

“Los mexicanos podremos ser ateos, pero guadalupanos”.
Escuché la frase por primera vez de algún maestro en la universidad como una forma de explicar la identidad nacional, el profundo significado que las apariciones de la Virgen de Guadalupe, y toda la tradición pagano-religiosa que se ha tejido alrededor de ella han tenido para la construcción del México que conocemos.
Como las buenas tradiciones, el guadalupanismo mexicano se ha adaptado a la modernidad. A final de cuentas es uno de los pilares de la identidad nacional y para demostrarlo bastaría considerar los nombres de mexicanas y mexicanos, pero también de sus ciudades, negocios e instituciones.
Todos conocemos a alguien llamada o llamado (porque el nombre aplica para mujeres y hombres) Guadalupe. En el caso de los hombres admite pocas variables José Guadalupe y Jesús Guadalupe son las más comunes según los registros públicos. En el caso de las mujeres el nombre puede ir acompañado por María (en cuyo caso se fortalece la connotación religiosa) aunque hay variantes que lo combinan con otros de moda como Sofía, Ximena, o Alexa. Algunos más atrevidos combinan el mexicanísimo (aunque sea por adopción) Guadalupe con Estéfani, Brittany, o alguno otro extranjerizante como para distraer la ubicación geográfica.
Además de su uso como nombre de personas, también identifica a doce municipios de México. Guadalupe Nuevo León es el más poblado con 643 mil 100 personas y se ubica en la zona conurbada de Monterrey; pero también hay Guadalupe en Zacatecas, Guanajuato, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Puebla, Tamaulipas, Veracruz y Chiapas. Algunos otros pueblos lo han adoptado como genitivo: de Guadalupe.
Y tiendas, o pequeños negocios con el nombre de Guadalupe o algunas de sus variantes, Lupita, La Guadalupana, Lupe, Lupis, hay miles. Escuelas no tantas, pero se trata de cientos, también hay clínicas, hospitales, farmacias, consultorios médicos que tienen alguna variante del nombre en todo el territorio nacional.

Lupita también aparece en canciones tradicionales mexicanas, poemas, cuentos, obras teatrales, novelas, anecdotarios y hasta chistes.
Ha servido como musa inspiradora de creaciones y destrucciones, de movimientos pacíficos, revueltas sociales y hasta guerras. Guadalupe es una suerte de protagonista incidental de la historia de México y de las historias que México cuenta.
Y todo comenzó en el 1531
Las cuatro apariciones de la Virgen María a Juan Diego en el cerro del Tepeyac ocurrieron entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531 y culminaron con la aparición de la imagen guadalupana en el manto que se venera hoy en la Basílica de Guadalupe en el mismo cerro de la Ciudad de México.
Más allá de las cuestiones de fe, aunque precisamente por ellas, la devoción a la Virgen de Guadalupe, Morenita del Tepeyac, Patrona de México, Emperatriz de América, ha logrado con el tiempo establecer, consolidar, mantener y hasta en sus mejores tiempos extender la fe católica a cada rincón de México y Latinoamérica. La creencia en los milagros de la Virgen ha generado procesiones, mandas, juramentos, y toda clase de demostraciones de la fe a través de los años, al santuario mayor, su Basílica, o a nichos menores ubicados en todo el territorio nacional.
Cada colonia de México tiene por lo menos una imagen de la Guadalupana a la que se rinde toda clase de homenajes durante casi todo el año, aunque el 12 de diciembre, como se dice en México, es su mera fiesta. Hasta espacios profundamente jacobinos, como los sindicatos, pueden tener imágenes de la Virgen Morena. En las oficinas de la sección 19 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación en Cuernavaca hay una imagen de la virgen en piedra que no ha sido tocada por las remodelaciones del despacho.
Y es que Lupita trasciende el catolicismo y se ha vuelto uno de los pilares identitarios de los mexicanos. Más allá de las etnias, las clases sociales, los niveles de ingresos y otras cosas que suelen diferenciar o disgregar a los mexicanos, la figura de la virgen y su culto tienen una presencia que une, identifica y convoca a la mexicanidad, esa condición etérea que nos une mucho más que cualquier discurso o arenga.
La madre (también) de todas las fiestas
Si la Virgen de Guadalupe es la madre de los mexicanos, su fiesta también la madre de todas las fiestas nacionales. Mucho más presente y concurrido que las celebraciones patrias, mucho más místico y duradero (con ella empiezan los festejos decembrinos), el Día de las Lupitas es la celebración mexicana más significativa, hasta para la economía.
De acuerdo con cifras oficiales, en el 2024, las fiestas de la virgen significaron alrededor de 20 mil millones de pesos de derrama económica; 22.5% más que en el 2023. Entre el 6 y 15 de diciembre alrededor de 12 millones de peregrinos visitan la Basílica de Guadalupe provenientes de diversas partes del país y de otros países como los Estados Unidos, Guatemala, El Salvador y otras naciones de Centro y Sudamérica.
Veladoras, ropa típica, objetos religiosos, recuerdos, son algunos de los objetos necesarios para la fiesta. Pero la comida también es importante, tamales, garnachas, buñuelos, pozole, elotes, esquites, algodones de azúcar, tacos de todo tipo, y otras delicias mexicanísimas llenan las panzas de peregrinos, visitantes ocasionales y frecuentes, y miles de curiosos que se acercan entre la fe y la fiesta para celebrar a la Virgen y a la identidad nacional.
El turismo religioso el 12 de diciembre registra su mayor afluencia a los sitios de peregrinación. En Morelos, los santuarios de Cuernavaca en Gualupita y El Calvario, Tepoztlán, Amacuzac, Jojutla, reciben a miles de peregrinos que acuden a expresar su fe, pero también a darle toques distintivos que van desde las ferias hasta las cabalgatas.
¿Dónde cantar Las Mañanitas a la Virgen en Morelos?
Una de las más antiguas edificaciones dedicadas a la Morena del Tepeyac en Morelos está en Cuernavaca, en el Chapitel de la Virgen de Guadalupe, a unos pasos de donde muchas décadas después se edificaría la iglesia de San José El Calvario. Al lugar llegaban los peregrinos de los estados del sur que paraban en sus caminatas al Tepeyac.
En la fiesta se instalan decenas de puestos con antojitos, juguetes, ropa, dulces tradicionales, y otras mercancías que sirven para atender a quienes acuden a ver las presentaciones artísticas que se mezclan con las misas desde la noche del once de diciembre y durante todo el día siguiente.
La fiesta en el Barrio de Gualupita, uno de los más antiguos de la capital morelense también tiene lo suyo. Ahí la vendimia se combina con una feria que incluye juegos mecánicos para los niños y de concurso para los adultos. Las celebraciones en la Iglesia se dan durante nueve días (el novenario) que concluyen el mero 12 de diciembre. De este punto sale también una peregrinación atlética a la Basílica de Guadalupe que integra la fiesta local con la tradicional de la Ciudad de México.
En Tepoztlán la fiesta más famosa para la virgen es en el barrio de la Santísima Trinidad, donde además de las misas hay bandas de música y festejos comunitarios. Los fieles acuden a la misa solemne del 12 de diciembre con trajes tradicionales lo que, con el Pueblo Mágico como escenario, vuelve único el festejo.
En Jojutla las fiestas no se restringen a las iglesias, en las colonias y conjuntos habitacionales se hacen velaciones para la virgen; además de las misas en las parroquias tradicionales.
Amacuzac le pone herraduras a la fiesta y realiza una cabalgata en honor de la Virgen Morena; así la tradición religiosa se adapta al modo de vida del pueblo al sur de Morelos y la distingue profundamente de la fiesta en regiones urbanas.
Pero fiesta lo que se dice fiesta hay en todos lados. A la mayoría de los miles de imágenes de la Virgen en Morelos se les hace por lo menos una celebración humilde pero decorosa. Las familias empiezan también a reunirse porque en casi todas hay una Lupita a quien festejar y pretextar la fiesta, porque los mexicanos no necesitamos excusas para el jolgorio, pero siempre es mejor tenerlas.

Así se veía en 1925 el Chapitel de la Virgen de Guadalupe en Cuernavaca. Foto; Fototeca Juan Dubernard INAH

Parroquia de Gualipita en Cuernavaca. Foto: Cortesía

