un sustrato rico en nutrientes.
Autoridades federales, estatales y municipales coincidieron en que el manejo adecuado de estos residuos resulta clave para la seguridad urbana. El secretario de Desarrollo Sustentable, Alan Dupré Ramírez, destacó la relevancia de la coordinación interinstitucional para atender esta problemática, mientras que Juan Ramón Acosta Cebreros, titular de la Semarnat en Morelos, argumentó que la disposición correcta de los árboles, bajo principios de economía circular, ayuda a prevenir incendios forestales e inundaciones provocadas por el taponamiento de drenajes.
La campaña permanecerá activa del 16 de enero al 27 de febrero de 2026. La ciudadanía podrá llevar sus árboles a distintos puntos de acopio, entre los que se encuentran la Planta Universitaria de Compostaje de la UAEM como sede principal, el Parque Estatal Urbano Barranca de Chapultepec, las oficinas de Semarnat, el Centro Estatal de Emergencias y Contingencias Ambientales, Plaza Cedros en Jiutepec y Plaza Solaz en Temixco.
Las autoridades reiteraron el llamado a la participación ciudadana para evitar que los árboles sean abandonados en la vía pública y recordaron que por cada ejemplar entregado se otorgará un kilo de composta, como incentivo para promover prácticas responsables.

La campaña de Acopio de Árboles de Navidad 2026, estará activa del 16 de enero al 27 de febrero, con centros de recepción en la UAEM, Barranca de Chapultepec, Semarnat, Jiutepec y Temixco. Foto: UAEM.
Ya te puedes inscribir a los cursos de idiomas del CELE
La Jornada Morelos
A una semana del inicio del semestre, el Centro de Lenguas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos abrió su convocatoria de cursos de idioma enero–junio 2026, con el propósito de que las y los estudiantes puedan organizar sus horarios y cumplir con el requisito de lengua que exigen los distintos programas educativos, además de ampliar la oferta al público en general.
La convocatoria, emitida por la Dirección de Lenguas de la Secretaría de Extensión Universitaria, contempla cursos de japonés, portugués, náhuatl, inglés, francés, ruso, italiano, alemán, así como español para extranjeros. El periodo de inscripciones y reinscripciones permanecerá abierto del 19 de enero al 4 de febrero de 2026.
De acuerdo con la convocatoria, la inversión por semestre es de 900 pesos para público en general y 675 pesos para estudiantes de la UAEM, mediante pago único que no incluye materiales. Para acceder a los descuentos de la comunidad universitaria, se solicita credencial o constancia de estudios vigente. Entre los requisitos se establece contar con edad mínima de 16 años y/o secundaria terminada, así como identificación oficial con fotografía, ya sea INE, credencial de estudiante o de trabajador de la UAEM.
El inicio de clases está programado para el 7 de febrero de 2026 en la modalidad sabatina y para el 9 de febrero de 2026 en los cursos de lunes a viernes. Las actividades se desarrollarán en diversas sedes universitarias, entre ellas Cuernavaca, Ciudad Universitaria, Rayón, Cuautla, Jojutla y Casa Juárez.
El registro es completamente en línea y se recomienda consultar los idiomas, niveles, sedes y horarios a la brevedad, ya que los espacios tienen gran demanda.



