

De enero a junio de 2025, Morelos recibió un total de 10 mil 493 millones de pesos en remesas, una cifra histórica que refleja el creciente envío de dinero por parte de migrantes morelenses a sus familias. Esta cantidad representa un promedio de 5,322 pesos por habitante, según datos presentados por el Centro de Investigaciones Morelos Rinde Cuentas.
El informe destaca que el flujo de remesas no solo ha tenido un impacto estatal, sino que, al desglosarlo por municipios, se observa una concentración en comunidades con alta tradición migrante, muchas de ellas con altos índices de marginación y limitado desarrollo económico.
Uno de los casos más representativos es el municipio de Jantetelco, que encabeza la lista con un promedio de 35 mil 174 pesos recibidos por habitante, colocándose como el más dependiente de las remesas en Morelos. Le sigue Miacatlán, con 26 mil 992 pesos por persona, y Jojutla, con un promedio de 12 mil 394 pesos. En cuarto lugar, se encuentra Tepalcingo, que registró 9 mil 679 pesos por habitante.
Estas cifras ponen en evidencia que, para miles de familias morelenses, las remesas no son un ingreso complementario, sino una fuente principal de subsistencia, especialmente en zonas rurales o con escasa actividad económica formal.
El Centro de Investigaciones advierte que, si bien el incremento en el flujo de dinero proveniente del extranjero genera alivio temporal en los hogares receptores, también refleja una alta dependencia económica del exterior y una falta de oportunidades laborales locales, lo que sigue impulsando la migración hacia Estados Unidos.
Además del impacto en el consumo inmediato —alimentos, salud, vivienda—, las remesas también inciden en el dinamismo de las economías locales, aunque de manera desigual. Mientras municipios como Cuernavaca o Cuautla tienen ingresos más diversificados, en localidades como Jantetelco o Tepalcingo, el dinero enviado por migrantes sostiene una parte significativa de la actividad comercial.

Morelos se suma así a las entidades del país donde las remesas continúan rompiendo récords año con año, con un impacto social y económico cada vez más visible, pero también con retos estructurales que permanecen sin resolverse: empleo digno, acceso a servicios y desarrollo regional equilibrado.

