Cuando concluya la encuesta intercensal que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) realiza en todo el país, se espera queden confirmadas las proyecciones de los expertos sobre el crecimiento poblacional en Morelos entidad que llegaría a poco más de dos millones 130 mil habitantes.

Se trata de un incremento del 8.1% respecto al 2020, derivado de una tasa de 1.57% de crecimiento anual en el estado, superior al 0.9% que presenta en promedio el país, lo que presenta retos importantes, sobre todo considerando que casi la mitad de ellos se concentra en la mancha urbana conocida como zona metropolitana de Cuernavaca.

La ciudad tiene una extensión mayor a los 708 kilómetros cuadrados, lo que representa apenas el 15% del territorio estatal, por lo que su densidad poblacional, entre dos mil y dos mil trescientos habitantes por kilómetro cuadrado, es una de las mayores del país. Eso y el hecho de que la zona se integra con ocho municipios (Cuernavaca, Emiliano Zapata, Huitzilac, Jiutepec, Temixco, Tepoztlán, Tlaltizapán de Zapata y Xochitepec, plantea retos enormes en materia de desarrollo urbano que apenas empiezan a ser atendidos de forma coordinada.

La urbanización de las ciudades de Morelos (Cuernavaca, Cuautla y Jojutla) ha sido caótica debido a descuidos enormes en materia de planeación urbana desde hace por lo menos tres décadas. En 1980, el Centro de Nacional de Población y Vivienda reportó 192 mil 770 habitantes para una Cuernavaca que aún estaba separada de los territorios que absorbería en las siguientes décadas. La expansión derivó en gran medida de fuertes migraciones y la limitación del espacio habitable en el municipio debido a su geografía y lo costosos que resultan los proyectos de desarrollo urbano más allá de las barrancas que prácticamente impiden el uso urbano de la zona poniente.

La geografía de la ciudad, el descuido de las autoridades en materia de planeación urbana y control de asentamientos irregulares, el atractivo de habitar en la ciudad, la falta de certeza en la tenencia de la tierra, aparecen como los factores más determinantes para que la ciudad padezca desequilibrios importantes en materia de servicios públicos; problemas de movilidad, tránsito y circulación; faltas de servicios básicos; abundancia de viviendas de baja calidad en condiciones incluso de inhabitabilidad y abandono; un severo deterioro ambiental; la abundancia de zonas de alto riesgo que son habitadas sin autorización; y un fuerte déficit de infraestructura urbana.

La infraestructura, el más caro y urgente de los retos

Cuernabaches Moreloyos, la Ciudad de la Eterna Brincadera, es el jocoso mote con que desde mucho antes de la expansión urbana conocen los locales a la capital del estado. Es un apodo ganado a pulso por la deficiente infraestructura vial sometida a condiciones geográficas y climáticas que incluyen lluvias torrenciales y enormes pendientes, lo que provoca un mayor desgaste en la superficie de calles y avenidas y destruye las banquetas.

Y si el desastre es evidente en la superficie, a profundidad es severamente mayor. Los drenajes y tuberías de agua desgastados, los equipos antiguos para los pozos provocan fallas constantes en el suministro de agua potable que, si bien ha mejorado en sus tiempos de atención y reparación, aún afectan constantemente a los usuarios de una red que debe replantearse y reforzarse para ofrecer atención a todos. Los problemas de agua no son privativos de Cuernavaca, se padecen también con frecuencia en Jiutepec, Temixco y Emiliano Zapata, y empiezan a aparecer en Tepoztlán.

Además, la ciudad necesita mejorar su movilidad, el alumbrado público, los espacios para el tránsito peatonal seguro, la seguridad pública, la recolección de basura, la conectividad intermunicipal, el ordenamiento urbano, la certeza en la tenencia de la tierra.

Y todo esto deberá hacerse con un proyecto que permita la restauración del equilibrio ecológico y el respeto a las Áreas Naturales Protegidas, Bosque de Agua/Corredor Biológico Chichinautzin, Parque Nacional el Tepozteco, El Texcal, Bosque Mirador (en Ahuatepec), Sierra Montenegro; y el menos presionado Parque Barranca Chapultepec.

Un plan para el futuro

En febrero pasado se firmó el convenio de coordinación metropolitana entre los municipios de Cuernavaca, Jiutepec, Xochitepec, Huitzilac, Temixco y Emiliano Zapata; al que después de incorporaría Tepoztlán, para proyectar el ordenamiento urbano y acciones conjuntad de atención a la zona metropolitana. Con ello, se estableció por primera vez al área conurbada en términos administrativos y de gobierno y el compromiso de trabajar en conjunto para atender temas urgentes, como la seguridad pública, pero también esquemas a futuro en materia de crecimiento ordenado, dotación de servicios públicos y atención a los problemas de la ciudadanía.

El acuerdo ha permitido empezar el diseño de estrategias conjuntas de atención a los problemas de inseguridad, el cuidado del medio ambiente, el impulso al turismo, el desarrollo económico, la mejora de vialidades y del transporte público, los derechos humanos y el bienestar social, la atención de grupos vulnerables, el acceso equitativo a servicios de salud y el reordenamiento territorial con enfoque en la conservación del bosque de agua, los ríos y las barrancas.

Si el proyecto aterriza como debe (y hay señales de coordinación entre alcaldes en materia de seguridad pública, derechos humanos, protección a las mujeres y grupos vulnerables, que indican la seriedad puesta en la coordinación), podrá mejorarse un futuro que hasta hoy se plantea como catastrófico.

El escenario al que íbamos

El crecimiento poblacional altamente concentrado en Cuernavaca continuará en los próximos 50 años.

De no tomarse en cuenta un proyecto de ordenamiento urbano coordinado como el que se propone, se generaría mayor déficit de infraestructura y servicios públicos y presiones financieras imposibles de resistir para los ayuntamientos y el gobierno estatal. Los asentamientos informales en zonas vulnerables aumentarían con las consecuencias de deterioro en la calidad de viva, las relaciones sociales.

También aumentarían los problemas de movilidad y los riesgos sociales tanto por desastres naturales como por conflictos.

La aplicación de la norma en materia de desarrollo urbano, y en general del marco legal con el que funcionan las ciudades para ordenar las relaciones de la ciudadanía con las instituciones, y entre sí misma, se volvería cada vez más difícil.

Y por supuesto, el deterioro ambiental continuaría amenazando con extinguir recursos naturales vitales para la zona, como el Bosque de Agua.

Y al que podemos llegar

El caótico desastre que hoy representa la zona metropolitana de Cuernavaca no se arreglará pronto. Los esfuerzos (hasta cuatro veces mayores que sus antecesores) que el ayuntamiento de Cuernavaca realiza desde el 2022 en materia de mantenimiento y mejora de infraestructura son apenas notorios frente a los problemas graves con décadas de presencia en la ciudad.

Pero la coordinación para el desarrollo urbano, bajo la guía de expertos en urbanismo que tienen además una vocación ambiental, permitirá la implementación rigurosa de un plan de reordenamiento territorial enfocado en la sostenibilidad ambiental, la inclusión social y la reducción de las desigualdades territoriales, además de la atención conjunta a los problemas comunes.

El crecimiento de la ciudad podrá moderarse con la atención a la infraestructura y el desarrollo de la periferia; el descongestionamiento en zonas conflictivas de la ciudad permitirá mejorar la movilidad, volver más eficiente el transporte público, ampliar y recuperar áreas verdes, incorporar las tecnologías limpias, los edificios ecoeficientes, las energías renovables como parte de la normalidad citadina; y la participación social efectiva en la planeación del desarrollo, la vigilancia de los recursos y los servicios y las obras públicas.

Daniel Martínez Castellanos