

(Primera de tres partes)
Partió para siempre hace unos días una de las pocas estrellas que quedan del sistema star de Telesistema Mexicano que más tarde mutaría en Televisa y su Canal de las Estrellas. Murió Eduardo Eugenio Manzano Balderas. De larguísima trayectoria, se fue a los 87 años dejando un legado a todos los comediantes y artistas noveles en proceso de formación.
Con más de sesenta años entre caravanas, teatros, sets cinematográficos, cabinas y estudios de radio y televisión se obliga a esos principiantes a conocer el trabajo de una verdadera estrella antes de posar y comportarse -esos novatos- como si ya lo fueran. Eduardo vivió la transición del blanco y negro al brillante Technicolor en el cine y la televisión, esforzándose al máximo por figurar en alguna marquesina. No tuvo padrinos ni compadres que le empujaran en ese sistema de estrellas. Como diría Doña Naborita: “lo hice yo solita”.
Eduardo Manzano partió en paz bajo los mejores cuidados clínicos, y rodeado de los suyos en lo que su hijo mayor calificó como “la muerte del Rey”: murió dormido sin dolores ni exabruptos, solo un leve paro respiratorio explicable para su avanzada edad. En paz partió. “Gracias papito, descansa” publicó su hijo Eduardo. “El escenario bajó el telón”. Dice su esquela que “tuvo un corazón tan grande como su talento” Gracias por tantas risas dirá el público de tres generaciones que disfrutó de ese talento.
Fueron tres sus hijos: Ariel, Mariela y Eduardo. Nacieron de su primer matrimonio con la cantante Lourdes Martínez (+) primera voz del trío Los Impala. En su segundo matrimonio con la asistente de vuelo Susana López Parra no hubo descendientes, pero si una larga relación de más de cuarenta años de casados. Se conocieron “en el aire” en un trayecto a Europa. Desde que Eduardo tomó el vuelo de retorno se propuso que se casaría con ella. En pocos meses ocurrió la boda. Estuvieron juntos hasta que hace unos días la muerte los separó.
Lalo como le decían sus cuates fue el mayor de dos hijos que tuvo el matrimonio Manzano Balderas, Miguel Ángel fue su hermano. Sus padres migraron de “La Bella Airosa” Pachuca, Hidalgo a la capital de la República. Se asentaron en la calle de Lerdo de la populosa y pujante colonia Guerrero. Don Eduardo abuelo – Eduardo I – fue bombero hasta ascender a comandante. Fueron vecinos de Tepito y la Lagunilla famosos por sus futbolistas, luchadores, boxeadores y actores. La familia Manzano formó parte de esa sociedad chilanga luchona, laboriosa y alburera. Se cuenta que su señora madre, ama de casa -como se decía- Celia Balderas le heredó el gusto por el canto y la guitarra al pequeño Eduardo Eugenio.

Recuerda en entrevistas que llegó incluso a ruletear el taxi de su padre y durante algún tiempo por curioso que parezca el hijo del bombero se dedicó a la venta de extinguidores. De esa “coloña, la Neñero” salieron Cantinflas, Chava Flores, Paquita la del Barrio y músicos como Manuel Esperón o el rockero de Caifanes Saúl Hernández. El cantante Gualberto Castro fue su amigo desde joven; vivía a la vuelta de su casa. El Ray Mendoza, rudo campeón mundial y su dinastía Los Villanos vivían a unos metros de la familia del Polivoz en la misma calle de Lerdo. Aunque han ido desapareciendo muchos negocios, esa demarcación fue también famosa por sus cantinas y centros nocturnos como el “Depósito”, “La U de G”, “El Noste”; y “El Olímpico” por citar algunos entre decenas de bebederos y desveladeros icónicos. Destacan los también icónicos salones de baile “México” y “Los Ángeles” ¡Cuántas suelas de zapatos desgastados y cuántas escenas filmadas en sus pistas!
Manzano fue a la Vocacional, y a la Escuela de Ingeniería del Instituto Politécnico Nacional. Cursó la carrera de ingeniería en la ESIME. Asistió a la Escuela Nacional de Locutores. Cuenta Manzano que pasaba largas horas sintonizando un radio de galena que le regaló su padre por “sus buenas calificaciones”, bromea. En ese aparato el futuro comediante escuchaba decenas de voces que iba registrando en su memoria y a fuerza de repeticiones lograba imitarlas a la perfección. En sus múltiples conversaciones con periodistas hacía algunas voces para “ilustrar” sus respuestas. Si no estuviera a cuadro muchos pensaríamos que eran las voces originales. Hablaba como Agustín Lara, como Pedro Vargas. Cantaba como María Victoria, como Olga Guillot y como Raphael. Retrataba personajes de antaño como el Bachiller Gálvez y Fuentes. Copiaba los sonidos de locutores y periodistas como Martínez Carpinteiro o Humberto G. Tamayo, locutores famosos entonces. El compositor Ferrusquilla, José Angel Espinoza de muy lejana memoria era su favorito. Mil voces salían de su imaginación. Jacobo Zabludovsky y Agustín Barrios Gómez (Agustín Varios Rones le parodiaba fingiendo incoherencias) fueron parte de su elenco en la televisión. Así se divertía y divertía a sus entrevistadores cuando a petición expresa “montaba un mini-show”.
*Director General de Factor D Consultores


