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El reciente reporte del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) confirma un hecho histórico: Morelos registra en 2025 su mayor número de empleos permanentes. Los 194 mil 824 puestos reportados al cierre de octubre representan un avance de 0.88% respecto al mismo mes del año anterior. Puede parecer una variación modesta, pero detrás de esa cifra hay mil 696 personas que hoy cuentan con seguridad laboral, ingresos estables y acceso a prestaciones. Para un estado que en junio y julio vio caer su número total de empleos formales por debajo de los 220 mil, este repunte no es cualquier cosa.

La lectura no puede quedarse en la estadística fría. La propia dinámica del mercado laboral obliga a matizar el entusiasmo. Aunque el IMSS clasifica estas plazas como “permanentes”, en la práctica no siempre lo son: pueden perderse ante ajustes empresariales, recesiones sectoriales o decisiones corporativas que se toman lejos de Morelos. Prueba de ello es la liquidación de 869 trabajadores derivada del cierre de la planta Nissan en Civac, un golpe que inevitablemente se reflejará en las próximas mediciones.

Aun con ese contexto, algunos sectores han mostrado fortaleza. La construcción crece impulsada por la obra pública y proyectos habitacionales desarrollados por empresas locales. El comercio se recupera al ritmo del repunte turístico, y los servicios de transporte y comunicaciones continúan al alza. Son motores relevantes, pero aún insuficientes para compensar la caída en actividades primarias, en las industrias extractiva y de transformación, y en los servicios sociales y comunitarios.

Esta disparidad recuerda una realidad que no debe ignorarse: un mercado laboral que mejora de manera fragmentada siempre será vulnerable. Más aún cuando depende de estímulos coyunturales o de sectores que pueden desacelerarse con rapidez. Por ello, el desafío para Morelos es, para empezar, garantizar que los empleos formales existentes no se pierdan.

Porque detrás de cada plaza contabilizada no solo hay un trabajador; también hay empresarios que apuestan por operar en la legalidad, que pagan impuestos, capacitan personal y sostienen cadenas productivas enteras. Proteger esos espacios implica generar condiciones de certidumbre, facilitar la inversión, evitar cargas administrativas innecesarias y reforzar el acompañamiento institucional para que las micro, pequeñas y medianas empresas —que, es necesario insistir, son las que generan la mayoría del empleo formal— puedan resistir los vaivenes económicos.

El logro estadístico es motivo de reconocimiento, sin duda. Es la primera vez que Morelos alcanza este nivel de empleo permanente, y eso habla de resiliencia económica y de la capacidad de recuperación que ha mostrado el estado a lo largo del año. Pero la verdadera meta debe ser convertir esta tendencia en un piso firme, no en un punto excepcional dentro de una gráfica fluctuante.

Morelos necesita no solo crear más empleos formales, sino blindar los que ya tiene. En esa tarea se juega mucho más que un indicador; se juega la estabilidad de miles de familias y la vitalidad económica de todo el estado.

La Jornada Morelos