Ya no nos asusta que nuestro querido México se vea sometido a constantes crisis. Vivimos la crisis de la inseguridad a la que el narcogobierno nos ha sometido; vivimos la crisis de la educación básica porque a los jóvenes les arrancaron la esperanza de recibir una educación de calidad mientras el SNTE y la CNTE hacen de ella su patrimonio y controlan las plazas (baste ver lo que está sucediendo en el IEBEM); vivimos la crisis de la corrupción y no hay quién la frene (ahí está el huachicol fiscal como muestra flagrante); vivimos la crisis del abasto de medicamentos porque la farmaciota fue una burda tomada de pelo; vivimos la crisis del Estado de derecho porque se destruyó lo poco que funcionaba; vivimos la crisis del deterioro de nuestra economía porque no hay brújula y, ahora, para colmo vivimos la crisis de las inundaciones provocadas por las lluvias incesantes, sin que nadie lo haya advertido.

Todas estas crisis obedecen a una crisis mayor, la crisis de la atención, porque la atención se encuentra ausente y quién se ha apoderado de nuestras vidas son los demonios de la indolencia, la omisión, la indiferencia y la impunidad.

Recientemente el filósofo norcoreano-alemán, Byumg Chul Han, publico un libro “Sobre Dios. Pensar con Simone Weil, del cual recupero algunas reflexiones que vienen bien para el articulo que me ocupa. Dice Han “Hoy en día nos distraemos constantemente. Saltamos, tambaleándonos incluso, de una información a otra, de un estímulo a otro. Esta constante distracción ha bastado para que Dios nos haya abandonado”. Por ello, me parece que la crisis de la atención es el demonio de nuestro tiempo.

En la actualidad, enfatiza Han “nuestra atención gira única y exclusivamente en torno al yo”. Duele, parece la frase lapidaria, pero es cierta y descarnada.

La crisis de la atención no es, simplemente, de los gobiernos ni de los políticos. Es la crisis de todos y, concluyo, con lo que expresa magistralmente Byung Chul Han “La digitalización del mundo de la vida demuestra igualmente que el ser humano se convierte en esclavo de su propia producción. La soga digital es más asfixiante que la soga mecánica”.

*Ex catedrático de la UAEM y analista político

Ilustración de Jorge Muñoz. deia.eus

Antonio Ponciano Díaz