Hiquíngari Carranza

Estimado director, Enrique Balp Díaz, queridas y queridos compañeras, compañeros, colaboradoras, colaboradores, articulistas, trabajadores y lectoras y lectores de La Jornada Morelos.

Celebrar tres años de vida de un medio como La Jornada Morelos no es solo cumplir un aniversario.

Es reconocer que, en tiempos tan llenos de ruido y confusión, se eligió un camino difícil, pero también profundamente noble: el camino de la verdad, del rigor y del compromiso con la gente. Ese compromiso no se proclama, se demuestra. Y ustedes lo demuestran todos los días.

Vivimos una época donde la información se vuelve ligera con demasiada facilidad, donde la prisa nos empuja a olvidar y donde la desmemoria parece instalarse como un riesgo permanente. Frente a ese entorno, La Jornada Morelos ha logrado ser un espacio donde la palabra recupera su peso, su origen, su contexto y su dignidad.

Un lugar donde la realidad se cuenta con humanidad; donde la crítica nace de la justicia y no del oportunismo; donde la esperanza no es ingenuidad, sino una forma de resistencia consciente.

Quiero felicitarles con la emoción de quien sabe que Morelos necesita proyectos así: proyectos que acompañan, que alumbran, que dignifican la vida cotidiana de la gente. Porque ustedes no solo informan: construyen puentes, abren conversaciones y dan sentido a lo que ocurre, incluso a lo que duele.

Este tercer año no es un cierre. Es un punto de inflexión. Un momento para mirar lo hecho con orgullo y lo que viene con una convicción más firme. Porque lo que han construido, y vale la pena decirlo con fuerza, es comunidad. Una comunidad viva, crítica, diversa, sensible y profundamente arraigada al espíritu de un estado que, aun en momentos duros, siempre encuentra la manera de levantarse, repensarse y seguir luchando por algo más justo.

A cada reportera y reportero que camina las calles con una libreta como escudo; a cada editora y editor que pule la palabra con ética; a quienes diseñan, corrigen, preguntan, investigan, protegen fuentes, abren puertas, sostienen debates y mantienen este diario en pie desde la trinchera diaria: gracias.

Esa labor es indispensable. Su entrega es un acto de servicio público. Y su valentía es, también, una manera de querer a esta tierra.

Y a quienes leen La Jornada Morelos cada día: ustedes son el destinatario, el motor de este proyecto. En su confianza hay un pacto silencioso que se renueva con cada edición, con cada columna, con cada fotografía y con cada denuncia que se atreve a ver la luz.

Gracias por sostener este barco con serenidad, por mantener el rumbo aun cuando las aguas no son claras y por darle sentido a una vocación que no puede ejercerse sin carácter, sin espíritu y sin una ética fuerte.

Tres años de La Jornada Morelos son también tres años de una apuesta que no se rinde. Tres años de constancia y de una convicción que no afloja. Y, sobre todo, tres años que confirman que este camino vale la pena. Porque transformar la realidad empieza por nombrarla con claridad, con dignidad y con valentía.

Mi abrazo más cálido, mi admiración sincera y mi deseo profundo de que vengan muchos años más de trabajo, de lucidez, de libertad y de esa alegría combativa que nace cuando uno trabaja por la gente y para la gente.

Morelos lo necesita. Y quienes creemos en un futuro más justo celebramos que La Jornada Morelos exista.

Con enorme cariño, respeto y esperanza.

La Jornada Morelos