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En general, los gobiernos son malos comunicadores, una deficiencia que se ha agravado con el dominio de mensajes y noticias falsas en redes sociales, en que incluso las campañas intensivas de las autoridades de Salud no consiguen que se pase del conocimiento a la acción, y suelen ser acalladas por mentiras que resultan cómodas para creer, como esas de la inutilidad o hasta el daño que hacen las vacunas a quienes las reciben.

En un mundo plagado de mentiras que arriesgan la vida y la salud pública, los científicos están obligados a salir de sus laboratorios y divulgar el conocimiento, la verdad sobre la naturaleza, una acción que puede generar cambios positivos y profundos en la conciencia social frente a la andanada de falsedades.

La investigadora especialista en virología Susana López Charretón del Instituto de Biotecnología de la UNAM, es un ejemplo de esa doble función que los nuevos tiempos exigen de la comunidad científica. Sus estudios sobre la estructura, propagación y combate de los virus y las enfermedades que causan, han estado acompañados por una activa labor como difusora científica de alto nivel, y por la alianza que ha podido realizar con medios de comunicación comprometidos con la extensión del conocimiento para el bienestar social.

La entrevista sobre el sarampión que publica La Jornada Morelos en este número es una muestra de el espíritu de difusión que tiene López Charretero. En ella explica desde lo que salió mal en los años recientes y que permitió el regreso de un brote de sarampión más o menos amplio, hasta los riesgos para quienes no están vacunados incluso después de haber sido atendidos y “curados” del padecimiento. También analiza la acción de la autoridad en materia de contención de los casos, lo que ha permitido que un brote que podría haber sido bastante mayor se mantenga en alrededor de cinco mil casos en el país, muchos, pero menos de los posibles.

López Charretero además advierte sobre otros peligros para la salud pública en el país, como la influenza y el virus respiratorio sincicial, ambas amenazas que también pueden poner en riesgo la vida o provocar daños permanentes en grupos vulnerables que llegaran a contagiarse.

La voz de la científica es realista sin caer en el sensacionalismo, como debe ser la voz de la ciencia; hace advertencias, llama a la conciencia social, apunta áreas de mejora para el sistema de salud (como la incorporación de nuevas vacunas al esquema nacional), y enfrenta los mitos y falsedades con la realidad, una forma muy fácil de desvanecerlos.

También recomienda a la población ser más responsables en torno a la vacunación y al manejo de pacientes sospechosos, a la habilitación de pequeños cercos sanitarios en las escuelas en caso de presentar síntomas. A los medios de comunicación que tienen vocación por la divulgación científica y responsabilidad social también sugiere continuar la difusión intensa de la información verdadera para poder hacer conciencia en la población.

En La Jornada Morelos asumimos lo que nos toca y por ello continuaremos dando voz a la verdad científica contra corrientes de rumores y falsedades que alientan la aparición de grupos como los antivacunas, cuya presencia no solo pone en riesgo a quienes los integran, sino a toda la sociedad. Seguiremos dando voz a las y los científicos porque estamos convencidos de que ahí, en la ciencia, están las claves para vivir mejor.

La Jornada Morelos