

A principios del pasado septiembre presencié una extensa entrevista que la historiadora Julieta Mellano (Centro Regional de Investigaciones Regionales – CRIM) le hizo a Jesús Solís Alvarado, uno de los veinte campesinos (a lo mejor son menos) que en Jojutla aún se aferran a cultivar arroz. Me sacudió escuchar que el actual es el peor de los ciento ochenta y nueve ciclos desde que en 1836 lo introdujera en Jojutla don Ricardo Sánchez, el primer presidente de este municipio. Es el peor ciclo no solo en Jojutla sino en el estado de Morelos porque solo habrá arroz en 350 hectáreas mientras que el año pasado lo hubo en 550, un poco lejos de las 695 hectáreas del 2023 y a años luz de aquellas más de 4000 del año 1984.
La tristeza me invadió al recordar que, en mi infancia, sin sueldo, hice lo que todo buen pajarero: con fuerza tronar el chicote y espantar a gritos a los tercos tordos meneando los tendidos de lazo con botes llenos de piedrecillas. Vino a mí memoria que mi madre nos mandó al campo del Texcal a que ayudáramos al tío Lindo Hermoso quien nos indicó:
—Meten la cubeta al apantle, le rascan al fondo para que el agua salga con lodo y piedritas y la vacían en los costales llenos antes de que los cosan.
En esos tiempos a la orilla de todos los caminos se miraban montones de pesados costales que a lomo de mula acarreaban arrieros como don Daniel Mendoza El Taxqueño y sus hijos mayores (Mario y Daniel). Después, a la llegada del camión de redilas, esos costales de 80 kilos eran depositados en otros lomos: los de cargadores equilibristas (como Ismael La Borrega) que subían pujando sobre tablones.
En el Archivo Histórico del Instituto Estatal de Documentación y Archivo General del Estado de Morelos se preservan dos pliegos con nombres y apellidos de productores de arroz en 22 municipios. De cada productor aparecen la cantidad de kilos producidos e incluso la cantidad de impuestos pagados.
Ese año de 1939 la producción total de arroz ascendió a 22 millones 536 mil 851 kilos, o sea, 22 mil 536 toneladas y pico.

En esa época una hectárea rendía en promedio 6 toneladas, lo que quiere decir que al cultivo de arroz más o menos se dedicaban poquito más de 3 mil setecientos hectáreas.
El nombre J. M. Fernández aparece en 17 municipios. Él, solito, produjo poco más de 8 mil 770 toneladas, o sea, algo así como el 38 por ciento de la producción estatal. ¿Quién y de dónde era este personaje? Quizá más adelante encontremos datos al respecto, por lo pronto pienso que pudiera ser del municipio de Emiliano Zapata pues en él producía la mayor cantidad de kilos.
Este señor Fernández es la prueba viva de que a 20 de años de terminada la revolución, los frutos de esta se estaban echando perder. ¿Por qué? Porque a cientos de campesinos morelenses (quizá 500) ya no les convenía trabajar sus parcelas sino rentarlas. El lema «La tierra es de quien la trabaja con sus manos» empezaba a desgastarse.
1944. Salón de Sesiones del Congreso del Estado (Palacio de Cortés, sede de los tres poderes). A las once treinta de la mañana del 14 de julio, inició una de las tantas convenciones anuales para tratar lo relativo al precio del arroz.
Presidió el vano evento el gobernador acompañado de una veintena de burócratas federales y estatales expertos en cuestiones agrarias, que obviamente, desparramaron abundante y sabionda verborrea dizque en favor del arroz y de los que en Morelos viven de ese cultivo.
—Al igual que otros años el gobierno del estado tiene el firme propósito de que se mejoren en forma real y efectiva las condiciones de los campesinos —expresó el gobernador Jesús Castillo López.
Viene de muy atrás esa costumbre de armar escenarios de relumbrón para consultar al pueblo, darle voz, escucharlo, pero sin hacerle caso.
Ese catorce de julio la delegación jojutlense (M. Morales, Rodríguez, Juan Calderón, Loreto Villegas, Yldefonso Ayala, Manuel Ocampo, Adolfo Zequeira) expresó por escrito: “…el costo para siembra de arroz en 1944 comparado con el año anterior aumentó 63.8%… para fijar el precio se tome en cuenta que el costo de producción está siendo bastante elevado por… escasez de trabajadores del campo, escasez de agua y alto costo de la vida”.
En esta época las penurias campesinas eran de lamentar, pero aumentarían catastróficamente cincuenta años después con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC). Y eso es lo que actualmente tiene al arroz jojutlense (y morelense) al borde de la extinción, extinción a la que no podemos resignarnos.

25 de junio de 1943. Momento en que Cándido Montero expone los puntos de vista de los campesinos de Cuautla. Foto: Cortesía del autor

