CANSANCIO

 

Con la espalda curveada y la cabeza inclinada hacia su celular, Celia realiza compras en línea. En el carrito digital de la tienda, perteneciente al gigante chino especializado en fast fashion, se encuentran ya seleccionados varios outfits que la joven pretende estrenar con motivo de las fiestas decembrinas: un suéter azul claro 100% viscosa, una falda negra 98% poliéster y 2% spandex, unos leggings símil con impreso de vaca, un par de botas sintéticas y una bolsa diseñada para contener un monedero y un celular, del mismo material. Su prima María le recomendó aprovechar las rebajas del Black Friday para conseguir el mayor ahorro. Celia acudió un poco antes de que dieran las diez de la mañana a la tienda de ropa del centro comercial. Es ahí donde trabaja de tiempo completo desde que dejó abandonada su tercera carrera universitaria por un desinterés progresivo que llegó a ser abrumador para ella. Sus padres aceptaron que trabajara de empleada en la única tienda de su interés: la moda. Afortunadamente para ella, los padres de su novio le ofrecieron un puesto temporal en una de las sucursales, mientras desanimaban a su hijo sobre esa relación sentimental que no iba a ningún buen puerto. El joven les reprochó su pesimismo que calificó de exagerado. Alegó que Celia fue la más popular de su grupo y que esa misma situación la estresó lo suficiente como para que tomara la decisión de abandonar sus estudios.

Celia estaba a punto de validar su compra cuando se activó la campana de la tienda; la primera clienta del día estaba entrando. Contestó el saludo de mala gana, murmurando un ‘buenos días’ apenas audible. La mujer tuvo el tiempo de sobra para revisar la mercancía de recién arribo antes de que Celia le prestara su limitada atención. Un maremágnum de pensamientos la asaltó antes de validar la compra. ¿A Noé le iba a gustar su elección de ropa o le iba a criticar sus leggings? Celia colocó su celular en su silla y se dirigió hacia la cliente. Recordó la presencia de cámaras que podían delatar su indolencia en caso de ser verificadas, cosa que no iba a suceder puesto que la cliente le enseñó un pantalón y le preguntó si podía localizar la etiqueta de la composición, para saber si la prenda era de algodón o existían más materiales agregados. Celia emprendió la lectura exhaustiva de las etiquetas interiores sin parecer entender la utilidad del acto y tampoco de su contenido. ¿Son fibras artificiales o naturales? interrogó la mujer a punto de impacientarse por la lentitud, aunada al desinterés manifiesto de la vendedora por la composición de las prendas en venta. ¿Quién carajo hace esas tan preguntas inútiles? pensó Celia. Las telas se evalúan con la famosa técnica del tacto y se reparten en dos categorías: suave o no suave. La ropa se lava en casa con detergente y a máquina. Punto. Cuando suceden accidentes, es culpa del ciclo seleccionado. A veces desaparecen calcetines de manera inexplicable, pero ese es el misterio más enigmático que nadie ha podido resolver a la fecha.

La clienta le preguntó a Celia si podía ayudarla a escoger el pantalón que mejor le quedaba en términos de talla, color y corte a lo ella contestó, abatida, que «preferiría no hacerlo».

Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.

*Escritora, guionista y académica de la UAEM

Hélène BLOCQUAUX