

Los dolores de quienes nos curan
El 23 de octubre de 1833 abrió el Establecimiento de Ciencias Médicas en la Ciudad de México, donde hoy se ubica la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la efeméride fue decretada en 1937 durante la Convención de Sindicatos Médicos de la República para obligar al Estado y sus instituciones a otorgar a los comúnmente llamados doctores, el mismo reconocimiento que les daba la comunidad desde siempre.
A través de la historia, las médicas y médicos han sido fundamentales no solo para la salud pública, sino dotados de una mística que fue de la magia a la guarda del conocimiento. En las comunidades prehispánicas el conocimiento se fue integrando a través de los ticitl, que eran médicos y agoreros a cuyas prácticas los españoles que llegaron en 1519 llamaban curanderismo.
En la época colonial, el vínculo entre la práctica médica y el mundo espiritual no se disolvió, de hecho, la atención médica se ofrecía en los hospitales que habían fundado las órdenes religiosas y algunos filántropos. En ellos se realizaban también labores de auxilio comunitario.
En el México independiente la práctica médica se trasladó a hospitales estatales que ofrecían la formación profesional junto la práctica a favor de la gente. Después de la Revolución Mexicana se impulsó el concepto de medicina social como una combinación de atención curativa, prevención y labores sociales en comunidades marginadas y rurales. En 1938, de hecho, la UNAM y el entonces Departamento de Salud Pública, establecieron el Servicio Médico Social a través de pasantes, para distribuir de forma más o menos equitativa al personal médico en formación.

Pie de foto: Fue hasta el siglo XX que se instituyó el servicio social en la medicina. Foto: Cortesía Gobierno de México/ Archivo

Una profesión dotada de prestigio familiar y social
Durante esa historia, las familias mexicanas construyeron y alimentaron la idea de prestigio social asociada con la práctica de la medicina; que durante el siglo XIX y por lo menos las primeras décadas del XX se mostraba en la idea de que los hijos varones de las familias deberían ser, uno médico, otro abogado y uno sacerdote. Pese a la idea, la dificultad que entraña el estudio de la medicina, el sacrificio que representa la profesión y la falta de acceso a las pocas universidades que ofrecían entonces la carrera mantuvo muy limitado el número de médicos y médicas en el país.

Pie de foto: El papel de los médicos en el desarrollo de las comunidades a sido fundamental. Foto: Cortesía Gobierno de México/ Archivo
Aunque la primera médica profesional en México fue Matilde Montoya Lafragua, quien obtuvo el grado en 1887, lo cierto es que hasta finales del siglo XX se logró un equilibrio en la matrícula de la carrera de Medicina. Actualmente, la UNAM reporta que actualmente el 57% de quienes practican la medicina son mujeres, pero sus ingresos son 30% menores que los de los hombres en las mismas especialidades y prácticas.

Pie de foto: En 1887, Matilde Montoya Lafragua fue la primera mujer en obtener el grado de médica en México; actualmente el 57% de quienes practican la medicina son mujeres, aunque sus percepciones son 30% menores que las de los hombres. Foto: UNAM/ Archivo
Y pese al prestigio profesional y social, los médicos no eran muy bien tratados por el Estado aún con el Día del Médico ya decretado, el Estado no reconocía los derechos laborales ni salariales de los profesionales de la medicina.
En 1964 75 estudiantes de medicina y un centenar de residentes del Hospital 20 de noviembre del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE) no recibieron el pago de su aguinaldo; a esa omisión se sumaba un ambiente de inseguridad económica laboral que llevó al primer movimiento laboral de los médicos en el país. Antes de concluir ese año, más de 20 hospitales en el país se habían sumado al paro.
Como era común, el movimiento sufrió represión mediante despidos, encarcelamientos y la intervención policial de los hospitales. Aunque el movimiento se debilitó hasta diluirse consiguió decretos presidenciales para atender los reclamos de derechos laborales y prestaciones para médicos, pasantes y residentes.

Pie de Foto: El movimiento de los médicos en 1964-65, logró decretos presidenciales para reconocer derechos laborales y prestaciones al gremio. Foto: CNDH/ Archivo
Una profesión bien pagada
Parte gracias a las movilizaciones, pero mucho más por la falta de médicos y la creciente necesidad de una sociedad en crecimiento, la práctica de la medicina fue tradicionalmente bien remunerada, por lo menos en algunas especialidades.
El informe de World Salaries para la práctica médica en México, calcula un promedio salarial de un millón 23 mil pesos anuales. En ese promedio se abarcan desde la medicina general o especialidades no tan bien pagadas, que rondan los 502 mil 200 pesos anuales; hasta las prácticas mejor pagadas, que obtienen salarios promedio de un millón 594 mil 500 pesos.
Las diferencias salariales también están relacionadas con la experiencia, con diferencias de hasta 3 veces entre el ingreso del primer año hasta el posterior al vigésimo. Y también se relacionan con los niveles educativos, el ingreso de un médico general es en promedio 30% por ciento menor al de un médico con especialidad; y cuando se habla de alta especialidad los ingresos aumentan alrededor del 22%.
Entre las especialidades que reciben mayores ingresos están las de cirugía plástica (estética) y bariátrica (para pérdida de peso); la cardiología; traumatología y ortopedia; anestesiología; oncología; y urología.
Pero los niveles de ingreso que pueden registrar los médicos en la práctica privada son sensiblemente mayores de los que obtienen en la medicina pública; y también suelen variar de acuerdo con la región o el estado donde ejercen. En Morelos, los médicos tienen un sueldo promedio mensual de 13 mil 851 pesos (alrededor de 166 mil 212 pesos anuales, si se suman las prestaciones su salario rondaría los 193 mil 914 pesos al año); lo que explica que la mayoría de los médicos del sector público mantengan, aunque sea una modesta práctica privada.

Pie de foto: Aunque en términos generales la profesión médica es bien pagada, los salarios varían conforme a la experiencia, la especialidad, el nivel de estudios y hasta las instituciones donde prestan servicios. Foto: Cortesía / Archivo
Deshumanización y relaciones complejas médico-paciente
Todavía en la última parte del siglo XX en las ciudades y durante unas décadas más en las zonas rurales, los médicos eran familiares más allá de la categoría que hoy les brinda el sector salud. Las y los doctores acudían a las casas de sus pacientes y solían atender al enfermo y a toda la familia en una misma consulta. La tradición se fue perdiendo con el ritmo acelerado de los tiempos y con ello la relación de los médicos con pacientes y familiares se volvió mucho más difícil.
Ya en la década de los noventa, los conflictos entre los usuarios de los servicios médicos y los profesionales de la salud eran de tal magnitud que fue necesaria la creación, en 1996, de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (Conamed) y sus similares en los estados de la República.
La Comisión es un órgano desconcentrado de la Secretaría de Salud que busca conciliar las diferencias que pudiera haber entre los médicos y sus pacientes, tanto en el servicio público como en el privado.
En la Conamed se reciben alrededor las quejas de los usuarios y se les da trámite. La comisión concluye entre mil y dos mil quejas por año, de ellas, en menos del 50% se ha comprobado que hubo una mala práctica médica. Si bien la mayor parte de las quejas son contra actuaciones en el sector público, este fenómeno parece deberse a que es el que concentra el mayor número de consultas.
Si se cuenta el número de casos de mala práctica médica reconocidos por Conamed comparado con el promedio de consultas y atenciones anuales, el índice de casos en que el médico se equivocó alcanzaría apenas el 0.002% de casos por atención. Conforme a esos datos, la atención de médicas y médicos en México estaría en las categorías de muy buena a excelente.
Aún con ello, los médicos suelen pagar un seguro de responsabilidad profesional médica cuyo costo oscila entre los 12 mil a los 25 mil pesos, variación que depende de la especialidad, la cobertura contratada y el historial de reclamos. El seguro conviene, sobre todo si se piensa que los costos de asesoría legal en casos de presunta mala práctica médica van de los 100 mil a los 300 mil pesos solo en honorarios de abogados, peritajes, fianzas y otros costos judiciales.
Pero hay riesgos mucho mayores
Los datos demuestran que la mayor parte de las médicas y médicos en México son profesionales que realizan su trabajo adecuadamente a favor de los pacientes. Así que el riesgo de problemas jurídicos asociados con su práctica parece verdaderamente bajo.
Pero hay otra serie de peligros que los médicos enfrentan en México, como los clínicos. En materia de exposición a patógenos, durante la pandemia por Covid-19, el país registró la mayor proporción de profesionales de la salud infectados en el continente. Además, está la exposición a enfermedades endémicas y emergencias sanitarias en comunidades con insuficiente infraestructura sanitaria para su atención. Estas condiciones generan una alta presión psicosocial en la comunidad médica.
Los problemas legales derivados de una normatividad ambigua en materia del ejercicio de especialidades, la necesidad de certificaciones y recertificaciones periódicas, y la falta de estándares homogéneos en los consejos formativos y de especialidad son otro de los riesgos presentes en la práctica profesional.
Además, están los riesgos que supone el trabajo en zonas con alta presencia de grupos delictivos. En Cuautla y otros municipios de la región oriente, decenas de médicos tuvieron que cerrar entre 2022 y 2024 sus consultorios por temor a grupos de extorsionadores.
Adicionalmente, la contracción de la inversión en el sector Salud durante las dos últimas décadas limitó su cobertura por lo que millones de pacientes tienen que recurrir a consultorios adyacentes a farmacias que ofrecen consultas mucho más baratas (menos del 10% del costo de la medicina privada tradicional). Son los favoritos del 42% de los usuarios de la seguridad social (IMSS e ISSSTE), pero los consultorios de farmacias plantean problemas para le salud pública y la práctica médica: no hay expedientes clínicos unificados ni seguimientos personalizados, lo que dificulta el manejo de pacientes con enfermedades crónico degenerativas; tienen una baja supervisión sanitaria; suelen sobreprescribir antibióticos (contribuyendo al aumento de la resistencia microbiana), esteroides y otros fármacos, que pueden resultar en efectos secundarios graves.

