

¡Hablemos de cultura! Pero… ¿qué es o cuál es la cultura de Morelos?
Francisco Alberto Marmolejo Plascencia*
En Morelos, la palabra cultura se escucha cada vez con más fuerza. Festivales, exposiciones, conciertos, talleres… pero también en la conversación cotidiana. Entonces, frente a ese eco constante, surge una pregunta necesaria: ¿en qué consiste lo que llamamos cultura morelense? ¿Es lo que somos, lo que hacemos o lo que preservamos?
Esta pregunta me acompaña desde hace un año, cuando ingresé a la Secretaría de Cultura de Morelos, en la administración de la gobernadora Margarita González Saravia. Desde entonces no he dejado de preguntarme lo mismo y cada día encontrar una respuesta distinta.
La cultura es el alma pública de un pueblo. Y en Morelos, esa alma habla con muchas voces.
Para muchas y muchos, la respuesta podría encontrarse en nuestra historia: en el legado agrarista de Emiliano Zapata; en las mujeres que han resistido y transformado su entorno, en los pueblos con memoria profunda como Cuautla, Jojutla, Jonacatepec o Yautepec. Está también en nuestras danzas tradicionales —el chinelo, el panadero, los Santiagos (Moros y Cristianos), los Pastores o el tecuán—, en los sones que acompañan a las bandas de viento en Tepoztlán o Tlayacapan, en los saberes de los pueblos originarios y en los sitios arqueológicos como Xochicalco, Chalcatzingo o Teopanzolco.

También en los conventos que nos unen desde Cuernavaca hasta Totolapan; los textiles y rebozos; las cocinas tradicionales; y las haciendas que nos recuerdan la historia de trabajadoras y trabajadores del campo y de familias campesinas. Todo eso somos.
En la cultura viva de hoy: lo que pintamos, escribimos, filmamos, restauramos y enseñamos; en las ferias del libro, las exposiciones, las obras de teatro; en lo que crean las manos y las mentes morelenses en las comunidades y en la capital.
Cada temporada de Día de Muertos, por ejemplo, el festival Miquixtli se convierte en símbolo de esa identidad compartida. Es una celebración que se extiende por todo el estado: hay ofrendas familiares y comunitarias, recorridos, altares y encuentros en casas de cultura y plazas. Se ven flores y papel picado, y una gastronomía que guarda memoria: dulces de tejocote, calabaza en tacha, chacualole, arroz con leche, moles, pan de ceniza y bolillos para la ofrenda, ciruelas y cuajinicuiles, frutas que perfuman el altar y cantos para “pedir calavera”. Se desempolvan las fotografías de las y los revolucionarios, recordamos a nuestras personas queridas. Miquixtli es comunidad.
En la Secretaría de Cultura hemos identificado la importancia de fortalecer la oferta de talleres y servicios culturales; recuperar espacios públicos; la restauración de inmuebles históricos; la construcción de recintos pensados para juventudes e infancias; impulsar ferias del libro y programas de fomento a la lectura, así como la creación de circuitos que acerquen la producción artística a los 36 municipios del estado. Sabemos que la demanda es amplia y legítima. Por ello, el diseño del presupuesto 2026 representa una oportunidad para consolidar una visión incluyente, sostenible y profundamente humana.
Nada de esto puede construirse en solitario. La cultura florece cuando la sociedad participa, cuando las comunidades se reconocen en ella y la hacen parte de su vida cotidiana. Cada voz, cada iniciativa y cada gesto de colaboración fortalecen esta cultura viva que nos une. Juntas y juntos podemos trazar un camino común entre lo que sentimos, lo que soñamos y lo que queremos construir como sociedad.
Porque al final, la cultura no se impone ni se programa: se cultiva.
Y ese cultivo, hoy, es nuestra tarea común.
*Unidad de Enlace Financiero Administrativo
Secretaría de Cultura del Estado de Morelos

