En el INAHfest se presentaron algunos resultados del proyecto de investigación “Sistema experimental de humedales tipo mesocosmos para la fitodepuración de agua del apantle”, que se desarrolla en el Jardín Etnobotánico del Centro INAH Morelos, desde 2024.

La iniciativa, avalada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), es dirigida por el investigador de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación de México, José Luis García Tavera, en el marco de la iniciativa Casa de Saberes, de la Red Nacional de Jardines Etnobiológicos, entre cuyos objetivos se encuentra la remediación del agua contaminada del canal que atraviesa el predio de casi cuatro hectáreas.

Los resultados del análisis del humedal, conforme a los criterios de calidad del agua de cuerpos superficiales, establecidos por la Comisión Nacional del Agua, demuestran que el líquido está limpio y puede reutilizarse para el riego de áreas verdes y servicios al público, refirió el titular del proyecto.

“Se trata de un modelo de restauración ecológica que busca recuperar los atributos bioculturales del ecosistema natural de la zona”, explicó en el conversatorio “El humedal del Jardín Etnobotánico: restauración ecológica, sustentabilidad hídrica y enriquecimiento de colecciones”.

Agregó que se desconoce si de la época prehispánica o colonial, las y los antiguos habitantes modificaron el terreno para construir un canal que surtiera el agua a las poblaciones cercanas; sin embargo, con el paso de los años perdió esa función y se convirtió en una fuente de contaminación.

El objetivo del proyecto es rescatar sus atributos originales y transformar esta corriente de desechos en una de nutrientes, a través de un sistema de humedales y chinampas que permita depurar el agua de manera sustentable, puntualizó.

Mediante un diseño único, elaborado de materiales orgánicos provenientes del jardín, el cauce del agua pasa por diferentes fases: en la primera, se retienen todos los elementos sólidos; posteriormente, con la introducción de especies tolerantes a las condiciones del agua contaminada, como cultivos de caña de azúcar y maíz, entre otras, se generan microorganismos que eliminan o descomponen los deshechos. Al desembocar en el cárcamo, el agua ya está limpia y apta para potabilizarse.

El coordinador del Programa de Actores Sociales de la Flora Medicinal en México, Paul Hersch Martínez, adscrito al Centro INAH Morelos, dijo que esta actividad es coherente con el cometido del instituto, ya que “toda cultura es biocultura”, y no puede separarse la relación de los seres humanos con el entorno natural.

Asimismo, el investigador invitó al público a conocer este espacio y la labor de quienes integran este sistema de saneamiento hídrico.

Por su parte, el ingeniero rural, egresado de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Alexis Fabián Estrada Almazán, resaltó que durante el desarrollo de la iniciativa han logrado sumar una amplia colección de plantas acuáticas y crear un espacio de polinización.

En este sentido, dijo, que uno de los indicadores más importantes que pueden observarse sobre la calidad del agua son las libélulas, polinizadores sensibles a la contaminación, que han prosperado dentro del humedal.

Finalmente, el moderador del conversatorio, el investigador del Centro INAH Morelos, Hernán Alvarado Sizzo, enfatizó la relevancia del proyecto, el cual combina ingeniería y biología para el manejo integral del vital líquido.

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A poco más de un año de iniciado el proyecto, el humedal del Jardín Etnobotánico del INAH en Acapantzingo ha probado ser un modelo efectivo de restauración ecológica que puede depurar el agua para su uso en el riego. Foto: Archivo

La Jornada Morelos