Recetas de mi mamá

 

Hace pocos años me sorprendió y conmovió mi hermano Renato con un regalo inusitado: una colección de 34 recetas de nuestra madre, que él editó en su computadora, con fotos y una presentación del propio repentino editor. Científico muy serio dedicado a aplicar su larga experiencia de altos vuelos a problemas específicos gubernamentales o empresariales, nunca me imaginé a Renato elaborando esta emotiva publicación privada (aunque detrás de una severa apariencia, mi hermano era amable y hasta cariñoso a su modo).

Fallecida hace una década ya con más de 90 años encima, mi mamá fue una mujer ejemplar. Estudió una modesta carrera de contaduría, pero consolidó una vasta cultura general por haber sido una lectora incansable a lo largo de toda su dilatada vida. (Como en sus últimos años ya se le olvidaban las cosas –pero era muy inteligente y se daba clara cuenta de su incipiente amnesia-, me decía: “Lo bueno de estar siendo tan olvidadiza es que estoy volviendo a leer todos mis libros y los disfruto como la primera vez”; ciertamente, tenía una buena biblioteca, sobre todo de literatura). Además su inteligencia no era solo intelectual, sino emotiva, sabía adaptarse a los tiempos modernos y a las circunstancias, parecía por su actitud una joven del siglo XXI; para mostrarlo, bastarían algunos pocos ejemplos sorprendentes que no doy, pues invadiría la privacidad de algunos miembros de mi familia. Quizá su mayor muestra de inteligencia es haber lidiado, por lo general con éxito, con mi padre y con nosotros cuatro, sus hijos. Y por si fuera poco, tenía un gran sentido del humor, simpática, la sangre ligera. Era muy generosa y cariñosa. Vean si no, con lo siguiente.

Hacia 1982, ya todos nosotros los hermanos adultos e independientes, Renato vivió con mi mamá una temporada. En esa época, durante unas semanas ella viajó a París para visitar a mi hermana Yuriria, que allá vivía. Mas no dejó descuidado a su hijo mayor: escritas de su puño y letra, dejó 34 recetas a Irma, “una amable e inteligente joven” cocinera (dice Renato), para que le cocinara a mi hermano. (Como la vida da muchas vueltas –ya lo dice el lugar común-, 35 años después Irma regresó con los Iturriaga: estuvo unos cinco años con Silvia y conmigo, alegrando nuestra casa y haciendo nuestras delicias). Nótese que mi madre, que por cierto era una gran cocinera, se tomó el trabajo de seleccionar y redactar de manera sencilla esas 34 recetas, solo para que su hijo quedara debidamente atendido durante su ausencia. Al paso del tiempo, Renato casó con Mariana y a ella regaló mi mamá aquellas hojas de block manuscritas, con clara y bonita letra.

En la edición casera preparada por mi hermano, el original, por supuesto, fue para Mariana, e hizo además tres copias: una para Mariana hija, otra para Ximena, la segunda hija, y otra para mí. Me dio mucho gusto su obsequio y no resisto la tentación de incluir aquí el párrafo de la presentación escrita por Renato, que me alude:

“[…] Tercera copia.- Para José Narciso Iturriaga de la Fuente, quien de niño aprendió a ser gozoso de la comida, gracias a su madre Doña Eugenia; más adelante Pepito sublimó lo gozoso en experto nacional en materia de tacos, tortas y tamales, sus célebres ‘3 T’s del mexicano’. Además, Pepito es un experto en la geografía de la comida, tanto nacional como mundial. Además hoy es día de su cumpleaños […]”

Las 34 recetas están divididas en sopas, guisados, acompañamientos y ensaladas. No hay postres. (Particularmente mi mamá y yo nunca fuimos afectos a los postres).

Entre las recetas de mi mamá editadas por Renato destacan una sopa de avena, otra de poro con papas, unos tallarines con chorizo, chayotes rellenos, costillas de puerco a la china, pollo al vino, pechugas con queso, bisteces a la cazuela, pechugas a la nuez, bisteces rellenos, entomatado verde de res, papas al perejil y una ensalada de berros.

Valgan un par de sabrosos botones de muestra, donde queda claro que las escuetas instrucciones de mi mamá iban a ser interpretadas por una cocinera entendida, a quien los detalles de sazón y cantidades no le serían ajenos.

Para una sopa de avena se indican 8 cucharadas de avena, 2 de mantequilla, 3 de consomé y ¼ de jitomate molido: “Se fríe la avena en la mantequilla, se añade el jitomate molido, cuando está bien frito, el agua y el consomé junto con la sal”.

Para unos bisteces a la cazuela se indican 1 kilo de carne, 1 de papas grandes, ¼ de cebollas, orégano y sal: “Se pone en una cacerola una capa de bisteces, otra de cebolla rebanada, otra de papas rebanadas en crudo, sal y orégano. Así por capas hasta poner toda la carne. Se añaden 2 vasos de agua, se tapa bien y a fuego lento hasta que se cueza”.

La Jornada Morelos