

No nos sorprende la agresión imperialista de los EE. UU. a nuestros países que han cometido el grave pecado de ser ricos en recursos naturales. Nos alarma la cadena de estupideces que muchos individuos manifiestan justificando esta agresión. Ahora, a Venezuela.
Ciudadanos no precisamente ignorantes, presuntuosos portadores de diplomas que los distinguen, llevados de la mano como a un ciego, se entregan a la calumniosa e injuriosa campaña contra Cuba, Colombia, Brasil, México y Venezuela, gobiernos de algún modo distintos. Eminentes jurisconsultos, médicos y otros, afirman sin más y acusan a Maduro de dictador, represor y criminal. En realidad, en estos destacados profesionistas, con más de un título, se percibe la ausencia total de un pensamiento crítico o, bien, objetivo, al menos.
Padecemos un mundo dominado por los países poderosos ahora gobernados por sátrapas que no dudan en saquear, robar, asaltar, con regueros de sangre, las riquezas de nuestros pueblos. ¿Y hay quienes lo celebren? Algunos llevados por Envidia y otros por Rencor acumulado, aplauden a Trump y le ruegan que venga por nuestra presidenta, no dicen por qué. Es más, hay quien le llama Libertador de América.
En ningún caso critican la alevosía de ese secuestro, incluso parece que lo desean para nuestro país. Nunca se enteraron del actuar histórico del Imperialismo desde que intervino para separar a Panamá de Colombia, hacer el Canal y ocuparlo; desde el golpe de Estado contra Francisco I. Madero y su vil asesinato; contra Jacobo Arbenz en Guatemala en los años 50; contra Juan Bosch en la Dominicana y Joao Goulart en Brasil en los 60s y contra Salvador Allende en Chile en 1973 con las dictaduras impuestas y el sufrimiento de los pueblos.
La bestialidad imperialista nunca ha cejado. Es precisamente la naturaleza del Imperialismo la que bestializa a los hombres, afirmaba el Che con auténtica lucidez. Y ejemplificaba con Hitler y Franco que no dudaron en torturar y masacrar a sus propios pueblos con pretextos absurdos. Masacres que siguen lamentándose.
Hitler mostró al mundo métodos bestiales de aniquilamiento masivo. Con Franco, su cómplice, entrenó su comando asesino aéreo “Blitzkrieg”, para asesinar niñas, mujeres y ancianos en Guernica justo a la hora del mercado. Los israelíes de hoy han aprendido de sus propios asesinos disparando a mansalva contra los palestinos. Miles de niños, mujeres y hombres han muerto en este nuevo holocausto.

Wright Mills escribe hace 65 años un texto de denuncia contra los yanquis invasores en férrea defensa de la -entonces- reciente Revolución cubana. Le dice al yanqui: “Lo que debes hacer, en nuestra opinión, es actuar políticamente en tu propio país, asegurar que tu gobierno no utilice la violencia -ni directa ni indirectamente- contra la Revolución Cubana.
“¡Manos fuera de Cuba!
“En pocas palabras, eso es lo único que queremos de ti. ¿Es pedir demasiado? Si tuviéramos esa seguridad, la nueva nación que estamos dando a luz se sentiría muy aliviada y se reducirían enormemente los dolores del parto. Crecerían nuestras oportunidades para reflexionar acerca de todas las preocupaciones políticas y culturales que te hemos descrito francamente…”. Escucha Yanqui, Serie Tiempo Presente, 4ª. ed. FCE, México, 1961. Cap. VIII ¿Qué significa yanqui? p. 181.
Y eso es lo que exigimos para todos nuestros países.
Bolívar, el Libertador, propuso “una idea grandiosa… formar de todo el nuevo mundo una sola nación con un solo vínculo… (…) Ya que tiene su origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno”. Era la idea de forjar una sola América Latina, un solo país, unificado, lo cual alertó a las potencias solo imaginando el poderío natural y humano de este nuestro continente. Años después escribió al inglés Patricio Campbell: “…los EEUU parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la Libertad”. Profecía cumplida.
Siempre lamentó no haber sido escuchado. Alguna vez confesó a un su amigo: “Hemos arado en el mar”.
Si queremos una auténtica Transformación tenemos que asumirnos no solo como Antineoliberales sino como Anticapitalistas y, sobre todo, Antiimperialistas. La unidad de nuestra Amerindia es urgente y necesaria. La búsqueda de tranquilizantes emocionales anestesia el pensamiento crítico.
Tenemos que liberar la imaginación política secuestrada por el miedo. Y tenemos que asumir la responsabilidad en los tropiezos y en las derrotas, es la oportunidad para una Autocrítica cada vez más urgente.

